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Publicado el 1 Noviembre, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

COLOMBIA

Combatir por la paz en las calles

Para lograr el éxito los colombianos deben convertirse en combatientes en sus propias comunidades

 

En las manifestaciones surgen consignas populares que evidencian los reclamos de la mayoría de los colombianos (foto El Espectador)

En las manifestaciones surgen consignas populares que evidencian los reclamos de la mayoría de los colombianos (foto El Espectador)

Por ARSENIO RODRÍGUEZ

La lucha por la paz continúa en Colombia, pero los combates ya no son en la tupida selva, ni en las montañas, sino en las calles y avenidas de ciudades y pueblos, en especial en Bogotá, donde el uniforme de los combatientes es el overol, la camisa de trabajo, el cuello y la corbata, la vestimenta indígena, y las armas: las palabras, los argumentos, el lograr que la verdad aplaste a quienes utilizan la mentira para confundir a los ciudadanos. El objetivo final: la paz, que ya se puede percibir en la distancia, no importa el tiempo que demore llegar a ella.

Muchos fueron los factores que influyeron en la votación por el No durante el plebiscito del 2 de octubre. Algunos son reconsiderados por quienes durante cuatro años sostuvieron conversaciones en la capital cubana para lograr el Acuerdo Final, que después sería firmado en solemne ceremonia en Cartagena de Indias. Otros se crearon en los últimos meses mediante campañas publicitarias y una verdadera guerra mediática que evidentemente influyó en gran parte de los votantes, sobre todo en aquellos que residen en la capital y otras ciudades, distantes de las zonas de guerra y ajenos al sufrimiento que, en el mejor de los casos, les llegaba mediante crónicas o materiales periodísticos.

Semanas antes del plebiscito la propaganda a favor del No subió de tono y no es un secreto para ningún colombiano que se invertían millones de dólares en vallas, carteles, anuncios en la televisión, la radio y la prensa para obtener el triunfo, aunque fuera por una mínima cantidad.

Lo nuevo en este proceso es que las calles de Colombia han sido tomadas, indistintamente, por representantes de las mujeres, los indígenas, trabajadores, campesinos y sobre todo jóvenes, víctimas del conflicto, en fin, sectores que en su conjunto conforman la sociedad y que cobran conciencia de la necesidad de seguir luchando por la paz y, de hecho, responden así a quienes sí necesitan de la guerra, del narcotráfico y los grupos paramilitares.

Al centro, Mauricio Rodríguez, jefe de la delegación del Gobierno. A su izquierda, Pablo Beltrán, jefe de la delegación del ELN (foto PL)

Al centro, Mauricio Rodríguez, jefe de la delegación del Gobierno. A su izquierda, Pablo Beltrán, jefe de la delegación del ELN (foto PL)

Dentro de lo novedoso está también el anuncio de la instalación de la Fase Pública de Negociaciones entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de esa nación a instalarse el 27 de octubre en Quito, Ecuador, con una agenda de conversaciones que contempla “la participación de la sociedad en la construcción de la paz…” así como “iniciar el proceso de liberación de los secuestrados/retenidos”….y que “cada una de las partes hará otras acciones y dinámicas humanitarias para crear un ambiente favorable para la paz”.

En el documento, dado a conocer en Caracas el 10 de octubre, se precisa que “agradecemos a la República Bolivariana de Venezuela la hospitalidad brindada para el desarrollo de las reuniones que han llevado a este acuerdo, y a los demás países garantes: Ecuador, Cuba, Chile, Noruega y Brasil, por acompañarnos en las mismas y por su apoyo a Colombia en la búsqueda de la paz”.

Ese mismo día, los jefes de las misiones, Mauricio Rodríguez, por el Gobierno, y Pablo Beltrán, a nombre del ELN, ratificaron sus compromisos con el proceso para avanzar hacia la salida política a la lucha armada. Durante la velada, en la sede de cancillería venezolana, cada orador precisó que las pláticas se iniciarán con el punto sobre la participación de la sociedad en la construcción de la paz, para luego pasar a las acciones humanitarias y comenzar el proceso de liberación de retenidos.

De hecho y para lograr ese éxito, la ciudadanía colombiana está demostrando que lo válido es la democracia participativa y no la representativa, utilizada por los ricos para engañarlos durante décadas.

 


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez