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Publicado el 6 Febrero, 2017 por Rafael Pérez en Mundo
 
 

CATARATAS DEL NIÁGARA

Apuntes en el trueno de agua

Visita a un espectáculo inolvidable regalado por la naturaleza, en el que en cada segundo caen… ¡5.5 millones de litros de agua!

 

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Hubiera sido una especie de crimen haber llegado a Toronto, Canadá, y no aprovechar la oportunidad de visitar las famosas Cataratas del Niágara. Tuve suerte y pude cumplir ese deseo. Hoy comparto varios apuntes eternos de aquella experiencia, en ocasión de reportar enviado por BOHEMIA los XVII Juegos Panamericanos de 2015.

Estas notas en el bloc, por cierto, tuve que protegerlas muy bien del agua en determinado momento, lo cual prometo explicar un poco más adelante. Ahora prefiero no solo ir cronológicamente en esta excursión, sino también recordar unos datos.

Uno: Se trata de un grupo de cascadas situadas en el río Niágara, en la zona oriental de América del Norte, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Están situadas a unos 236 metros sobre el nivel del mar y su caída es de aproximadamente 64 metros.

Dos: El nombre Niágara es originario de una palabra de la tribu iroquesa que significa trueno de agua.

Tres: Su formación ocurrió hace unos 12 000 años, cuando los glaciares se retiraron hacia el norte, y permitieron que las aguas del lago Erie fluyeran por la escarpadura del Niágara, que se extiende desde el sur de Ontario hasta Rochester, en el estado de Nueva York.

Cuatro: Cada segundo caen, como media… ¡5.5 millones de litros!

Cinco: Se cree, más allá de controversias naturales, que fue Samuel de Champlain, un explorador francés, quien las descubrió, en 1613. Y se conoce que el padre Louis Hennepin, un monje flamenco, las visitó en 1678 y publicó una descripción. Su enorme potencial se comenzó a utilizar en 1757, cuando Daniel Chabert Joncaire construyó un aserradero en el curso superior del río.

¿Hace falta decir que se trata de uno de los espectáculos naturales más impresionantes del mundo? ¿O que cada año lo visitan unos 14 millones de turistas? ¿O que posee también algo como místico? Tampoco. Sí, se los aseguro, en aquel viaje inolvidable había algo de misterioso, capaz de poner a latir más aprisa los corazones.

Desde niños en la escuela escuchamos aquella Oda al Niágara, poema del gran José María Heredia, posiblemente una de las primeras referencias que recibimos ese accidente geográfico. Luego las vemos en televisión o leemos sobre ellas. Pero, verlas, estar ahí, es otra historia.

Puntualidad y un sueño

La excursión fue muy bien organizada por el Buró de Turismo de Toronto (en el cual trabaja, entre otros, Diane Helinski), que montó un espacio dentro de la espaciosa Sala de Prensa de los Juegos Panamericanos. “Un bus negro con la identificación de Niágara lo recogerá mañana en su hotel, de 8:30 a.m. a 9:00 a.m.”.

A las 8:25 llegué al lobby. El chofer estaba ahí. Y ello no me sorprendió: parece que en Toronto respetan la puntualidad; no ensucian la ciudad, la limpian una y otra vez; no entran al metro hasta que las personas salen; ofrecen disculpas, dicen bienvenido y gracias.

Y a las 8:27 ya me encontraba dentro del pequeño ómnibus negro de 23 plazas. En el viaje, de una hora y 45 minutos, revisé estos datos: La cantidad de visitantes creció de forma significativa en 1953 después del estreno de la película Niágara, protagonizada por Marilyn Monroe. En la década de 1980 fue el lugar elegido para algunas escenas de Superman II. Ha sido escenario del rodaje de filmes como: La Novia de Chucky, Piratas del Caribe y Un amor por siempre (Camille).

Viajando hacia el Oeste, sabiendo que aquel canadiense respetuoso de conducir con el cinturón de seguridad y atento a las señales, yo iba sin ningún plan peligroso ni siquiera atrevido. Nada tengo que ver con Sam Match, quien en octubre de 1829 resultó el primero, que se conozca, en saltar desde las cataratas canadienses y sobrevivir. Con él comenzó una larga tradición de personas que quisieron imitarlo.

En 1901 Annie Taylor, de 63 años de edad, fue la primera persona en atravesarlas como bala humana (dentro de un barril), y sobrevivió sin daños. Desde entonces, otras 14 personas han intentado traspasarlas. Algunos lo han conseguido sin lastimarse, pero otros se han ahogado o herido gravemente en el intento. Los supervivientes han tenido que afrontar cargos en su contra y multas, ya que es ilegal intentar traspasar las cataratas. El ilusionista David Copperfield es el más reciente en sumarse a la lista de temerarios exitosos.

Otras personas han hecho de cruzar las cataratas su objetivo. Comenzando por Jean Francois Blondin Gravelet, en 1859, muchos equilibristas han llevado a gran cantidad de público a ver sus proezas.

Cuando se congelaron nuevamente en 2014, con una temperatura de 30 grados bajo cero, Will GDA, de 47 años de edad las escaló por primera vez. Le llevó cinco horas hacerlo sobre un hielo más quebradizo de lo habitual.

En el sitio

Al principio tuvimos unos 25 minutos para contemplar desde las alturas el panorama. Luego una guía recibió a nuestro grupo, y fue en busca de unos tickets. Todo parecía formar parte del paquete. En algún momento montamos en unos elevadores. Después bajamos por una rampa de uno y medio metros de ancho. Nos dieron a cada uno para protegernos del agua unos ponchos o chubasqueros rojos (el cual por frágil se me rompió y traje de recuerdo para La Habana). Otros grupos los usaban amarillos o azules.

Montamos en una de las lanchas. Arrancó. Y poco a poco se fue acercando más y más a… ¡las cataratas! (¿quizás a unos 500 metros?). Ese fue el momento cumbre. Las gotas de agua llegaban con fuerza a nuestros rostros, a nuestros cuerpos. El bloc, siendo previsor, lo tenía bien protegido. Para cualquier persona que deseara no empaparse había una pared de plástico transparente. Pero claro la gracia era ¡mojarse!

Para superar la importante barrera del idioma nos ayudó una linda familia estadounidense, la del doctor Scott Bartley. Un periodista venezolano, José Francisco Rivera, de ESPN, quien viajaba en otro ómnibus y coincidió unos tres minutos con nosotros en el almuerzo, nos dijo: “Voy a gritar a los cuatro vientos todo lo que transmite este sitio”.

¿Es también algo místico? Lo más seguro es que sí. Lo cierto es que frente a ellas pasan muchas cosas por nuestras mentes. Incluso siendo pleno día, pues dicen que de noche se admiran más por las luces artificiales que iluminan ambos lados durante varias horas después del ocaso.

Lo cierto es que lo más asombroso es tener delante ese muro de agua y sentir que nos empapa el cuerpo. Enseguida se piensa en una idea, no importa si ya no es original: si las cataratas del Niágara no existieran… ¡habría que crearlas!

Las cataratas del Niágara (en inglés: Niagara falls) (en francés: chutes du Niagara) comprenden tres torrentes: el canadiense (Ontario), los estadounidenses (Nueva York) y Velo de Novia, más pequeño. Aunque se puede considerar no tienen una gran altura (54 metros), son muy amplias y resultan las más voluminosas de América del Norte, ya que por ellas pasa toda el agua de los Grandes Lagos. Entre las cataratas canadienses y las estadounidenses se encuentra la Isla de la Cabra. Su anchura es de casi un quilómetro (945 m). (Fuente consultada: Wikipedia.)

 


Rafael Pérez

 
Rafael Pérez