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Publicado el 5 Agosto, 2016 por Prensa Latina en Mundo
 
 

Afganistán, sangre y sepulcro

Al menos mil 601 personas murieron y otros tres mil 565 resultaron heridos en la guerra durante los primeros seis meses de este año
notinay.com

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Por Richard Ruíz Julién *

Un informe de la misión de Naciones Unidas para Afganistán (Unama) reveló que 2016 está siendo el peor año en lo que a número de víctimas civiles, tanto muertos como heridos se refiere, como resultado del conflicto en ese país.

Desde que en 2009 la Unama empezó a recuperar datos en ese sentido, no ha habido un período tan funesto como el experimentado en los últimos meses, precisó el texto difundido por la entidad.

Al menos mil 601 personas murieron y otros tres mil 565 resultaron heridos en la guerra durante los primeros seis meses de este año, según el informe. Son un cuatro por ciento más que en el mismo periodo que 2015. Además, un tercio de las víctimas mortales son niños: 388, el número más alto que en cualquiera de los semestres desde 2009.

Algo “muy preocupante”, alerta la ONU, que incide en que también se documentaron mil 121 menores heridos.

Aún así, la Unama reconoce que sus cifras de víctimas civiles son “conservadoras, debido a sus sistemas de contabilización”.

Desde que empezó a documentar los casos el 1 de enero de 2009 hasta el 30 de junio de este año, este organismo registró 23 mil muertos y 41 mil heridos civiles. En todo 2015, contabilizó 11 mil víctimas.

Pero el informe también documenta otros abusos y violaciones graves de los derechos humanos, como ataques deliberados contra mujeres en la esfera pública, uso de niños soldados, casos de violencia sexual contra menores, ataques a instituciones escolares o sanitarias, secuestros y ejecuciones sumarias.

La Unama alerta, además, de que los defensores de derechos humanos, periodistas, abogados y jueces se convirtieron en “objetivos militares” de los talibanes (insurgentes).

Esos datos se hacen públicos apenas unos días después del atentado del pasado 23 de julio que provocó cerca de 80 muertos y 231 heridos, la mayoría de la minoría hazara chií, en Kabul, la capital.

Un acto terrorista que después se atribuyó el autodenominado Estado Islámico (EI); de ahí que el ataque represente una escalada en las operaciones que viene llevando a cabo en Afganistán.

La Dirección Nacional de Seguridad, principal agencia de inteligencia del país, aseguró que el atentado fue dirigido por Abu Ali, un comandante del EI del distrito de Achin en Nangarhar.

El acto criminal parece dirigido, según las autoridades, a sembrar la división entre suníes y chiíes, que conviven en armonía en Afganistán a diferencia de otros países de Oriente Próximo.

“Este tipo de ataques recuerdan que el conflicto en Afganistán no se reduce como algunos creen sino se agrava, con terribles consecuencias para la situación de los derechos humanos que deberían alarmarnos a todos”, advertía hace poco Amnistía Internacional.

Los afganos tienen una cita diaria con la muerte; su aliento se siente en los cines y los restaurantes, los quirófanos y las mezquitas, plantea un editorial publicado en el diario El País.

Según especialistas, un panorama desolador vive la nación asiática, con un Gobierno débil, que perdió un cinco por ciento de su territorio a manos de los talibanes, y los fogonazos esporádicos del EI.

Con ese telón de fondo, no es difícil que la violencia pueda alcanzar a alguien en cualquier esquina.

El jefe de la misión de la ONU en Afganistán, Tadamichi Yamamoto, aseguró que los afganos mueren en su vida diaria, mientras rezan o trabajan. Y la escalada mortífera viene acompañada de un avance paulatino de los talibanes.

El Gobierno pasó de controlar el 70 por ciento de su territorio al 65 por ciento en los últimos cuatro meses, según un informe militar estadounidense.

Bill Rogio, editor de una publicación online en la que mapea el país, sostiene que los talibanes controlan una quinta parte de Afganistán y que su influencia se extiende a casi la mitad del país.

En zonas liberadas como la parte norte de la capital de Kunduz, el presidente Ashraf Ghani, un hombre más discreto y aparentemente más honesto que su predecesor Hamid Karzai, prometió que esos territorios nunca más caerían en manos de talibanes.

En el nuevo país que estaba a punto de ver la luz una tropa de funcionarios estatales y policías implantarían un modelo nuevo, desprovisto de las ataduras de la cerrazón. Pero eso nunca llegó a suceder.

Ocho meses después los talibanes vuelven a mandar allí, e incluso en lugares cercanos donde no tienen el control calaron las prohibiciones de fumar o escuchar música.

Por su parte, el portavoz de la Secretaría de Estado de EE.UU., John Kirby, aseguró que “este tipo de ataques sólo reforzarán nuestra resolución a continuar nuestra misión en Afganistán”.

Para la politóloga y profesora de Relaciones Internacionales Nazanin Armanian, como para otros investigadores, Estados Unidos y la OTAN promueven una estrategia de caos controlado en la región, sea en Iraq, Afganistán, Libia, Yemen o Siria.

El caos se convierte por tanto en un elemento de dominación que, bajo el control de las potencias occidentales, puede prolongarse o atajarse a conveniencia, sentenció Armanian.

Por su parte, para la analista internacional Francisca Quiroga, EE.UU. busca permanecer en Afganistán por cercanía a Irán y China.

En tanto, el análisis de la misión de la ONU subraya la preocupación por el creciente número de víctimas civiles por parte del EI: 122 en el primer semestre de este año, frente a 13 registradas en el mismo periodo de 2015.

Y aunque el organismo de la ONU acusa a las fuerzas insurgentes y al EI de ser los responsables de la gran mayoría de las víctimas -al menos el 60 por ciento-, también incide el hecho de que las víctimas mortales provocadas por fuerzas gubernamentales son este año un 23 por ciento y que aumentaron un 47 por ciento desde el año anterior.

Entre los niños, describe el documento, los explosivos abandonados, minas y otros “objetos explosivos improvisados” son los responsables del 85 por ciento de los muertos y heridos.

La misión de la ONU subraya, además, el incremento del 110 por ciento de víctimas en operaciones aéreas, con 57 fallecidos y 104 heridos.

El Ejército del país asiático aumenta progresivamente la capacidad de su aviación y por primera vez desde 2009, las víctimas por operaciones de fuerzas aéreas afganas (111) son mayores que las causadas por las foráneas (50).

*Jefe de la Redacción Asia y Oceanía de Prensa Latina.


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