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Publicado el 8 Diciembre, 2016 por Redacción Digital en Mundo
 
 

EUROPA

Cuando a algunos medios se les quiere imponer silencio

A propósito de la aprobación de una resolución del Parlamento Europeo que arremete contra medios de prensa rusos.

 

Por MARYAM CAMEJO

Por un momento, supongamos que nos sentamos frente a la pantalla de un televisor donde solo podemos ver canales de noticias norteamericanos y europeos, de tendencia derechista y conservadora. Supongamos también, que nuestra apreciación política del mundo se construirá a partir, más bien, a través, de estas informaciones, sin la influencia de algún elemento externo. Una vez aquí, y después de algunas horas de consumo y atiborramiento mediático, si somos capaces de pensar, no cuestionar, solo pensar un poco, tendremos la percepción de que vivimos en un mundo donde los conflictos son muy fáciles de analizar, un mundo de culpables e inocentes. En el primer bando tendremos, con toda seguridad, al menos a una parte de América Latina, los inolvidables árabes y, por supuesto, a los rusos. Del otro lado, donde están los “todo lo que hacemos es en nombre de la democracia”, se encuentra el resto del planeta.

Sencillo ¿verdad? Observar el paso de acontecimientos terribles, en blanco y negro y tragarse sin inconvenientes la pastilla de ser sujetos versados en el tema internacional. Pues qué lástima para aquellos, la realidad dista mucho de ser tan simple, pero a ciencia cierta, este es el panorama ideal que muchos políticos desean concretar. Y ¿por qué decir “desean” y no “desearían”? Ahora la respuesta sí que es sencilla. Porque lo intentan llevar a cabo el Parlamento Europeo, tan defensor de la pluralidad de información, se propone hacer limpieza de medios. Sí, leámoslo de nuevo y lentamente: “limpieza de medios”.

Su estrategia tiene varias aristas, primero, sobre la base de un supuesto reconocimiento de la propaganda rusa para combatir los valores europeos y sus planes de cooperación regional, acallar a medios alternativos como Sputnik, Russia Today, HispanTV o TeleSur. Alfabetizar a la población europea en que hacer caso omiso a lo que estos medios develan, es algo que debe hacerse en la misma medida, que a los canales de difusión del Estado Islámico, promotor de odio y radicalización religiosa. Y, en otro orden, financiar algunos medios “independientes” dentro de Rusia, “buenos medios”, que luchan contra la propaganda antieuropea que se genera “desde el Kremlin”. Démosle una palmadita en el hombro al parlamento, que, si logran tamaña aspiración, habrán logrado aquella pantalla televisiva de la que les hablaba al principio, y entonces, una situación tan ridícula podría ser la metáfora, burla perfecta, de una realidad muy preocupante.

¿Cómo es que Rusia pasa de ser de los países que más esfuerzo hace por combatir el terrorismo y termina posicionado al mismo nivel de los degolladores que ataca? No tiene sentido. El resonado informe sobre la comunicación estratégica de la Unión Europea para contrarrestar la propaganda de terceros en su contra, es, primero que todo, una gran paranoia. Rusia se convierte en factor de riesgo, una palabra suya es entrometerse en asuntos internos, “incitación al miedo”, “inseguridad en los ciudadanos de la Unión”, y por último, pero no menos indignante, “falsificación de la historia”. La imagen que se le cuelga al gobierno de Putin es tal, que ni siquiera puede calificarse como distorsionada o tergiversada, la imagen que nos presenta esta pantalla sobre las espaldas del parlamento, es mentira, fabricación, invento. Y aquella cómoda percepción de culpables e inocentes tan exactamente etiquetados, se nos va haciendo hueca.

Hasta hace algunos años América Latina no tenía una televisora que hablara y sintiera por ella, de hombres y mujeres provenientes de su tierra. Así como desde esta parte del orbe se escuchan las miles de voces víctimas, desplazadas, violentadas y bloquedas, desde Rusia se cuenta otra versión de las historias que se publican en los grandes mass media occidentales. Y también se narran otras, las que se esconden y silencian. Razones, entonces, existen de sobra para arremeter contra periodistas y profesionales de la información comprometidos con los pueblos, aquellos no empoderados y menos pudientes. Pero el primero de estos motivos es que aún, con tantos años de “humanidad” recorridos, haya hombres y mujeres bárbaros, vestidos con pieles de corderos y trajes de civilización, defensores de la seguridad ante los temibles rusos para los ciudadanos europeos, cuando ascienden por día los que son echados de casa, niños incluidos, por sus propios gobiernos, noches frías y platos de promesas, trabajos volatilizados, deudas, demandas que no llegan a la silla de la presidencia, refugiados olvidados, huelgas, y el suspiro de los que se sienta en las calles a esperar una moneda. ¿Hasta donde llegará la culpabilidad del Kremlim?

Sin ánimos de apologías, supongamos un poquito más. Creamos en las casualidades, y pensemos que no hay ninguna relación en que a mediados del presente año un congresista estadounidense presentó un proyecto de ley sobre la creación en EEUU de una agencia para combatir la propaganda de Rusia y China. ¡Ajá!, diría yo. Una vez más todo tiene sentido en el terreno político internacional. ¿Qué será lo que tiene Estados Unidos que nunca está al margen de ningún problema? Estrujemos la casualidad y directo al latón de basura.

Pluralidad de medios, libertad de expresión, democracia, desde ese mismo discurso hombres y mujeres bárbaros socavan hoy los valores que supuestamente abanderan. Al menos algunos han tenido la dignidad de levantarse y hacerle frente a la maquinación del parlamento como el eurodiputado español Javier Couso, que consideró la resolución de “neomacartista”. Este camino intrincado de disputas políticas tiene bajo las sombras, luchas de otra índole como económica y de poder regional y global, no de velar por democracias, o derechos, mucho menos seguridad ciudadana. Cuando eso existe, la voluntad política de cambio se hace evidente, y el pueblo, los niños, padres, madres y abuelos de los pueblos lo sienten a nivel personal, en la realidad cotidiana y en los bolsillos.

Alzarse contra una propaganda que amenace la soberanía de naciones y no hablar de las supuestas armas de destrucción masiva con que contaba Irak, cuyas pruebas y fuentes estaban en las manos de la administración estadounidense, y de las que hoy no se sabe nada, parece que hasta se olvidó que era esa la causa de empezar la guerra; o ni siquiera mencionar la “atención especializada” que se le ha dado a Venezuela en los grandes medios occidentales y como se ha hecho lucir al gobierno bolivariano…, alzarse contra una propaganda que amenace la soberanía de naciones y convenientemente “no acordarse” de nada de esto, es un crimen de lesa mentalidad y contra el sano pensamiento.


Redacción Digital

 
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