1
Publicado el 17 Enero, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

CUBA-EEUU

Sustancial decisión para las relaciones bilaterales

El acuerdo va dirigido a garantizar una migración regular, segura y ordenada. No obstante, Obama se va, pero el bloqueo se queda. En estos dos años se probó que en igualdad y con respeto es posible dialogar y negociar, al tiempo que una política de agresión no tendrá futuro

 

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

En Estados Unidos está ocurriendo el cambio de mandato presidencial de Barack Obama hacia Donald Trump. Obama se va, y dejó entreabierta la puerta de la vecindad con Cuba para matizar la discordia y los profundos desacuerdos políticos, pero antes de irse ha tomado una sustancial decisión que, como señaló la Declaración del Gobierno Revolucionario, constituye importante paso en el avance de las relaciones bilaterales  al firmarse el acuerdo dirigido a garantizar una migración ordenada, con el cual se eliminó la comúnmente conocida política “pies secos-pies mojados” y el programa de admisión provisional (parole) para profesionales cubanos de la salud, que Washington aplicaba en terceros países.

La noticia, conocida al cierre de esta edición, es un hecho sobresaliente, pues permitirá solucionar los graves problemas que durante 50 años afectaron las relaciones migratorias, a pesar de la existencia de acuerdos bilaterales en este ámbito que siguen manteniendo plena vigencia. Pero como advierte la Declaración cubana  “para poder ser consecuentes con la letra y el espíritu de esta Declaración Conjunta, garantizar una migración regular, segura y ordenada, enfrentar con efectividad las amenazas a la seguridad de ambos países que se derivan de la migración irregular, y alcanzar relaciones migratorias normales entre Cuba y los Estados Unidos, será necesario también que el Congreso estadounidense derogue la Ley de Ajuste Cubano de 1966, única de su tipo en el mundo que no se corresponde con el contexto bilateral actual”.

También hace un recuento de las veces que Cuba formalizó esta propuesta a varias administraciones en el pasado y relata cómo alentados por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas el 20 de julio de 2015, se mantuvo el tema en proceso de negociación durante casi un año, hasta concretar ahora este compromiso que debe contribuir a la normalización de relaciones migratorias que, como recuerda el texto, “han estado marcadas desde el Triunfo de la Revolución por la aplicación de políticas agresivas en esta materia por sucesivas administraciones estadounidenses, que alentaron la violencia, la migración irregular y el tráfico de personas, causando numerosas muertes de inocentes”.

Se destaca en la nota que la comúnmente conocida política “pies secos-pies mojados”, es una flagrante violación de la letra y el espíritu de los acuerdos migratorios alcanzados entre Cuba y los Estados Unidos en 1994 y 1995, y constituía hasta hoy un estímulo a la emigración irregular, al tráfico de emigrantes y las entradas irregulares a los Estados Unidos desde terceros países de ciudadanos cubanos que han viajado legalmente al exterior, y al admitirlos automáticamente en su territorio, les confería un trato preferencial y único que no reciben ciudadanos de otros países, por lo que también era una incitación a las salidas ilegales.

Su implementación y la de otras políticas provocó crisis migratorias, secuestros de naves y aeronaves y la comisión de delitos, como el tráfico de emigrantes, la trata de personas, el fraude migratorio y el uso de la violencia con un impacto extraterritorial desestabilizador creciente sobre otros países de la región, utilizados como tránsito para llegar a territorio estadounidense.

Es menester recordar que en agosto del año pasado, cancilleres de Ecuador, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Nica­ragua, Panamá y Perú, manifestaron al Secretario de Estado, John Kerry, la profunda preocupación por el impacto de las normativas migratorias estadounidenses con respecto a Cuba y que tiene efectos negativos en la región.

También en el acuerdo sobresale la decisión de eliminar el denominado Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, que formaba parte del arsenal para privar al país de médicos, enfermeros y otros profesionales del sector, en una virtual operación internacional de robo de cerebros promovida por el gobierno de los Estados Unidos desde 2006 y un atentado contra las misiones médicas humanitarias y solidarias de Cuba en países del Tercer Mundo, que tanto lo necesitan.

Dentro de los aspectos loables está el compromiso de ambos gobiernos de aplicar sus leyes de migración de manera no selectiva y de conformidad con sus obligaciones internacionales, por lo que a partir del 12 de enero esa nación norteña devolverá a Cuba, y esta recibirá, a todos los ciudadanos cubanos, quienes luego de la firma de este acuerdo sean detectados por las autoridades competentes de Estados Unidos tratando de ingresar o permanecer irregularmente en ese país, en violación de sus leyes.

Por su parte, los Estados Unidos también se comprometieron a aplicar en lo adelante a los ciudadanos cubanos que sean detectados en esa situación los mismos procedimientos y normas migratorias que al resto de los migrantes de otros países, sin un criterio de selectividad, lo cual es una señal positiva en el propósito de eliminar exclusividades en el caso de los cubanos, proceder con marcado matiz político.

El documento destacó que ambas naciones promoverán la cooperación bilateral eficaz para prevenir, y procesar a los implicados en el tráfico de personas, así como los delitos asociados a los movimientos migratorios, que ponen en peligro su seguridad nacional, incluidos los secuestros de aeronaves y embarcaciones. Todo ello está en correspondencia con los avances alcanzados en corto tiempo en la cooperación bilateral en materia de seguridad.

El Gobierno Revolucionario recalcó que fiel a sus obligaciones internacionales y a su legislación, ratifica su compromiso de garantizar la migración regular, segura y ordenada, así como cumplir cabalmente este nuevo acuerdo para lo que se han tomado internamente las medidas correspondientes, a la vez que continuará garantizando el derecho a viajar y emigrar de los ciudadanos cubanos y de regresar al país, de acuerdo con los requerimientos de la ley migratoria. Anunció, además, que adoptará paulatinamente otras medidas para actualizar la política migratoria vigente.

Pero el bloqueo sigue

Obama se va, no obstante sigue el criminal bloqueo, la ilegal base naval y el objetivo de cambiar el sistema socioeconómico y político en la Isla con otros métodos para acciones de subversión político-ideológica. Sería errado ignorar que hasta ahora ningún presidente estadounidense en funciones había manifestado su opinión contraria al bloqueo contra Cuba ni adoptado una providencia a nombre de importantes sectores políticos para aminorar la confrontación entre ambas naciones, cuyos progresos demuestran que es posible encontrar solución a muchos problemas y que podía haberse avanzado mucho más en estos dos años si Estados Unidos no siguiera aferrado a la vieja pretensión “de la fruta madura”.

Es importante tenerlo en cuenta, porque desde 1992, junto con la propuesta de la Ley Torricelli, tomó auge una corriente política estadounidense con la concepción de cambiar la estrategia subversiva abierta y descarnada contra Cuba, por una más suave y sofisticada que permitiera mejorar las bases de las relaciones bilaterales para ejercer influencia. Y, al propio tiempo, impedir a toda costa que el Gobierno revolucionario accediera a créditos y financiamiento, para potenciar la imagen de flexibilidad del gobierno de Estados Unidos, con las sanciones principales en completa aplicación con su carácter extraterritorial, mientras que el Gobierno de la Isla aparecería ante la comunidad mundial y los ciudadanos cubanos supuestamente engatusados con los cantos de sirena, como el intolerante e ineficaz para resolver los problemas nacionales.

Hay varios documentos y artículos de los llamados tanques pensantes que, con variedad de matices, expusieron ideas sobre las políticas a seguir para cambiar aspectos de esa estrategia y lograr una mayor influencia sobre el pueblo cubano que permitiese el trabajo de subversión. El objetivo era no seguir con la idea de “lanzar bombas”, sino gérmenes corrosivos, y contraponer a la conciencia el egoísmo brutal en el modo de vida, o sea, que la gente pensara más con el estómago que con la cabeza.

Obama calificó la hostil política de “fallida”, aunque en realidad fracasó por la resistencia de los cubanos, bajo la sabia conducción de Fidel. Se demostró fehacientemente que la política de agresión y de condicionalidad ante políticos cañoneros que han pretendido hacer prevalecer sus criterios para que la nación cubana deje atrás su independencia, soberanía y dignidad nacional, es una política desprestigiada y agonizante, que no tendrá futuro alguno.

No obstante, hace tres años nadie imaginó posible que se lograrían avances entre las dos naciones en los ámbitos diplomáticos y de la cooperación en temas de interés común. En dos años, se probó que se puede dialogar y encontrar vías de entendimiento con respeto a discrepancias. Hasta finales de octubre pasado, se produjeron 24 visitas de alto nivel –incluida la del propio presidente Barack Obama–, se adoptaron más de una docena de acuerdos y se negociaban otros. A ello se suman 41 encuentros técnicos y acciones de cooperación y 16 reuniones vinculadas a los diferentes diálogos, y totalizan más de 1 200 acciones de intercambios culturales, académicos, deportivos y otros.

La mayoría de los expertos reconocen con objetividad lo positivo que ha resultado sentarse a conversar civilizadamente acerca de temas en los que existen tantas discrepancias, comenzando por el de las reclamaciones estadounidenses originadas por las nacionalizaciones cubanas, pretexto para justificar la intensidad del conflicto. Además de la demanda cubana por los daños económicos de esa descomunal agresión de 50 años, y los derechos humanos, que parten de dos enfoques totalmente distintos.

Ambos gobiernos al hacer un balance reconocieron el significativo paso que representó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, y la decisión de sacar a Cuba de la lista de países terroristas, donde la Isla nunca debió estar. Igual ponderación para el establecimiento de la comisión bilateral, que permitió priorizar las áreas de compromiso y cerrar acuerdos sobre protección ambiental, santuarios marinos, salud pública, investigación biomédica, agricultura, antinarcóticos, comercio y seguridad para viajar, aviación civil, transporte directo de correspondencia e hidrografía. Mientras, hubo diálogos o discusiones sobre la cooperación en la aplicación de la ley, temas regulatorios y económicos, reivindicaciones legales, así como políticas de internet y telecomunicaciones.

El proceso bilateral actual entre Cuba y Estados Unidos representa oportunidades para avanzar por primera vez en la solución de problemas pendientes y obtener beneficios para ambas naciones, valoró durante una de esas reuniones Josefina Vidal Ferreira, directora general de Estados Unidos de la Cancillería cubana.

La agresión económica se mantiene

Resulta contradictorio que antes de finalizar su mandato, Obama no utilizara con determinación sus amplias facultades ejecutivas para desmantelar de forma sustantiva la política del criminal bloqueo que trata de asfixiar al pueblo cubano, pues su eliminación total requiere de una decisión del Congreso.

En realidad, es criterio de muchos estudiosos de la política estadounidense que no se avanzó más por los propósitos de ciertos grupos de poder que siguen considerando las medidas coercitivas como mecanismo de presión hacia la Isla en interés de chantajear e imponer cambios o concesiones demandadas por las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos, aunque los cinco paquetes de medidas de Obama den una percepción de flexibilidad y apertura.

Eso es lo único que puede explicar que Cuba, que tiene para sus relaciones con el mundo la imagen de país tranquilo, seguro, saludable, instruido, prosiga enfrentada a la persecución de leyes estadounidenses que obstaculizan sus relaciones económicas con medidas coercitivas extraterritoriales. Se daña a Cuba, además, con la sibilina idea de una normalización de relaciones extraña, pues se intenta desconocer a los sectores estatales, mayoritarios y que son los que garantizan los principales beneficios al pueblo, al tiempo que se manifiesta el interés deliberado de potenciar la expansión del sector privado emergente para pretender estimular su conversión como principal “agente de cambio”.

Como ha explicado el Minrex, en el área económica-comercial apenas se han concertado los primeros acuerdos entre empresas cubanas y estadounidenses en servicios de telecomunicaciones, la administración hotelera y la operación de cruceros, aprovechando los espacios limitados que brindan las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense.

La Administración, en realidad, solo ha autorizado invertir en Cuba en el sector de las telecomunicaciones, donde por el interés norteamericano de influir con propósitos injerencistas sobre la sociedad cubana, se autorizaron las exportaciones de productos y servicios a Cuba, el financiamiento para la creación de infraestructura y la posibilidad de establecer empresas mixtas, con la exclusión de otros sectores importantes y estratégicos de la isla.

Por ejemplo, dentro de las medidas anunciadas el pasado mes de octubre se incorporó la posibilidad de comercializar y distribuir productos de la industria farmacéutica y biotecnológica cubana, pero no permiten la creación de empresas mixtas para hacer esas operaciones. Es en, otras palabras, una “ley de embudo” que beneficia a sectores estadunidenses, pero sin reciprocidad.

Por otro lado, a pesar del anuncio del Gobierno de Estados Unidos, previo a la visita de Obama a Cuba, de que la Isla podía hacer uso del dólar estadounidense en sus transacciones financieras –medida que de aplicarse pudiera resultar significativa–, eso no ha podido suceder en la práctica, debido al efecto intimidatorio sobre los bancos internacionales y de los propios Estados Unidos y el hecho de que el Gobierno de ese país no ha tomado medidas o realizado acciones complementarias que devuelvan la confianza a los bancos para realizar estas operaciones.

Se ha denunciado de manera reiterada que se continúan bloqueando transferencias financieras, se retienen pagos, incluso en monedas distintas al dólar estadounidense, se deniegan servicios de todo tipo, incluso a nuestras misiones diplomáticas y oficinas en el exterior; y a las entidades y bancos extranjeros que se vinculan con nuestro país se les siguen imponiendo exorbitantes multas.

La Directiva Presidencial quedará como un exponente de esa manera tan contradictoria con que el presidente Obama quiso avanzar en las relaciones con Cuba, pues como se comentó por diversos analistas fue un “paso positivo”, pero su lenguaje no esconde el propósito de promover cambios en el orden político, económico y social, ni esconde tampoco sus intenciones de desarrollar más adelante programas intervencionistas. Hay falacia en su redacción, como el reconocimiento a la soberanía y autodeterminación de nuestra Patria o su respeto al modelo de sistema político que decidan los cubanos, y seguidamente reflejar consideraciones que lo niegan completamente por su carácter injerencista. Baste el ejemplo de la voluntad explícita de no devolvernos el territorio ilegalmente ocupado por la base naval de Guantánamo, o la decisión de continuar el sostenimiento material y financiero de las actividades subversivas anticubanas.

Protección de su seguridad nacional

Siempre que en Washington surge cualquier atisbo de distensión se desatan las fuerzas anticubanas que privilegian la hostilidad y el aislamiento. Ignoran y subestiman que los cubanos hemos aprendido a prepararnos para sobrevivir y luchar para salir adelante aun en las peores circunstancias, porque nunca seremos vasallos de nadie.

Hay incertidumbres de qué ocurrirá a partir de ahora en las relaciones con Estados Unidos, no solo para Cuba, sino para el mundo. Nuestro Estado ha sido claro y preciso en la reafirmación de la voluntad de avanzar en las relaciones con ese país y construir vínculos beneficiosos, sobre la base del respeto mutuo, sin abandonar principios que rigen la actuación de la nación caribeña.

Pero para algunos políticos estadounidenses la historia no es referente, salvo los hechos ocurridos en una porción de tiempo ínfima que casi siempre remite a los acontecimientos de los últimos meses. En la azarosa relación con Cuba no se puede ignorar en cualquier decisión realista y estratégica lo que el largo camino recorrido hasta aquí ha probado y es que por la vía de la imposición y la condicionalidad la vecindad entre ambas naciones no funciona

Carece de objetividad la presunción de algunos consejeros electorales que vuelven a ponerse las armaduras de la guerra fría y proclaman que Cuba debe cambiar “hacia mayores libertades” para su pueblo y dar algo a cambio a Estados Unidos, si quiere mantener la relación que estableció el presidente Barack Obama.

Si algo ha quedado confirmado en estos dos últimos años es que lo más conveniente para los intereses norteamericanos es aplicar y profundizar la política de distensión, pues Cuba es una frontera segura para la protección de la seguridad nacional de sus vecinos. Muchos de los acuerdos bilaterales adoptados así lo evidencian.

El grupo de presión que quiere retrotraer lo avanzado en la política hacia Cuba pretende influir con sus estrechos beneficios en que se dañen los intereses nacionales de Estados Unidos y se vuelva a la política de la hostilidad a la que los cubanos hemos sobrevivido, pese a asumir disímiles dificultades.

La asimilación y adaptación a las nuevas realidades demostraron la capacidad política de la sociedad cubana para perseverar en su objetivo nacional de mejorar las relaciones con su gran vecino sin renunciar o claudicar en sus principios, ni ceder en la defensa de su soberanía. Se podrán congestionar las relaciones bilaterales, pero nadie con sentido común podrá desconocer que los últimos acontecimientos evidencian que el orgullo nacional cubano es una fuerza vigorosa en la Isla.

 

Raúl sobre las relaciones con Estados Unidos

ALOCUCIÓN DEL 17 DE DICIEMBRE DE 2014

Desde mi elección como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, he reiterado en múltiples ocasiones, nuestra disposición a sostener con el gobierno de los Estados Unidos un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, para tratar los más diversos temas de forma recíproca, sin menoscabo a la independencia nacional y la autodeterminación de nuestro pueblo.

Esta es una posición que fue expresada al Gobierno de Estados Unidos, de forma pública y privada, por el compañero Fidel en diferentes momentos de nuestra larga lucha, con el planteamiento de discutir y resolver las diferencias mediante negociaciones, sin renunciar a uno solo de nuestros principios.

Proponemos al Gobierno de los Estados Unidos adoptar medidas mutuas para mejorar el clima bilateral y avanzar hacia la normalización de los vínculos entre nuestros países, basados en los principios del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

Al reconocer que tenemos profundas diferencias, fundamentalmente en materia de soberanía nacional, democracia, derechos humanos y política exterior, reafirmo nuestra voluntad de dialogar sobre todos esos temas.

En la III Cumbre de la CELAC, Costa Rica, el 28 de enero de 2015:

Como he afirmado reiteradamente, Cuba y Estados Unidos debemos aprender el arte de la convivencia civilizada, basada en el respeto a las diferencias entre ambos gobiernos y en la cooperación en temas de interés común, que contribuya a la solución de los desafíos que enfrentan el hemisferio y el mundo.

Pero no se debe pretender que, para ello, Cuba tenga que renunciar a sus ideales de independencia y justicia social, ni claudicar en uno solo de nuestros principios, ni ceder un milímetro en la defensa de la soberanía nacional.

No nos dejaremos provocar, pero tampoco aceptaremos ninguna pretensión de aconsejar ni presionar en materia de nuestros asuntos internos.

Nos hemos ganado este derecho soberano con grandes sacrificios y al precio de los mayores riesgos.

en la clausura del V Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional el 15 de julio de 2015:

Cambiar todo lo que deba ser cambiado es asunto soberano y exclusivo de los cubanos. El Gobierno Revolucionario tiene la disposición de avanzar en la normalización de las relaciones, convencido de que ambos países podemos cooperar y coexistir civilizadamente, en beneficio mutuo, por encima de las diferencias que tenemos y tendremos, y contribuir con ello a la paz, la seguridad, la estabilidad, el desarrollo y la equidad en nuestro continente y el mundo.

EN EL DEBATE GENERAL DEL 70 PERÍODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS. 28 DE SEPTIEMBRE DE 2015:

Ahora se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones, que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero; se devuelva a Cuba el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra la isla, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre

En el VI Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional el 29 de diciembre de 2015:

Para avanzar en este proceso debe respetarse el derecho de todo Estado a elegir el sistema económico, político y social que desee, sin injerencia de ninguna forma. Jamás aceptaremos condicionamientos que laceren la soberanía y dignidad de la Patria.

 

 


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina