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Publicado el 21 Noviembre, 2016 por Marta Sojo en Mundo
 
 

EEUU: Tras un año delirante

Algunas consideraciones de un final inesperado

Por MARTA G. SOJO

Hasta que empezaron a funcionar las urnas el 8 de noviembre las encuestas y gran parte de analistas y politólogos, favorecía la candidatura de Hilary Clinton, pero la realidad es algo más compleja, azarosa y extraña que lo que supusieron los vaticinios. Al llegar la madrugada, entre rostros demudados y cansados, se anunció el triunfo de Donald Trump como presidente 45 de esa nación, quien había ofrecido durante toda su campaña un discurso nacionalista, agresivo, y de fuertes connotaciones racistas.

El asombro primó tanto en foráneos como en muchos de sus nacionales que se preguntaban: ¿qué pasó y por qué pasó?

Varios conflictos que se extienden en el tiempo y ningún candidato ni presidente electo ha solucionado, han cimentado bases de descontento en sectores de la población de estados específicos, principalmente los que votan tradicionalmente por demócratas en la franja industrial: Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, donde Trump se llevó lo que Hillary se suponía que ganaría.

Ignacio Ramonet señaló en un comentario que el discurso de Trump, violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, menos cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica.

Pero no piensen que esa postura de Trump significa estar en contra del sistema capitalista e imperial que domina a esa nación, simplemente reprocha a los políticos que lo han estado piloteando.

El más reciente artículo de Ramón Sánchez-Parodi sobre las Elecciones 2016 en Estados Unidos publicado en el diario Granma, ya impuesto del resultado electoral, decía que “una primera consecuencia ha sido el ‘descabezamiento’ del Partido Demócrata, cuya principal figura de relevo, Hillary Clinton, ha sido relegada, junto con su esposo Bill, a un segundo o tercer plano en la política norteamericana. El Partido Demócrata ha sido formalmente colocado en situación de ‘cuidados intensivos’ en compañía del Partido Republicano que aún no se ha recuperado del estado crítico en que se sumió durante la etapa de las elecciones primarias. Como ya hemos señalado en ocasiones anteriores, Clinton y Trump no son los causantes de la crisis del sistema político electoral de los Estados Unidos, sino una consecuencia de esa crisis”.

Con todo y Trump ser el vencedor por los votos electorales, no consiguió salir laureado con las boletas populares, donde Hillary tuvo la superioridad. Esto motivó que los partidarios de la demócrata hayan salido a las calles a protestar en diversas ciudades de la Unión, en contra del sistema electoral norteamericano que privilegia el voto electoral al popular, actitud no usual en estas lides estadounidenses. Si no existiera ese método arcaico instituido en el siglo XVIII, llamado Colegio Electoral, otro gallo hubiera cantado.

No es la primera vez en suceder en la historia electoral estadounidense, sino la quinta, que recibe el voto popular un candidato y sin embargo queda electo su oponente. Y la segunda que ocurre en 16 años, en el 2000, George W. Bush versus el demócrata Albert Gore.

Aunque las encuestas señalan que la mayor parte de los ciudadanos son favorables a la adopción de un sistema de elección presidencial directa, y el tema ha sido objeto de debate público, resulta poco probable que vaya a ser adoptado. La última vez fue debatido en el Congreso en 1934, una propuesta para eliminar el Colegio Electoral, la cual fue derrotada.

Vea usted, en “la mayor democracia del mundo”, por lo menos ese es el autorretrato que proclaman, volverá a gobernar el candidato menos votado, con solo el respaldo del 27 por ciento de todos los estadounidense en edad para elegir.

Si algo quedó reiterado en primer plano, luego de abrirse las urnas, es la fractura que existe en los dos partidos y en el propio sistema institucional norteamericano. Estados Unidos vivió una elección penosa, con una altísima abstención, expresión del cansancio de millones de ciudadanos, asqueados de una campaña enormemente sucia entre dos personas con una imagen pública fuertemente cuestionada.

El Congreso sigue siendo republicano

Si las presidenciales batieron palmas en todos los titulares, no se puede olvidar que también eligieron a sus congresistas, cuyos resultados tampoco favorecieron a los demócratas.

Los republicanos consiguieron mantener la mayoría en ambas cámaras, a pesar de que las encuestas vaticinaban que los demócratas podían arrebatarles el Senado. En la Cámara de Representantes lograron 235 escaños de los 435 que estaban en juego. Mientras, en el Senado, el cómputo fue de 51 escaños, en tanto los demócratas ganaron uno con respecto al reparto anterior, pero solo consiguieron sumar 45 curules.

Aunque había dudas si reelegirían al republicano Paul Ryan para ser de nuevo el presidente de la mayoría partidista en la Cámara Baja, debido a los roces que tuvo con Trump, sus correligionarios decidieron mantenerlo. Ahora, a partir de enero, cuando se conforme la nueva sesión del Legislativo, dará lugar a un Gobierno totalmente conservador. Sin embargo, las divisiones republicanas son síntoma, para muchos, de que los legisladores de esta bancada también estarán fraccionados acerca del proceder del presidente electo.

Obama pasa el bastón de mando a Trump

Durante 70 días Estados Unidos estará en un escenario transitorio, “en los que el antiguo presidente no se ha marchado del todo y el nuevo no acaba de llegar”. En este período el nuevo mandatario tendrá que encargarse de escoger a los políticos que le acompañarán en el Ejecutivo, es decir, conformar su Administración y concretar sus prioridades.

Ya tuvieron su primera reunión Obama y Donald Trump. Se pensaba que el encuentro iba a durar escaso tiempo, sin embargo se extendió a hora y media, momentos en que conversaron de candentes temas de la actualidad nacional y extranjera. Trump, indicó que tendría nuevos encuentros con el saliente Presidente e hizo mención de algunos de los temas tratados, incluidos los de política exterior e interior, y reveló que se habían debatido muchas situaciones, comprendidas algunas dificultades. Ambos hicieron el compromiso de trabajar por la transición de poderes.

Obama señaló en palabras dirigidas a su sustituto que vamos a hacer todo lo que podamos para ayudarlo a que usted tenga éxito. Porque si usted tiene éxito, entonces todo el país lo tendrá.

A la vez, ya se filtran diversos nombres con posibilidades de ser miembros del Ejecutivo, al menos al cierre de nuestra edición fueron nombrados el líder republicano Reince Priebus, como jefe de su gabinete, quien es una figura del establishment del partido y desempeñaba en la actualidad el cargo de presidente del Comité Nacional Republicano (CNR) y a Stephen Bannon como asesor principal. La opción de Bannon, reconocido como racista y supremacista blanco, según los analistas, no ayuda a conciliar los conflictos raciales en EE.UU. Mientras que Priebus tiene un perfil de político más diplomático y conciliador, lo que ha sido recibido como una noticia positiva. Hay otros nombres de peso en la política norteamericana que se barajan para ocupar prominentes cargos, pero hasta el momento de escribir estas líneas no estaban definidos.

Lo que les queda tras las elecciones de 2016 es un Donald Trump en la Casa Blanca, en un país dividido entre los que ven su llegada al poder como el comienzo de la recuperación económica y los que la consideran la señal más concluyente de ocaso nacional, por lo que se impone en esta etapa observar y esperar definiciones.

 


Marta Sojo

 
Marta Sojo