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Publicado el 18 Julio, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

BRASIL: Compás de espera

Nuevas medidas antipopulares a la vista. Y, lógicamente, protestas en las calles

 

Por ARSENIO RODRÍGUEZ

La inestabilidad política y una alta conflictividad social caracterizan el escenario previo a las Olimpiadas en Brasil, luego de la jugada de la derecha para alejar del poder por 180 días a la legitimada en las urnas Dilma Rousseff, mediante el llamado “golpe blando” que, sin apoyarse en la legalidad, permitió a los poderes económico, mediático y judicial destituirla. Y aunque todos reconocen la falta de credibilidad que ello implica para el Estado, el régimen de la democracia representativa sigue funcionando en la búsqueda del objetivo final del proyecto, sacar del cargo definitivamente a la representante del Partido de los Trabajadores.

Es claro que el Gobierno presidido interinamente por su antiguo aliado y ahora traidor, seguirá implementado una política neoliberal que, aunque antipopular, satisfaga los intereses de las grandes transnacionales, presentes en el gigante latinoamericano;  mucho más al proyecto imperialista -que previamente había provocado cambios a favor de la reacción en Honduras y Paraguay, que junto al resultado electoral en Argentina y la ofensiva contrarrevolucionaria en Venezuela contra el legítimo gobierno de Nicolás Maduro-, que envalentonan a la derecha local e internacional para seguir adelante con sus planes.

En su alegato de defensa, Dilma precisó en el Senado, que “Brasil no merece vivir una nueva ruptura democrática, sino mostrar al mundo que supimos construir instituciones sólidas, capaces de resistir las tormentas económicas y políticas. Debemos enseñar también que sabemos decir no a quienes de forma elitista y oportunista, actuando con absoluta falta de escrúpulos, se valen de la traición, la mentira y el golpismo para, hipócritamente, llegar al poder y gobernar en absoluto desacuerdo con los deseos de la mayoría de la población”.

Al referirse al proceso de juicio político a que es sometida por un presunto crimen de responsabilidad, Rousseff recordó que desde la primera manifestación en estos autos su abogado defensor dejó claro que este proceso fue abierto y viene siendo promovido con manifiesto e inequívoco desvío de poder. Y agrega:  “como Presidenta, nunca me rendí al chantaje ni acepté hacer concesiones y conciliaciones tras bastidores, tan conocidas en la política tradicional de Brasil” y catalogó la denuncia presentada contra ella por la emisión de tres decretos de suplementación y las llamadas pedaladas fiscales “como fuera de lugar, inaceptable y profundamente injusta”.

Pero el mejor argumento de la mandataria son los acontecimientos que desde su alejamiento del poder se han dado en el país, poniendo al descubierto a los verdaderos corruptos, que paradójicamente fueron sus principales acusadores. Solamente en el mes de junio, tres de los ministros que se prestaron al complot contra de Dilma, se vieron obligados a renunciar. El último fue el de Turismo, Henrique Eduardo Alves, acusado de recibir sobornos, mientras que el propio presidente interino, Michel Temer, se defiende de una denuncia de corrupción.

Lo positivo de todo este escandaloso proceso antidemocrático es que salió a flote la descomposición que corroe toda la estructura institucional del Estado. Según algunas fuentes, se calcula que más del 50 por ciento de los senadores y diputados del país han sido denunciados por hechos de esa índole.

La unión de todas las fuerzas sociales y políticas para enfrentar las medidas de austeridad, defender los beneficios conquistados, luchar contra la violencia represiva y exigir el inmediato llamado  a elecciones o a una Asamblea Constituyente, parece ser para las fuerzas progresistas la única opción que tienen para evitar el caos total.

 


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez