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Publicado el 24 Agosto, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

FEMINICIDIO

Mi querido asesino

Miles de mujeres son ultimadas por sus compañeros sentimentales cada año en la región
Ellas fueron víctimas del machismo y aunque salvaron sus vidas, quedaron traumatizadas de por vida.

Ellas fueron víctimas del machismo y aunque salvaron sus vidas, quedaron traumatizadas de por vida. (EFE)

Por ARSENIO RODRÍGUEZ

Toda persona sueña, en especial en sus años de adolescente, encontrar a su media naranja, a la pareja que será el padre o la madre de sus hijos, para fundar un hogar e iniciar una vida que les permita, a ambos, disfrutar de la existencia y envejecer amándose y respetándose. Después de procesos que cada vez son más cortos, finalmente comienza una vida conyugal, oficial o no, en la que el amor, las caricias y el sexo les llenan la existencia, aunque, muchas veces, el amante puede convertirse en asesino, y esta no es solo una frase.

Se entiende como feminicidio el homicidio de una mujer por cuestiones vinculadas al género. Las frías estadísticas demuestran lo que ya constituye un flagelo mundial. El pasado año la diputada Franziska Kelle, del Partido Los Verdes, en el Parlamento Europeo, destacaba que desde el comienzo de la guerra contra las drogas en México, en algunas regiones de ese país las cifras de feminicidio aumentaron en más de un 300 por ciento.

Por su parte la agencia de prensa EFE reportaba a principios de año que cada 35 horas una mujer es asesinada en Argentina por violencia de género. Estos datos dan un mínimo indicio de la magnitud de un problema que existe en todo el continente. Cinco de los diez países con las cifras más altas de feminicidios se encuentran en América Latina.

Pero no solo es un problema latinoamericano. Por ejemplo, en 2012, más de 135 mujeres fueron asesinadas en Italia, más de la mitad a manos de su pareja. “No podemos eludir que es un problema universal”, precisaba otro eurodiputado del mismo partido.

La humillación, el maltrato físico, antecede a la muerte a manos de quienes compartían su vida. (Foto EFE)

La humillación, el maltrato físico, antecede a la muerte a manos de quienes compartían su vida. (EFE)

Se pueden llenar cuartillas con miles de datos que proporcionan organizaciones femeninas locales e internacionales encargadas de llevar la cuenta de las muertes de miles de féminas cada año, a manos de sus parejas o por extraños, lo cual provoca que ya no sorprenda en los titulares de la prensa diaria y en los reportes radiales o televisivos, pues va siendo hecho cotidiano. Ser mujer se ha convertido en un peligro potencial para su vida.

El Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) informó hace un año “que al menos 1 678 mujeres fueron asesinadas por razones de género en la región durante 2014”. La organización reveló que “los feminicidios afectaron a 14 naciones de la América Latina continental y tres del Caribe, cifra que se dio a conocer a mediados de 2015 de cara al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se celebra cada 25 de noviembre en el mundo.

Por su parte, un informe de ONU Mujeres divulgado hace poco en El Salvador alertó acerca de que los feminicidios han crecido en los últimos años en América Latina y la gran mayoría de estos asesinatos permanecen en la impunidad. En el contexto de violencia que vive la región, “no es sorprendente” que de los 25 países del mundo con las tasas más altas de feminicidio, 14 están en América Latina y el Caribe. El Salvador, Honduras y Guatemala, tres países vecinos, presentan algunas de las tasas más altas del mundo, según consigna el estudio.

Sin proporcionar datos exactos, el informe indica que en esos tres países donde las pandillas intranquilizan a la población “las mujeres y las niñas experimentan espeluznantes tasas de violencia. Nos encontramos ante una situación de gran emergencia que requiere la coordinación de todos los actores”, resume la funcionaria de ONU Mujeres. Según el informe, el número de mujeres de esas naciones centroamericanas que intentaron migrar con sus hijos a Estados Unidos pasó de 12 000 en 2013 a más de 66 000 en 2014. Añadió que el número de niñas menores de 18 años no acompañadas atrapadas en la frontera entre EE.UU. y México aumentó en 77 por ciento en 2014.

Cifras escalofriantes

Las protestas crecen, porque como dice esta mujer, también el silencio mata.

Las protestas crecen, porque como dice esta mujer, también el silencio mata.

En marzo de este año, durante la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en toda América Latina y el Caribe, las movilizaciones realizadas se caracterizaron por la exigencia de acabar con la discriminación que ellas sufren y rechazar la violencia de género, en medio del repudio por los últimos asesinatos, entre estos a dos líderes indígenas en Honduras. Grupos feministas y amigos de las dos dirigentes eliminadas las recordaron. En esta nación centroamericana la violencia cobra diariamente la vida de 13 personas.

Según organismos especializados en el tema, “casi una de cada tres mujeres en la región ha sufrido violencia en algún momento de su vida”. Uno de estos casos fue el asesinato de las argentinas Marina Menegazzo, de 21 años, y María José Coní, de 22, quienes desparecieron cuando disfrutaban de vacaciones en Ecuador, y finalmente fueron asesinadas. En su país se convocó a una marcha “Por ellas, por todas, Justicia”, frente al Congreso con el llamado a un cambio cultural para que no se repita este tipo de sucesos. “Queremos ayudar a que se entienda que esto no es solo problema de Argentina, sino que es de la región, porque a las chicas las mataron en Ecuador”, según declaró a la prensa local Vanesa Lidjens, prima de una de las víctimas.

En la capital de México algunas estadísticas señalan cifras escalofriantes de mujeres asesinadas por sus parejas en lo que va de año. Desde Chile, la presidenta Michelle Bachelet rindió un homenaje a las víctimas de feminicidio, entre ellas las siete mujeres muertas a manos de sus parejas sentimentales en los primeros meses de este año.

El gobierno de Brasil, por su parte, informó recientemente que en 2015 la cifra de denuncias por violación, asedio y retención ilegal de mujeres, entre otras agresiones, aumentó un 54.5 por ciento, a pesar de las medidas que en su momento tomara el gobierno de Dilma Rousseff para endurecer las penas contra la violencia machista.

A pesar de los esfuerzos del Gobierno boliviano, en lo que va de año se han registrados 19 feminicidios, por la existencia de un sistema machista y patriarcal, según reconoció Belén Sanz, representante de ONU Mujeres en Colombia, quien agregó que según cifras oficiales, unas 3.9 millones de colombianas han sido víctimas del conflicto armado, no solo por desplazamientos, asesinatos y persecución, sino también por ataques sexuales.

Epidemia global, según la OMS

Se trata de una latinoamericana o caribeña que antes de morir fue maltratada, como lo evidencia la instantánea. (Foto pág. Web Gobierno Puebla)

Se trata de una latinoamericana o caribeña que antes de morir fue maltratada, como lo evidencia la instantánea. (Foto pág. Web Gobierno Puebla)

El problema no es nuevo y se agrava cada año. La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, reiteró recientemente que “no podemos permitir que sigan muriendo más latinoamericanas y caribeñas por el solo hecho de ser mujeres”. Bárcena también advirtió que los Estados latinoamericanos deben mejorar sus registros administrativos para conocer el número de feminicidios, e impulsar programas de prevención y reparación de las víctimas con un presupuesto adecuado.

En otro informe de la secretaría del organismo de la ONU se precisa que “el abuso perpetrado en la calle y en el sistema de transporte” en las ciudades es una de las formas más minimizadas y naturalizadas de la violencia contra las mujeres. La Cepal considera el feminicidio como la expresión más dramática de la violencia contra las mujeres y advierte que “debe ser enfrentada íntegramente por los Estados, considerando los factores de desigualdad económica, social y cultural que operan en las relaciones de poder entre hombres y mujeres”.

Un total de 20 países de América Latina y el Caribe cuentan actualmente con leyes sobre violencia contra las mujeres, aunque solo en ocho se asignan recursos específicos en su presupuesto nacional. “La violencia contra las mujeres y las niñas sigue siendo una de las violaciones más serias de los derechos humanos, y sin embargo es la más tolerada”, dijo la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka. Para esta agencia de Naciones Unidas, la clave está en la “prevención”, que debe situarse en el centro de todas las estrategias internacionales. El maltrato a mujeres y niñas fue definido como una “epidemia global” y una crisis de salud pública durante 2014 por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Violencia de género

Más de 20 años después de que se adoptara en la ONU la Declaración para la eliminación de la violencia contra las mujeres, y a pesar de las leyes ese flagelo aún es considerado una amenaza a la autonomía de ellas.

La imagen, tomada en México, constituye todo un símbolo del peligro de ser mujer.

La imagen, tomada en México, constituye todo un símbolo del peligro de ser mujer.

En la zona predominan estereotipos. Para ser considerado como “hombre” se debe ser dominante, fuerte y nunca rendirse. Mientras que la cultura enseña a las mujeres que su valor se encuentra en la apariencia, su sumisión y el servicio a “su hombre”. Ello explica, en parte, los actos contra ellas, dado que para mantener su estado entre sus pares, muchos varones buscan oportunidades para demostrar fuerza, a menudo con la violencia. Y las mujeres, quedan vistas como objetos y como medios para tal fin.

La igualdad de género es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) de Naciones Unidas hacia 2030, considerado como transversal al resto y sus metas. En efecto, tal como plantean los ODS, no es factible lograr el desarrollo sostenible negando a la mitad de la población mundial el goce de sus derechos. Específicamente, el objetivo de desarrollo sustentable número cinco busca “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Una de las metas principales de los ODS consiste en “erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluyendo la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación”.

Cuando se leen las estadísticas y los informes de organismos especializados acerca del tema, inevitablemente se llega a la conclusión de que entre los factores que provocan el feminicidio está la ausencia de una verdadera igualdad de género, lo que unido al machismo, la incultura y las terribles condiciones de vida en las que se encuentran millones de latinoamericanas y caribeñas, crean las condiciones necesarias para que la mujer sea vista en muchas ocasiones como propiedad particular de su pareja.

El tipo de legislaciones promulgada tiene el propósito de identificar las causas estructurales de la violencia de género, definir todas sus formas, establecer medidas de prevención y sanciones, además de asistir y proteger efectivamente a las víctimas.

Aun así poco se ha avanzado. La realidad demuestra que resta mucho por hacer para que nuestras madres e hijas tengan el honroso lugar que les corresponde en la sociedad, que sean respetadas, amadas y no tratadas como cosas. En pleno siglo XXI el azote se mantiene y se mantendrá mientras existan personajes cavernarios como un mexicano que, cuando le preguntaron por qué había asesinado a su esposa y madre de sus hijos, simplemente respondió: “la maté porque era mía y lo podía hacer”.

 


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez