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Publicado el 28 Febrero, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

Argentina cuesta abajo, y no es un tango

Las protestas populares y las denuncias de corrupción corroen las bases de un Gobierno antipopular
Desde el primer día de 2017 las marchas y protestas van en aumento contra las medidas antipopulares. (Foto Clarín)

Desde el primer día de 2017 las marchas y protestas van en aumento contra las medidas antipopulares. (Foto Clarín)

Por ARSENIO RODRÍGUEZ

Si no fuera un tema tan serio podría decirse que las protestas en Argentina se han convertido en el deporte nacional, superando al fútbol, que es mucho decir. No hay día en que no exista alguna manera de denunciar despidos, maltratos, subida de precios, en fin, cuestionar a un Gobierno que durante el pasado año solo empobreció al país y no fue capaz de despertar la más mínima esperanza entre los trabajadores. Con el inicio del tercer mes de 2017 tal situación no solo se mantiene sino que tiende a empeorar.

Las frías estadísticas demuestran la razón que tienen los millones de personas que han desfilado por calles y avenidas de todas las provincias argentinas para poner en tela de juicio a un ejecutivo que ha mantenido la mentira como política oficial.

De algo no puede quejarse Macri, y es de no estar acompañado. No solo por las masivas manifestaciones en su contra sino por las demandas judiciales y las acusaciones por corrupción. En sus 14 meses en la Casa Rosada, el mandatario es objeto de pesquisa por la emisión descontrolada de letras del Banco Central, el blanqueo de cuentas familiares, los Panamá Papers y la causa del Correo Argentino. Realmente acumula en tan poco tiempo muchas más acusaciones que cualquier otro presidente.

A tal hoja de ruta se le debe agregar la investigación que se lleva a cabo por mover 9.3 millones de dólares desde un paraíso fiscal, que nunca fueron declarados. La nota más reciente es por un acuerdo mediante el cual el gobierno le perdonó al Correo Argentino la suma de 70 millones de dólares. Esto explica por qué más del 60 por ciento de los argentinos lo consideran deshonesto, al igual que sus más allegados.

En el primer trimestre del presente año y según datos recientes, las cifras más altas de desempleo registradas en los principales centros urbanos colocan a Rosario con un 11.7 por ciento; Mar del Plata y Córdoba con 11.5; Gran Buenos Aires con 11.2; y Río Cuarto con 10.5 por ciento. Es decir, la desocupación creció en el segundo semestre de 2016 en un 9.3 por ciento, lo que equivale a un millón 167 mil personas. Estos datos, por si solos, explicarían las multitudinarias marchas y concentraciones antigubernamentales y la exigencia que cese el despido de los trabajadores.

La corresponsal de Prensa Latina en esa nación, Maylin Vidal, coincide con numerosos especialistas acerca del “temor latente de regresar a aquel 2001, cuando estalló una gran crisis social”. De hecho se avanza a un escenario similar, ya que la mayoría de la ciudadanía se ve afectada por el violento ajuste económico y responde, por ahora, con las manifestaciones y el pedido de acabar con las disposiciones que solo dañan a los más desheredados.

Desde el inicio de su gobierno, además de las mentiras y el incumplimiento de todas las promesas hechas durante la campaña electoral, Macri y su equipo solo han logrado perjudicar la economía nacional: primero con el pago a los llamados fondos buitres, para endeudar aún más al país y provocar una alta inflación que a finales de 2016 sobrepasaba el 40 por ciento. Mientras, el producto interno bruto caía en más del tres por ciento.

El resultado se siente en los bolsillos, pues el llamado ajuste en la política gubernamental provocó un aumento del 500 por ciento en las tarifas de electricidad y gas, y en ese escenario hay posibilidad de nuevos aumentos de precios. De hecho también aumentaron los pasajes del metro y de taxis, los alimentos, el estacionamiento.

Sobresale el impacto negativo que provoca entre las pequeñas y medianas empresas, la no llegada de las tan anunciadas inversiones, lo que provoca más preocupación ante el camino que va tomando el descontento de las masas y la posibilidad de un nuevo estallido social en esa nación.

La cuesta abajo de los tiempos actuales provoca alarma. Más aún después de que el Ministerio de Hacienda y Finanzas informara que el país entraba en 2017 con una deuda nacional que supera los 264 622 millones de dólares. Con el inicio de marzo muchos especialistas están al tanto de nuevas protestas, algunas ya anunciadas. El futuro es incierto por un Gobierno que solo ha sabido ganarse el repudio de las grandes mayorías.


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez