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Publicado el 15 Junio, 2016 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

ÁFRICA: Anomalía, ¿transitoria?

Son necesarios mil 400 millones de dólares para hacer frente a la crisis alimentaria etíope.

Son necesarios mil 400 millones de dólares para hacer frente a la crisis alimentaria etíope. (www.forumlibertas.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El deterioro ambiental asociado al cambio climático ha condicionado nuevas realidades. Nadie está ajeno a este fenómeno, aunque hay algunas regiones más afectadas que otras. África es hoy en día blanco de un ascendente proceso de desertificación y de sequía, importante motivo por el que miles huyen hacia tierras más promisorias.

Para 2020 se pronostica existan 135 millones de personas en peligro por el continuado proceso de desertificación, de ellas 60 millones en África subsahariana. Se supone entonces que el cambio climático condicione un aumento de los desplazamientos forzados en hasta 200 millones de refugiados ambientales de cara a los próximos 30 años.

Mientras ese entorno se impone, el tema de este tipo de víctimas sigue siendo asignatura pendiente del derecho internacional, y de manera particular del Estatuto de Ginebra, por lo que tiene total vigencia el Informe Especial para el Derecho a la Alimentación de Jean Ziegler, de 2007, el cual señala la poca diferencia entre una persona que hace frente a la muerte por inanición y aquella amenazada por sus convicciones políticas. Ziegler propone crear un novedoso instrumento jurídico, protector de estas personas, reconociéndolos más como “refugiados del hambre”, con prerrogativa al amparo temporal y de asilo, impidiendo que se los devuelva al lugar de origen, donde cunde la miseria.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC/IPCC) establece que el calentamiento global es inequívoco. En consonancia con este nuevo escenario hay una clara amenaza a la soberanía alimentaria de los pueblos, en especial los africanos.

Mal mayor

A África, la desertificación está llegando muy rápido, con el añadido de 10.6 kilómetros adicionales por año. Durante el tiempo de sequías intensas es imposible largos viajes, de ahí que los refugiados ambientales se dirijan hacia zonas circundantes. Esta modalidad es conocida como “tragarse la estación seca” o dicho en inglés, eating the dry season. Recientes estudios han revelado que en el Sahel, de África Occidental, la migración temporal sirve como mecanismo de adaptación al cambio climático. Hasta hace relativamente poco el destino eran los países vecinos, ahora parten a Europa, por lo que muchos viajeros africanos de las pateras que llegan a las costas de Grecia o de las Islas Canarias se embarcan en esta peligrosa aventura.

La Organización de las Naciones Unidas para la Ali-mentación y la Agricultura (FAO), ofrece su ayuda a la población de Somalia. (www.forumlibertas.com)

La Organización de las Naciones Unidas para la Ali-mentación y la Agricultura (FAO), ofrece su ayuda a la población de Somalia. (www.forumlibertas.com)

En diciembre del pasado año, 33 naciones del llamado continente negro estaban en urgencia alimentaria. De este mal se infiere que África necesita una estrategia inminente. También la pobreza endémica, la debilidad de las instituciones y los conflictos armados son señalados por las Naciones Unidas como principales afectaciones. Pero el Viejo Continente parece renuente a cumplir con su deber solidario, a pesar de su tremenda deuda moral, a cuenta del colonialismo de siglos.

El presidente del Banco Mundial (BM), Jum Yong Kim, vaticinó en 2014 un futuro poco alentador: “Si la temperatura de la Tierra aumenta en 2°C -lo que puede ocurrir en 20 o 30 años- ese fenómeno causará situaciones generalizadas de escasez de alimentos, olas de calor sin precedentes y ciclones más intensos”, consecuencias que serán aún más graves en las zonas más pobres de Asia y África.

En esta última, la Comunidad Económica Africana (CEA), conocida como ClimDev, tiene el objetivo expreso de llegar a un entendimiento, entre 54 países africanos, a fin de desarrollar políticas específicas y acertadas en cada contexto para poder preservar el medioambiente, algo que, sin embargo, aún no ha sucedido a pesar de la premura. La sequía y cambio de temperatura, según constan en análisis del ClimDev, se han intensificado en algunos puntos del continente y las zonas del Sahel y el África meridional, llevando a la ocurrencia de la tan temida desertificación.

Esta hace imposible la agricultura y la ganadería, lo cual provoca hambrunas generalizadas. La ONU vaticina que en el año 2020 el rendimiento de las cosechas en algunos países puede disminuir hasta 50 por ciento y que algunas grandes regiones africanas dejarán de producir.

El ganado también se ve afectado por la escasez de agua. (cdn.ipsnoticias.net)

El ganado también se ve afectado por la escasez de agua. (cdn.ipsnoticias.net)

Con la sequía también desaparecen las fuentes de agua potable. En África meridional, los ecosistemas naturales así como los bosques y pastizales están cambiando, algunas veces a zonas más desérticas y hostiles. Investigaciones del Banco Mundial (BM) informan sobre un calentamiento de entre 1.5°C y 2°C, agravado con la sequía y la aridez, lo que supondrá que los agricultores pierdan entre 40 y 80 por ciento de las áreas de cultivo de maíz, mijo y sorgo para 2030 y 2040, respectivamente. El BM explica además que el aumento de los niveles de dióxido de carbono puede provocar transformaciones en los sistemas pastorales.

Y esto es catastrófico pues una variación de los ecosistemas de sabanas podría reducir el forraje disponible para el ganado. Dicha circunstancia es asumida correctamente por muchos expertos y políticos africanos, ansiosos por una “economía verde”, la cual coadyuve a un desarrollo resistente al clima, no obstante, para las condiciones actuales esto es una linda utopía. La verdad es de miedo.

A partir de una evaluación del IPCC, se sabe que de los  mil 186 millones de pobladores de África, más de 300 millones soportan escasez hídrica. Y para 2050, el número de quienes estarán en riesgo de sufrir un mayor estrés por agua rondará entre los 350 millones y los 600 millones de personas: La actual gravedad se debe al fenómeno climático de El Niño, que está causando lluvias extraordinariamente intensas en algunas partes y en otras, su escasez prolongada.

Un caso típico

Etiopía recaba ayuda, ya que cálculos de octubre de 2015, arrojaron que había 8.2 millones de personas afectadas por la sequía. Tal como contó a IPS, Berhe Kahsay, anciano de 80 años, “teníamos una vaca, pero hubo que venderla por comida. Estamos cada vez peor. Esperamos que Dios nos bendiga”.

El Gobierno de Adis Abeba intentó remediar la situación por sí misma, pero al ser infructuoso este esfuerzo, se giró hacia la comunidad mundial en espera de fondos solidarios, los que deberían completarse en 2016. Algunos especialistas sostienen que las “otras competencias” como la de Siria, Yemen, y la categoría de refugiados por guerras, lastran las ayudas. Cuando suceden cosas como estas es entonces que uno comprueba la gran crisis de moralidad de los ricos capitalistas, en su expresión neoliberal del quehacer político cotidiano.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), advierte que las consecuencias de esta nueva sequía pueden repercutir en varias generaciones de etíopes. “Muchas madres nos dicen no tengo nada en los pechos. Dame algo para mi bebé”, cuenta Solomon Sibhat, un enfermero de esa nación africana interrogado por IPS. “Y a pesar del dolor no tenemos nada para darles. Así que lo único que hacemos es pedirles disculpas”, reconoció impotente.

La ONU estima que la situación podría provocar la desnutrición o incluso la muerte de más de 15 millones de etíopes. Ante ese panorama desolador, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) instrumentó un plan de respuesta de emergencia de 50 millones de dólares que pretende auxiliar a 1.8 millones de agricultores y ganaderos.

El ensete o falso banano es hoy en día un cultivo muy socorrido en Etiopía. (www.africamuseum.be)

El ensete o falso banano es hoy en día un cultivo muy socorrido en Etiopía. (www.africamuseum.be)

En el plano de las iniciativas nacionales, se está estimulando la siembra del ensete (de la familia de las Musaceae), también conocido como falso plátano. Dicha planta, endémica de Etiopía, se cultiva en sus planicies desde hace más de siete mil años. Puede resistir lo mismo sequías como fuertes lluvias, lo que lo hace un cultivo ideal para su clima seco. Desde 1933, en Etiopía la población se ha triplicado a 96 millones de personas, y en la actualidad, se enfrenta a la peor sequía de los últimos 30 años. Según la ONU, en ese país, cada año 7.5 millones de personas pasan hambre y requieren de una solución definitiva. Ahora, con el incentivo investigativo, y apremiados por las difíciles circunstancias, muchos han variado su opinión sobre el falso banano.

La fruta del ensete es insípida por lo que se come la planta en su totalidad. Su robusta raíz se cocina hervida y puede comerse con carne, cuando la hay. Otro plato popular es el kocho, obtenido a partir de la harina fermentada del tronco y de los tallos, utilizada para hacer algo parecido al pan. La bulla, un subproducto del kocho exprimido, se come como papilla. A veces los etíopes guardan la raíz en un agujero de casi dos metros de profundidad y la fermentan con levadura y almidón. De este modo, se conserva durante varios años.

Wolde Tadesse, científico del Departamento de Estudios Africanos de la Universidad de Oxford, reconoce que como resultado de la sequía, el ensete pasó de la crítica a la ponderación, gracias a las demostradas bondades nutritivas y fortalezas botánicas. Es además visto como un elemento de la cultura que da prestigio: mientras más hectáreas tenga una familia, mayor será su ascendencia a nivel comunitario.

Asumida desde su complejidad, la sequía podría desatar el empuje y el ingenio local, pero aun así se necesita de la solidaridad internacional, pues la balanza del cambio climático demanda responsabilidades compartidas, pero diferenciadas.

 

 

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda