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Publicado el 8 Abril, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

NACIONES UNIDAS. Uno para siete mil millones

Reclamo de transparencia para la elección este año del Secretario General
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Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Uno para siete mil millones en el mundo es un movimiento que se abre paso en múltiples escenarios políticos para demandar transparencia en la elección este año del Secretario General de la Organización de Naciones Unidas y que deje de ser un proceso selectivo y manipulador de decisión por parte del Consejo de Seguridad, sobre todo por el acuerdo secreto a que arriben las cinco potencias que tienen el derecho al veto.

Esta es otra expresión sobre la necesidad de una profunda y sustantiva reforma de la ONU para evitar que el Consejo de Seguridad, con su composición superlimitada y su fuerte componente político, siga excedido en sus funciones y suplante a la Asamblea General. Por lo pronto hay una gran presión para que presenten al menos dos candidatos y que decida el cónclave de las 193 naciones También se ha demandado el refuerzo de la independencia del Secretario General, respaldo auspiciado por 145 países en el mes de febrero, y definir si debe tener un mandato de siete años o hasta dos de cinco.

Desde 1946 el procedimiento es que los gobiernos nominan a los candidatos y después el Consejo de Seguridad acuerda cuál será el candidato final, que normalmente sale de la negociación secreta entre los cinco miembros permanentes del Consejo. Después, la Asamblea General ratifica al candidato final mediante una votación por mayoría. Durante el proceso no existe documentación sistemática y transparente, ni siquiera información sobre qué candidatos se están considerando, por el secretismo con que se actúa.

El rol de mediación, así como el alcance del Secretario General han aumentado de forma significativa. En estos momentos, trabaja con 193 Estados miembros, dirige a más de 40 mil personas y supervisa el trabajo de 30 fondos, programas y organismos de la ONU que tratan con una gran diversidad cuestiones de desarrollo y humanitarias globales.

Hasta el 2 de marzo se habían postulado siete candidatos, entre ellos tres mujeres: Irina Bokova, de Bulgaria; Natalia Ghreman, de Moldavia; Antonio Guterres, de Portugal, Srgjan Kerim, de Macedonia; Igor Luksic, de Montenegro; Vesna Pusic, de Croacia y Danilo Turk, de Eslovenia.

Muchas organizaciones hacen hincapié en el hecho de que ninguna mujer ha sido elegida para convertirse en Secretaria General de la ONU y muy pocas han sido consideradas seriamente para ocupar dicho puesto. De la misma forma que se demanda cumplir la rotación por áreas geográficas.

Pero lo más importante es la elección y el mandato que debe asignársele al Secretario General y lograr su plena subordinación al concierto de las naciones en la Asamblea General, con el control mediante la rendición de cuenta que deberá presentar de sus actividades y decisiones para que no rebase sus funciones y pueda convertirse en una persona que esté por encima de las demás instituciones.

Hay historias de cómo la elección y reelección por el Consejo de Seguridad parcializó la labor de secretarios generales en el pasado, y los que retaron esa subordinación tuvieron que pagar el costo político por ello.

Lo cierto es que hay un gran consenso de que urge acabar con los pactos de trastienda. Un sistema de selección más abierto e inclusivo, en el que se comprometan todos los Estados miembros, podría hacer que los futuros secretarios generales dispusieran de un mandato más firme lo cual, a su vez, reforzaría su capacidad, pero también ayudaría a revitalizar la ONU, aumentar su credibilidad y eficacia, además de reafirmar su jurisdicción global y reconocimiento popular.

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Lázaro Barredo Medina

 
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