0
Publicado el 13 Febrero, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

BRASIL

Guerra entre barrotes

El año comenzó en Brasil con masacres en cárceles, con decenas de muertos, provocadas por enfrentamientos entre grupos criminales

Por ARSENIO RODRÍGUEZ

Las prisiones ubicadas en el norte y el nordeste del gigante sudamericano fueron escenario desde principios de año de verdaderas masacres provocadas por el enfrentamiento entre grupos criminales que discuten el liderazgo y el control interno de toda la población carcelaria. Según datos oficiales estos enfrentamientos provocaron 140 muertes a inicios de 2017, y voceros del Gobierno reconocieron que la barbarie puede extenderse a otros penales.

Aunque la situación se tornó en extremo grave, Michel Temer, quien no sale de los predios presidenciales por temor a los abucheos, no se molestó en visitar la zona en conflicto, limitándose a recibir los informes de las autoridades locales de la cárcel de Alcaçuz, en la provincia de Rio Grande Do Norte. Walber Virgolino, secretario de Justicia de esa provincia calificó la muerte de 30 reclusos en esa instalación –cuarta masacre ocurrida desde el primero de enero–, “como la más grave de la historia en ese territorio”.

En estos recintos y en otros se enfrentan los miembros de dos facciones criminales, conocidas como el Primer Comando de la Capital, originario de Sao Paulo, y el grupo local Familia del Norte. El gobierno de Amazonas reportó, además, la fuga de cerca de 200 presos de otras dos cárceles. Un video circulado por los medios locales mostró las cabezas de varias víctimas rodando por el patio de una de esas cárceles, asesinadas por el Primer Comando, organización que según la prensa controla los reclusorios de todo el país, donde malviven unos 650 mil internos.

La respuesta oficial solo fue ordenar un censo para contar con datos precisos sobre la cantidad de personas que están privadas de libertad en condiciones “inhumanas y sometidos a torturas” frecuentes por parte de los guardias, muchas veces sobornados por el crimen organizado, según informes de la ONU y organizaciones no gubernamentales. Días antes de esos hechos violentos entre presos, dimitió el jefe del servicio penitenciario de Amazonas, Pedro Florencio, sospechoso de aceptar sobornos de uno de los grupos.

Tras estos sucesos, el Gobierno central aceptó que estas pugnas se deben a la lucha por el dominio del interior de las cárceles y de la cocaína procedente de Colombia y Perú. Se reconoció oficialmente que en esta disputa también interviene el Comando Vermelho, el más antiguo del país, con base en Río de Janeiro y el sindicato del crimen, cuyos miembros fueron las víctimas en las revueltas provocadas en la región nordeste.

Recién iniciado febrero, las autoridades temen que la barbarie iniciada se traslade al resto del país, como reconociera la secretaria de Derechos Humanos, Flavia Piovesan. Ya comenzaron a reportarse asesinatos en otras prisiones y como no se descartan nuevos enfrentamientos, las fuerzas de seguridad fueron puestas en alerta.

El dramatismo del momento provoca mucha más preocupación porque es de conocimiento público que el Comando cuenta con una red de “células dormidas” en varios puntos de Sao Paulo, dispuestas a realizar operaciones contra la policía, como en 2006,  que provocaron el caos en esa ciudad y unos 600 muertos.

Comentaristas consideran que si sucedieran similares acontecimientos, en especial en Sao Paulo o Río, una vez más el usurpador de la presidencia y quienes le ayudaron a dar el golpe contra Dilma Rousseff verán peligrar sus aspiraciones de perpetuarse en el poder, ya sea en elecciones presidenciales o por vía indirecta. De hecho, ya comienzan a mencionarse en los pasillos de las instancias de gobierno posibles candidatos derechistas en remplazo de Temer, con fuerza la jueza Carmen Lucía Antunes, única personalidad oficial que se personó en la región del conflicto carcelario.


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez