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Publicado el 16 Julio, 2016 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

PARTIDO COMUNISTA CHINO: Embrión de una conquista

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Para sobrevivir tuvo que refugiarse en el sistema cavernario de Yenan (en la provincia de Shaanxi.) Fue uno de los períodos más difíciles del Partido Comunista Chino (PCCh). En condiciones muy duras sesionó allí por espacio de 12 años el Comité Central liderado por Mao Tse-tung, quien en 1945 trazó desde ese espacio las pautas del Séptimo congreso, el cual impulsó la Gran Marcha del Ejército Rojo por la liberación nacional.

No por gusto todavía hoy se reverencia con solemnidad inquebrantable el espíritu de Yenan, que en todo momento conminaba a no rendirse en medio de una vida estoica. El sacrificio fue coronado el 1º de octubre de 1949 con la proclamación del Socialismo, ese que hasta hoy vela por la igualdad y la equidad de todos sus hijos e hijas. En primer lugar, la revolución resolvió en China de forma colectiva la alimentación y el acceso a la salud y la educación de centenares de millones de personas. Al aplicar una inédita práctica, Mao Tse-tung va del campo a la ciudad; donde el campesinado fue la fuerza motriz y el proletariado la clase dirigente. Juntos, campesinos pobres y obreros, consumaron la liberación nacional y social.

La lucha armada revolucionaria se enfrentó desde el inicio a la reacción armada del imperialismo y los terratenientes, a lo cual hay que sumarle una Segunda Guerra Mundial que entronizó en tierras chinas al fascismo japonés. De todo se nutrió la experiencia del PCCh que acaba de celebrar el aniversario 95 de su creación, en julio de 1921.

En la actualidad, el PCCh tiene aproximadamente 70 millones de miembros y tres millones 400 mil organizaciones de base. El actual secretario general del partido, Xi Jinping, también es presidente de la nación. El marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Tse-tung y la teoría de Deng Xiaoping son sus pilares que, combinados armónicamente, han propiciado que China sea un país en ascenso, convertido en segunda economía del mundo y que sigue creciendo con tasas en torno al seis por ciento.

Ha tenido no pocos detractores. Estos, desde hace décadas, insisten en vaticinarle una Apocalipsis. Pero la vida, rica en matices, se ha encargado de demostrar que aún con errores y retrocesos en ciertas etapas, el Partido ha sido capaz no solo de sobrevivir a la Guerra Fría y al supuesto fin del comunismo, sino también de escapar a crisis tan importantes como la asiática de 1997, y a la estructural del capitalismo de 2008-2009, cuyas consecuencias se extienden hasta estos tiempos, y por encima de esas condiciones el pueblo de esa nación alcanza cada día mayores logros.

En el plano de lo simbólico cabe destacar aquí los Juegos Deportivos Olímpicos de 2008, celebrados en Beijing, la capital. Con un despliegue de imaginación, recursos y tecnología, la RPCH y sus dirigentes evidenciaron hasta donde han llegado, de lo que son capaces luego de un trabajo sistemático por el bienestar. Todos estos logros se deben en mucho a la claridad con que se desenvuelve el PCCh.

En los Estatutos del Partido Comunista de China se estipula que los obreros, campesinos, militares, intelectuales y elementos avanzados de otros sectores sociales de la nación, que cumplan 18 años de edad, pueden solicitar el ingreso al PCCh, reconociendo el programa y los estatutos del partido, y teniendo la voluntad de participar en una organización del mismo en la que trabajen activamente, cumplan las resoluciones del Partido y abonen la cuota a tiempo.

El conjunto de militantes acaba de discutir el XIII Plan Quinquenal, documento que traza las líneas maestras de la política económica y social del país de los próximos cinco años, hasta 2020. Este plan deberá aprobarse formalmente en la próxima sesión anual de la Asamblea Nacional Popular, el legislativo chino. “El nuevo Plan Quinquenal supondrá un nuevo comienzo por completo para China”, aseguraba un editorial del Diario del Pueblo, el periódico del Partido Comunista. La RPCH lleva a cabo una reestructuración económica, que contempla el crecimiento, el medio ambiente, la lucha contra la pobreza. Sin embargo, estas victorias no brillarían con luz limpia si les faltara la ética comunista, la cual se patentiza en la política exterior del gigante asiático que defiende la paz y la autodeterminación de los pueblos. Siendo además impulsor de una lucha sin cuartel contra la corrupción y el acomodamiento.

Desde “el espíritu de Yenan”, embrión del actual PCCh, este se comprometió a estar siempre en la misma trinchera que el pueblo.

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda