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Publicado el 23 Noviembre, 2016 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

NICARAGUA

Voto por el sandinismo

Estas elecciones demuestran cómo existen condiciones para seguir apostando por verdaderos procesos donde el pueblo resulte el mayor beneficiado y no las minorías que intentan volver al poder para seguir enriqueciéndose a costa de la soberanía

 

Elegidos por el pueblo, Daniel y Rosario, una vez que se dieron a conocer los resultados de las elecciones. (Foto La Jornada)

Elegidos por el pueblo, Daniel y Rosario, una vez que se dieron a conocer los resultados de las elecciones. (Foto La Jornada)

POR ARSENIO RODRÍGUEZ

A pesar de toda la campaña, nacional e internacional, por desacreditar los comicios en Nicaragua, la mayoría de su pueblo ratificó a principios de noviembre su decisión de mantener en la dirección del paíus a los  sandinistas, en una demostración más de una verdadera democracia, sin golpes blandos ni conspiraciones, sencillamente con el apellido que a esa fórmula política le falta en otras naciones de la región, el de participativa.

Y así el electorado acudió a las urnas, desconociendo las mentiras enarboladas antes, durante y después de los comicios, que fueron incapaces de influir ni en los más despistados de los nicaragüenses, demostrando además lo que realmente pueden hacer los gobiernos legítimamente elegidos para dar continuidad a proyectos políticos que favorecen a las mayorías y combaten la corrupción y otros males que, como la mala hierba, renacen en nuestros países.

El hecho fue confirmado por los invitados internacionales, quienes dieron fe de la tranquilidad en que se desarrolló el cívico acto de votar por quienes consideraron los más indicados para llevar al país a nuevas etapas en su desarrollo. Fue una fiesta de pueblo, que intentaron opacar algunos, empeñados en no aceptar la verdad de las urnas.

Nicaragua de 2016 no es la misma que aquella a la que se le impuso una sucia guerra para desanimar al pueblo, cuando se le achacaba al Gobierno sandinista la causa del conflicto, que llevaba a cientos de jóvenes a enfrentar, a riesgo de sus vidas, a los contras.

No es la misma Nicaragua

Debe recordarse que entre 1990 y 2007 las fuerzas de derecha gobernaron el país, con total fracaso. No pudieron desmantelar las transformaciones creadas por el sandinismo, aunque volvieron al pasado con la salud y la educación que dejaban de ser gratuitas, para satisfacción del capital privado. Pero el fracaso en el plano social fue casi total, se encareció el costo de la vida, y las medidas gubernamentales mostraron ineficacia.

Los logros de hoy muestran el porqué del apoyo reiterado de las mayorías. Si acaso, bastaría saber que la esperanza de una vida mejor es palpable.

La derecha nacional e internacional, sin embargo, miran al sur de la región y sueñan con golpes blandos y aplicar políticas neoliberales para darle continuidad a procesos que les han permitido enriquecerse por décadas y que ahora les es imposible continuar, mucho más, después de haber recibido este otro tipo de golpe, contundente por demás, el de las masas y a favor del sandinismo.

Democracia real, que acompaña a un poder real, capaz de frenar los planes desestabilizadores que en otras naciones han logrado avanzar. Digna respuesta a la contraofensiva neoliberal y muestra de la capacidad de un pueblo que no se deja confundir. Seis eran los candidatos y el pueblo optó por la continuidad de los sandinistas. Dicho con palabras del presidente nicaragüense Daniel Ortega, al referirse a la presencia de los invitados extranjeros presentes en los comicios, “los que votamos, somos nicaragüenses; los fiscales, son nicaragüenses, y los que contamos los votos, somos nicaragüenses. Esa es una democracia, digna, soberana”.

Solo la peor prensa, subordinada a los intereses imperiales puede cuestionar lo incuestionable. La victoria fue rotunda, convincente, nunca antes obtenida en toda Centroamérica por partido u organización política. Daniel Ortega sigue al frente de ese pueblo y como vicepresidenta, Rosario Murillo, voz que se hizo familiar mediante la emisora radial guerrillera, que la convirtió en figura popular y querida.

Estas elecciones demuestran cómo existen condiciones para seguir apostando por verdaderos procesos donde el pueblo resulte el mayor beneficiado y no las minorías que intentan volver al poder para seguir enriqueciéndose a costa de la soberanía.


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez