0
Publicado el 19 Octubre, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

NIÑOS EMIGRANTES

De la risa al llanto

Tratan de llegar solos a Estados Unidos o países desarrollados de Europa y sufren las peligrosas consecuencias de esa aventura

POR ARSENIO RODRÍGUEZ

Iniciada la aventura solo cuenta con sus pequeñas fuerzas y un poco de suerte. (Foto Centro de Noticias ONU)

Iniciada la aventura solo cuenta con sus pequeñas fuerzas y un poco de suerte. (Foto Centro de Noticias ONU)

La imagen de un niño conmueve. No importa su procedencia o el color de su piel; sencillamente nos llega de inmediato una sensación de ternura ante ese pequeño o pequeña que nos sonríe con inocencia. Su alegría es contagiosa y nos embarga de inmediato. Pero cuando la risa se convierte en llanto igualmente nos hace partícipe, en mayor medida, por la tristeza que reflejan esos rostros infantiles con los ojos llenos de lágrimas.

Todo esto sucede en situaciones normales, en que estas pequeñas criaturas, por muy pobres que sean, están rodeadas de adultos que tratan por todos los medios de garantizar su salud y alimentación. Pero, ¿qué sucede cuando estos niños inician, solos o acompañados de otros menores, el viaje hacia otras naciones y dejan de ser esas hermosas criaturas para convertirse, simplemente, en emigrantes?

Entonces puede ocurrir cualquier cosa, y si el hecho mismo de la travesía es traumático, mucho más son los posibles acontecimientos que se verán obligados a enfrentar estos infantes. El Sistema de Información Estadística sobre las Migraciones en Mesoamérica y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reportan que la población latinoamericana representa alrededor del 52 por ciento de la población extranjera en Estados Unidos, de los cuales más de 30 millones de personas son de origen mexicano (57%) y centroamericano (13%). En 2007, en la frontera sur, más de 5 700 infantes y adolescentes centroamericanos fueron repatriados a sus países de origen (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua) desde México.

¿Cuál es la situación actual?

Con la decisión de iniciar el camino hacia lo desconocido comienza la parte más peligrosa de la aventura. (Foto, Centro de noticias ONU)

Con la decisión de iniciar el camino hacia lo desconocido comienza la parte más peligrosa de la aventura. (Foto, Centro de noticias ONU)

Durante una audiencia este año en la Comisión de Seguridad Interna de la Cámara alta del Congreso estadunidense, se anunciaba el número de menores sin acompañamiento de adultos que ingresaron clandestinamente a los Estados Unidos. Desde octubre de 2015 a la fecha, ascendió a 57 mil infantes. “Al 1o de julio, tenemos en detención poco más de 2 600 menores sin compañía de adultos”, reconocieron. No obstante, fuentes oficiales ubicaron la cifra en 52 mil menores en esa situación en la frontera sur de Estados Unidos.

Una periodista mexicana narra lo que es habitual en las fronteras de Sonora con Arizona, y describe: “unos 15 jóvenes esperan bajo el sol, con la cabeza gacha, la ropa raída, los zapatos rotos y el cabello despeinado. En unas horas, se convertirán en el primer grupo del día que, tras haber sido detenido por la patrulla fronteriza, será entregado al Consulado mexicano para iniciar el camino de regreso a sus países”.

Según datos oficiales, en esta región, en el suroeste de Estados Unidos, la patrulla detiene un promedio de 30 niños menores de 17 años cada día, cifra que se duplicó en 2012 solo en el estado de Arizona. En todo el país en 2015 se detuvieron a casi 25 mil jóvenes que intentaban cruzar la frontera sin la compañía de adultos. En otros territorios fronterizos, solo en mayo, fueron detenidos más de 9 mil niños, luego de haber cruzado sin documentos el valle del río Grande; el 75 por ciento de ellos provienen de Centroamérica.

Posibles consecuencias de esta aventura

Una vez en tierra norteamericana muchos van a parar al centro de detención de Nogales, Arizona. (Foto Unicef)

Una vez en tierra norteamericana muchos van a parar al centro de detención de Nogales, Arizona. (Foto Unicef)

Como Estados Unidos ha incrementado los controles en sus fronteras, el desvío de los flujos migratorios se ha trasladado a zonas más inseguras, con el fin de evitar ser detenidos, lo que lleva a los migrantes a caer en manos de traficantes de personas que ponen en peligro su vida, especialmente la de los niños, según datos de la Unicef. Entre los peligros más comunes están las graves violaciones a sus derechos humanos, incluso a su integridad física; además de los accidentes, en los que pueden morir por asfixia, deshidratados o debido a heridas.

De caer en manos del crimen organizado, pueden ser sometidos a explotación sexual o laboral. También, durante la travesía pueden ser víctimas de encierros durante meses. Sin contar que en ese estado permanente de violación de derechos, interrumpen sus estudios regulares y están privados de necesidades básicas, como la alimentación, la salud y vivir en familia.

