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Publicado el 27 Mayo, 2016 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

SIRIA: Muchas claves actuales están en la historia

Occidente trata de imponer un cambio de régi-men. Impedimentos para una tregua duradera
 La guerra ha dejado más de 270 mil muertos y millones de desplazados.

La guerra ha dejado más de 270 mil muertos y millones de desplazados.(ecestaticos.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Para interpretar las pautas del presente, es imprescindible el análisis histórico. Esta inobjetable verdad se aplica igualmente para desbrozar el difícil escenario en el que está envuelto Oriente Medio. Coincidiendo con la cumbre, en Viena, del Grupo de Apoyo Internacional a Siria (GAIS), este 16 de mayo se cumplieron 100 años de la firma del acuerdo secreto Sykes-Picot, entre Londres y París, que repartió los vestigios del Imperio otomano.

Se trató de una división regional arbitraria (Irak, Siria, Líbano y Jordania), desconocedora de las herencias culturales, económicas y religiosas. Además de que fue el germen para la fundación posterior de un Estado judío en Palestina. Desde ese entonces las tensiones se manifiestan una y otra vez. En la obra La historia de los árabes, Albert Hourani explica cómo Gran Bretaña y Francia, entre 1918 y 1939, expandieron su control sobre el comercio y la producción regional, lo cual, según el autor, sembró la semilla de unos conflictos cuya crueldad está vigente.

Este enfoque no es del todo certero por cuanto habría que añadir que ese dominio occidental se perpetúa hasta la actualidad, agravado por los intereses geoestratégicos del imperialismo, con Estados Unidos como su primera potencia a partir de 1898.

En la conocida doctrina del shock, que tanto utiliza el capitalismo moderno, se precisa de eventos estremecedores para aplicar de manera definitiva el esquema económico del neoliberalismo. Como anillo al dedo fue el derribo de las Torres Gemelas, en Nueva York en 2001, con lo cual George W. Bush consiguió el anhelado pretexto para irse a la guerra dosificando la información, de acuerdo con su interés por invadir militarmente un país tras otro; primero Afganistán y luego Irak. En el mediano plazo significó hacerse del petróleo y en el largo alcance lo que se intenta es reconfigurar nuevamente a la región a su conveniencia.

El general estadounidense Wesley Clark declaró en su momento que la Casa Blanca tenía planes de invadir siete países en cinco años. Igual línea de pensamiento se aplica a Siria, donde desde 2011, pretende derrocar al Gobierno democráticamente elegido en las urnas, y que cuenta con el respaldo resuelto de Rusia. Como no pudo sacar a Bashar al Asad de Damasco con el simulacro de Primavera Árabe, empezó a financiar a grupos opositores, muchos de los cuales han devenido terroristas.

Lo mismo de siempre: en un principio estos grupos son sus aliados, y luego pasan a ser considerados enemigos. Y en el caso que nos ocupa, no solo por los declarados objetivos del autodenominado Estado Islámico (EI), o el Frente Al-Nusra, de crear un Califato supuestamente antimperialista, sino además por sus sanguinarios métodos de guerra, que tantas víctimas han dejado.

Volviendo a lo sucedido en Viena, en este mes de mayo, en relación con el GAIS, este abogó por un pleno respeto al cese de hostilidades vigente desde el 27 de febrero, el acceso humanitario y la paz duradera en el país levantino. Integrado por una veintena de potencias y organizaciones mundiales y regionales, el grupo es un mecanismo liderado por Rusia y Estados Unidos. La primera está mucho más comprometida que la Casa Blanca. Moscú busca un alto el fuego para salvar vidas y reducir la violencia, clave de cara al impulso a las negociaciones en Ginebra entre el Gobierno y los llamados opositores moderados, que no han empuñado las armas.

A pesar de los buenos propósitos de esta iniciativa internacional, el panorama se complica debido al incremento de los enfrentamientos en ciudades como Alepo, lo cual pone en peligro las conversaciones de paz con la mediación del enviado especial de la ONU Staffan de Mistura.

En ese convulso entorno, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, ha reiterado el punto de vista de su país, el cual sigue siendo apoyar al Ejército de Asad en su lucha contra el grupo yihadista EI, que controla amplias zonas sirias, y donde la aviación rusa tuvo un amplio despliegue y ocasionó serios daños a los terroristas. De cualquier manera, las discrepancias entre Estados Unidos y Rusia han dificultado avanzar en los esfuerzos para acordar un marco de “transición” en Siria, que está previsto para el 1o de agosto, y contemplado asimismo en una resolución de las Naciones Unidas.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda