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Publicado el 28 Junio, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

Intentos por revivir un cadáver político

Unidad latinoamericana y caribeña ante los intentos de Estados Unidos de revertir situación en la región
(AFP)

(AFP)

Por Asenio Rodríguez

La 46 asamblea ordinaria  de la Organización de Estados Americanos (OEA), efectuada en la capital de la República Dominicana a principios de junio constituyó, además de un fracaso para su secretario general y una victoria para Venezuela, un nuevo y peligroso intento del creador de este engendro político para que renazca y se convierta en lo que originalmente concibieron como instrumento para mantener dentro de los límites “democráticos” a los países latinoamericanos y caribeños. Fracaso, porque quedó demostrado que su secretario general, Luís Almagro, con su falta de ética y moral en el enfrentamiento a Venezuela y a su presidente constitucional Nicolás Maduro, solo logró socavar las bases de esa organización regional y dañar su institucionalidad. Victoria para Venezuela porque después de un firme enfrentamiento, la canciller Delcy Rodríguez presentó una solicitud al plenario para que Almagro respete la institucionalidad de su país, propuesta que fue aprobada con 19 votos a favor, 12 en contra, dos abstenciones y una ausencia, poco antes de concluir el cónclave.

Ni Almagro ni los Estados Unidos esperaban tal resultado. Como tampoco pensaron que en su discurso de bienvenida, el Presidente dominicano Danilo Medina llamara (y lo consiguió), a que “la  OEA debe pedir perdón” tras lo que fuera la invasión norteamericana de 1965, legitimada por este organismo. Pero además, el mandatario pidió que sea Unasur y no la OEA, quien garantice el diálogo en Venezuela, posición que marcó la pauta a seguir durante los tres días de reunión.  Si en un momento histórico tocó al canciller Raúl Roa Kouri, desenmascarar a esta organización creada por los Estados Unidos, fue ahora la joven diplomática venezolana quien se convirtió en símbolo de la dignidad continental, tanto en su reunión con el secretario de Estado norteamericano Kerry, donde acordaron avanzar hacia una regularización diplomática y anunciaron una próxima reunión con ese fin entre representantes de ambos países, como en sus palabras al criticar la prepotencia del representante norteamericano, quien se comportó como si fuera el jefe ya no de una región, dijo sino del mundo entero.

Otra de las enseñanzas de este encuentro es que se mantiene y con fuerza la unidad latinoamericana y caribeña, a pesar de los cambios políticos ocurridos en Argentina y Brasil. Especialistas consideran que los Estados Unidos pretenden lograr una OEA fuerte y capaz de convertirse en su instrumento de dominación política, tal y como lo fue en sus inicios. No se debe olvidar que la existencia de entidades como el Mercado Común del Sur, Unión Nacional del Sur (Unasur), la Alianza Bolivariana (ALBA), Petrocaribe, la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y en especial la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), establecieron nuevas redes de conexión y convirtieron en obsoletos los mecanismos interamericanos creados por Estados Unidos desde el siglo pasado tributarios de la OEA, tal y como señalara un despacho de la agencia Prensa Latina.

Pero además la América Latina y el Caribe ha cambiado y lo demuestra la propia asamblea en República Dominicana. Ya no estamos en 1962, cuando Cuba fue expulsada y solo México se opuso a romper relaciones, ni tampoco en el 65 cuando la OEA sirvió de marco para que marines yanquis masacraran a civiles en República Dominicana, por solo citar dos de sus innobles capítulos en una historia cargada de ejemplos en contra de la soberanía de nuestros pueblos. A pesar de los cambios en Argentina y Brasil, hoy existen verdaderos espacios donde los representantes de las 33 naciones de una región debaten sin injerencias foráneas los verdaderos intereses de nuestros pueblos. Si el intento de Estados Unidos es revivir a un cadáver político, muy poca ayuda le da su representante en la secretaría general de la organización, pues hasta el momento solo ha logrado desacreditarla y evidenciar lo que muchos se preguntan, ¿para qué sirve la OEA?

Pie de foto: Luís Almagro debe estar preocupado por los resultados de la Asamblea en República Dominicana y del criterio que tengan sus empleadores en Washington.

 

 


Arsenio Rodríguez

 
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