La vida una vez que son detenidos

Familias enteras se arriesgan a perder la vida en el intento por pasar a territorio estadounidense. (ONU)

Familias enteras se arriesgan a perder la vida en el intento por pasar a territorio estadounidense. (ONU)

De acuerdo con lo establecido, cuando la Patrulla Fronteriza estadounidense detiene a un menor de edad que viaja solo, debe avisar al consulado de su país para iniciar el trámite de deportación. Según el vocero de ese cuerpo armado, Andy F. Adame, una vez detenido al infante se le entrega un paquete de galletas, un jugo de manzana y una bolsa de dulces. Más tarde, en los centros de detención, recibirán un plato de macarrones con queso instantáneo y siempre tendrán un garrafón con agua a la mano. Las celdas tienen capacidad para 40 personas cada una, cuentan con catres de plástico y cobijas hechas también de ese material.

Un reportaje periodístico del diario La Razón da cuenta de una joven salvadoreña llamada María, quien narra sus motivos para iniciar esa aventura. “Mis padres ya murieron, allá solo me queda mi hermano y se emborracha, me golpeaba hasta que un día me dijo que ya, que me fuera”. La joven dice que cruzó en autobús la frontera con México, que nadie le hizo preguntas hasta que encontró un retén de migración. “Estábamos dormidas cuando ya sentimos que nos tocaban y revisaban. Nos desnudaron y nos quitaron todo, vieron que no nos quedara nada”. María siguió su camino hacia la frontera. Hasta ese punto, ya había invertido siete mil dólares, pero entonces se encontró con lo que llamó la mafia. “El de la mafia nos dijo unas palabrotas y nos pidió 350 dólares para salir de ahí, se los dimos y nos dijo que serían otros 700 dólares”. Ante la interrogante periodística de ¿y si no pagabas?, la respuesta fueron lágrimas y, entre sollozos, estas palabras: “yo solo quiero regresar a mi casa”.

Insuficiente ayuda en todos los lares

Sus pequeños rostros lo dicen todo, ya dejaron de ser migrantes para convertirse en prisioneros. (Foto Centro de Noticias ONU)

Sus pequeños rostros lo dicen todo, ya dejaron de ser migrantes para convertirse en prisioneros. (Foto Centro de Noticias ONU)

Una de las instituciones que han tratado de ayudar a los migrantes es la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur. Su representación en Panamá declaró recientemente que los “sistemas de los países centroamericanos, de donde proviene la mayoría de los migrantes hacia Estados Unidos, no están preparados para responder a la oleada de niños que emigran clandestinamente”. Un funcionario explicó a la prensa, “Es como cuando usted tiene una capacidad en un drenaje, pero cuando cae más agua de la cuenta, el drenaje se atasca y no pasa toda el agua”. En el reporte de esta institución, “Niños en fuga”, se evidenció que el 58 por ciento de unos 400 migrantes entrevistados, tenían “necesidades potenciales de protección internacional, como refugio, visas humanitarias o protección complementaria”. Y concluye que, aunque la pobreza sigue siendo la principal razón por la que los menores emigran, la violencia los empuja cada vez más a dejar sus lugares de origen.

Al llegar, un largo proceso burocrático para deportarlos a sus países. (Foto Línea USA)

Al llegar, un largo proceso burocrático para deportarlos a sus países. (Foto Línea USA)

Lo único que el futuro puede brindarles a los miles y miles de niños que inevitablemente se lanzarán a esta peligrosa aventura, es la incertidumbre. A pesar de los esfuerzos de organizaciones internacionales, de algunas instituciones gubernamentales, en especial de Centroamérica, mientras no exista la voluntad política para eliminar parte de las causas políticas, económicas o sociales que provocan el éxodo, nuevamente los pequeños cuerpos llegarán a la frontera, si es que no sufren accidentes de todo tipo, para reiniciar el ciclo que otros miles ya conocieron y que termina con la deportación a sus respectivos países.

El fenómeno de la migración infantil no solo es en nuestra región, o especialmente en Centroamérica. Es universal, y lo demuestran despachos de prensa, sobre todo aquellos que narran las miles de víctimas que mueren cada año atravesando los mares que separan sus países de Europa. Huyen también de la guerra, de la barbarie iniciada con la ocupación de sus países por potencias occidentales que descargaron todo el poder de sus armas para supuestamente liberarlos de regímenes tiránicos locales. Esconden que realmente son intereses económicos los que motivan esos conflictos, y una vez alcanzados los objetivos, los agresores convierten a las naciones ocupadas en territorios donde el caos y la violencia imperan.

Para miles de niños y jóvenes “la tierra prometida” concluye en una celda y un camastro, para esperar el regreso a sus países de origen. La travesía, el maltrato de autoridades y mafiosos, cambiarán los ya entristecidos rostros en muecas por el trauma vivido

Entonces, pudiera comenzar nuevamente la marcha en busca de “una vida mejor”. Algo que ellos no pueden entender porque la mayoría siguen siendo niños, y es que la tierra prometida en realidad se encuentra donde ellos nacieron, no importa lo pobres que puedan ser en sus países. Hay que luchar para que las riquezas sean bien administradas y repartidas entre todos y no sigan quedándose en manos de unas pocas familias o empresas nacionales o transnacionales.

No lo saben, pero de seguro entre ellos están los potenciales hombres y mujeres capaces de conducir a sus pueblos y lograr los cambios que permitan no tener que ir a lejanos territorios para convertirse en ciudadanos de segunda, tercera o ninguna clase.

 


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez