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Publicado el 4 Mayo, 2016 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

Matriarcado: ¿Ajustarse los pantalones?

Hubo una época regida principalmente por las mujeres. ¿Pasado remoto o casos e historia de hoy?

 

El clan de las mosuo, en China, se precia de sus mujeres. (china.cctv.com)

El clan de las mosuo, en China, se precia de sus mujeres. (china.cctv.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Sentirse plena después de hacer el amor para dormir en cama sola es quizás un anhelo refrenado de muchas mujeres por aquello de no atarse a responsabilidades domésticas indeseadas, una vez consumado el llamado de la carne. Y es que el machismo de siglos ha subordinado el goce a las relaciones de poder. Una cosa es manifestar complacencia ante mimos y caricias, y otra bien distinta es amanecer diariamente recogiendo calcetines o colillas de cigarro…

Existen pocos lugares donde el universo femenino sienta pauta en el comportamiento, los hábitos y las costumbres, incluso el referido a desdeñar al compañero de alcoba. Y lo mejor de todo es que el enamorado no se incomoda, por el contrario sale dispuesto y feliz hacia la casa de su madre. ¿Dónde ocurre esto, se preguntarán atónitas?

La provincia china de Yunnan es la de mayor diversidad étnica en ese país, siendo así que aún se conserva un germen de lo que antiguamente pudo haber sido una sociedad matriarcal de amplias dimensiones. Del linaje de los pueblos tibetanos viene la estirpe de los mosuo que habitan los alrededores del lago Lugo.

En la China rural de hace miles de años, en que era común la trashumancia debido a las labores de pastoreo, las guerras o los servicios religiosos, las mujeres quedaban en las aldeas al cuidado de los hijos y los huertos. Desde ese entonces, dicen los antropólogos, se fue moldeando el carácter de las mosuo, para quienes el concepto matrimonio no existe, se inclinaban más por un amante íntimo que por un marido, de manera que la paternidad no adquiere demasiada relevancia pues cualquiera podría serlo. La figura del padre la ejerce el tío, con lo cual me viene a la mente el viejo truco de Occidente de adjudicar a señores de sotana y relicario algún que otro sobrino favorito. La pasional novela de Ethel Lillian Voynich, El Tábano, de 1897, lo refleja encomiablemente.

La etnia de los mosuo carece de ese dilema: todos los niños son bienvenidos y ningún varón se retracta de sus actos amorosos. El fin de la niñez se establece para las jóvenes a los 13 años, cuando llevan a cabo la ceremonia de la falda, donde se visten por primera vez con la saya blanca larga que las caracteriza. Lo más significativo sin embargo, no es este detalle. Lo verdaderamente importante radica en que ya podrán disponer de dormitorio propio y autorización para recibir a cuantos amantes íntimos quieran. Con esto se remarca la trascendencia de la fertilidad femenina, la cual está estrechamente vinculada en esta cultura, a la abundancia y la prosperidad. Se supone que la línea ascendente se alcance al peinar canas. Las abuelas son las que le dan el apellido a toda la familia, incluidos los hombres.

Mirada diferente a la igualdad de género

No se trata de un único estilo de vida. Otras latitudes ostentan similar originalidad. En la isla indonesia de Sumatra todavía hoy los minangkabau levantan su organización social en la sana conformidad entre iguales, que enfatiza el amor, el trabajo, y el compromiso común con una tradición sagrada, siguiendo la costumbre matrilineal. Y no muy lejos de Cuba, en Costa Rica, dentro de la cordillera de Salamanca, en la provincia de Limón, habita un grupo humano de 13 mil indígenas bribri.

A las niñas costarricenses bribri se les instruye en la producción del cacao, porque heredarán el control de esa, su actividad económica fundamental.

A las niñas costarricenses bribri se les instruye en la producción del cacao, porque heredarán el control de esa, su actividad económica fundamental. (radiosantaclara.org)

Ellos se estructuran en clanes de familias numerosas, guiadas por las madres. Las mujeres bribri son las únicas que, por tradición, pueden heredar la tierra y son las elegidas para preparar el cacao, fruto base de su economía, ampliamente utilizado en sus rituales sagrados.

Y dentro de la cultura de los garífunas, grupo étnico zambo descendiente de africanos, caribes y arahuacos originario de varias regiones de Centroamérica y el Caribe, el matriarcado toma cuerpo en la tradición de que son las madres y abuelas quienes deciden en la educación práctica y espiritual de los hijos, mientras el varón se encarga de la agricultura, la pesca y los quehaceres domésticos.

A pesar de que los hombres ocupan en África, como en todas partes del orbe, posiciones de liderazgo, de allí también nos llegan reminiscencias de un dominio femenino ancestral. En Ghana, nación del oeste africano, su etnia predominante, los akan, se desenvuelven con una consideración inusual hacia las esposas y compañeras de labor. Su cotidianidad está influida por la identidad, la herencia, la riqueza y la política hecha por las mujeres. Si bien es un varón quien comanda la comunidad, las valoraciones de ellas son primordiales a la hora de cualquier medida.

¿Extraño? Diverso

Con el colonialismo y su penetración en tierras antes independientes y diversas, se impuso con el fuego y las normas de explotación una nueva división de la sociedad, no solo en clases, sino también con delimitaciones arbitrarias de fronteras y otras subordinaciones sexistas. Por eso los colonizadores europeos se espantaron al percatarse de una costumbre para ellos bárbara: “maridos femeninas”, o el matrimonio entre mujeres. No se trataba de una unión homosexual, puesto que se basaba en satisfacción de necesidades económicas. Es decir, una mujer rica pactaba con una familia pobre el casamiento de una hija, a la que a la par se le buscaba un adecuado amante como proveedor de semen y placer conyugal. Con estos matrimonios salieron de la miseria en Nigeria miles de viudas carentes de recursos. Pero los colonizadores británicos lo tildaron de “anarquía organizada”.

Los akan, grupo étnico predominante en Ghana, se constituyen alrededor de clanes matriarcales.

Los akan, grupo étnico predominante en Ghana, se constituyen alrededor de clanes matriarcales. (commons.wikimedia.org)

El triste tránsito provocó que casi se extinguieran las costumbres de las mujeres igbo –también en Nigeria–, que portadoras de la cultura Nnobi, anterior al siglo XIX, exhibían un fuerte principio matrilineal en la organización familiar con unidades económicas autosuficientes. Y en la isla de Orango Grande, en el archipiélago de las Bijagós, frente a la costa de Guinea Bissau, hay una tierra donde las mujeres tienen todo el poder. Están organizadas en asociaciones que gestionan la economía, el bienestar social y la ley. Son ellas las que imponen sanciones, dirigen, aconsejan, distribuyen y se las respeta como dueñas absolutas de la casa y de la tierra. Se recurre a los hombres para el barbecho de los campos, la caza del mono y la pesca.

Consumación de lo femenino

Se especula que durante la comunidad primitiva prevaleció la promiscuidad y que solo las mujeres sabían quiénes las habían fecundado. Tal panorama debe haber influido en el desarrollo psicológico de la personalidad y en un posible trauma, base para la frase popular “madre es una sola, padre puede ser cualquiera”.

Otros factores hicieron cambiar la realidad. Uno de ellos es el surgimiento de la ganadería, y el excedente de producción alimentaria, que invirtieron las relaciones de mando hacia aquel que proveía abastecimiento al hogar. Además, con la expansión y conquista de nuevos territorios (con el consiguiente cargamento de esclavos), para fines económicos nace un tipo de figura varonil hasta ahora desconocida: el guerrero. Y aunque son míticas las amazonas con su arco y flecha, defensoras de la selva, lo cierto es que el hombre comenzó su indetenible carrera por el poder… hecho que se mantiene hoy día aun cuando se han incrementado las mujeres dirigentes.

Con la división de la sociedad en clases, el hombre empuñó también las riendas de la casa como El Supremo; de Jefa, la mujer pasó a mera sirvienta y lo que es peor: cosificada como objeto de deseo, y ya no solo como proveedora de vida, sino como centro de la triste célebre prostitución.

Repasemos cifras en informes sobre este fenómeno en el contexto actual: la ONU denuncia que es creciente el número de mujeres que emigran para contraer matrimonio como novias pedidas por Internet, en busca de un supuesto bienestar en sociedades más desarrolladas. Esta práctica es común en el subcontinente indio. Las novias extranjeras procedentes de China y Asia sudoriental suman 300 mil. Cada año emigran entre 10 y 15 mil de Rusia con visado de novia. A Estados Unidos, en los pasados 10 años, ingresaron 80 mil mujeres con ese tipo de visado.

Se supone que sean felices aquellas que todavía viven en “matriarcado”.

En Indonesia, las mujeres de la etnia minangkabau tienen la voz cantante a la hora de enamorar.

En Indonesia, las mujeres de la etnia minangkabau tienen la voz cantante a la hora de enamorar. (wordpress.com)

En Guinea Bissau perdura, en una parte de esa geografía, la creencia de que el dios Nindo unció a las mujeres de la máxima autoridad, haciendo dependiente al hombre de los “caprichos” femeninos pues para casarse con esa por quien suspiran, deberá esperar a que ella sea quien proponga matrimonio. Es bello después de todo porque cuando la agasajada se siente lista prepara un plato a base de conchas de mar que deja delante de la puerta del elegido. Si él acepta la sopa ya se concreta el enlace. Visto de este modo parece una escena de ficción.

Algunos antropólogos objetan la existencia del matriarcado. Llegan a negar el régimen de comunidad primitiva como primer peldaño económico y social en la evolución histórica de todos los pueblos. Discutible tópico, sin embargo, empeñarse en negar tal posibilidad apunta hacia mentes poco dialécticas, centradas en extrapolar la realidad imperante de la modernidad, pero haciendo caso omiso del probado sistema del materialismo histórico tan bien defendido y desmenuzado por Carlos Marx y Federico Engels, de indudable valía.

Si la miramos bien no es el matriarcado lo más discutible o si ese término es correcto para medir una etapa de la Historia Universal. Lo central está en denunciar que con el auge del capitalismo y las relaciones de subordinación al poder económico y financiero, mujeres y niños son víctimas de mucho atropello.

Hoy debemos aspirar a lograr mediante la educación y acciones concretas, desde la institucionalidad, el derecho, tanto de hombres como de mujeres, a vivir felices y en armonía. Se trata de edificar una sociedad de hombres y mujeres complementarias como la uña y la carne.


 

(es.slideshare.net)

(es.slideshare.net)


Nacimiento de un concepto

En 1861 el historiador suizo Johan Jacob Bachofen utilizó por primera vez esta singular expresión en su obra: “Derecho materno”. Se trata de un concepto por el cual se define a aquellas sociedades en las que existe preponderancia de la autoridad femenina en aspectos medulares de la vida privada, social, económica y política.


 


 

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda