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Publicado el 24 Febrero, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

LIBIA

Marco para el caos (+ video)

A más de cinco años de intervención extranjera, la nación africana se sigue desangrando

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Con la desestabilización interna, Libia también es víctima de la emigración desordenada. (www.eltelegrafo.com.ec)

Con la desestabilización interna, Libia también es víctima de la emigración desordenada. (www.eltelegrafo.com.ec)

La realidad parece confirmar la sospecha de muchos: a Occidente no le interesó ni le interesa el verdadero bienestar libio. El terrorismo golpea por todas partes. Luego de la invasión de la OTAN en 2011, dirigida por la Casa Blanca, la inestabilidad reina.

A pesar de que el asunto trata de ser minimizado con frases grandilocuentes de “ya vendrá la tan necesaria paz”, lo cierto es que esta brilla por su ausencia: en Libia existen varios centros de poder repartidos entre el Gobierno de Unidad Nacional (GUN, creado el 19 de enero pasado), instalado en Trípoli y auspiciado por las Naciones Unidas, la Cámara de Representantes de la ciudad de Tobruk –que no reconoce al ahijado de la ONU–, así como remanentes del Congreso Nacional General (GNC), de corte islamista que pretende suplantar al GUN en la capital. Un verdadero rompecabezas político.

Ante este escenario uno no puede menos que recordar con pesar las primeras declaraciones de la exsecretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, una vez conocida la noticia sobre el linchamiento de Muamar al Gadafi. El imperio entonces auguraba un “nuevo amanecer” para la nación norafricana. Ciertamente, lo sucedido fue y es bastante oscuro, a la inversa de los vaticinios.

De país líder en el continente en la producción petrolera, ahora  tiene prácticamente paralizado ese sector, antes beneficioso para el Estado y el pueblo. Como si esto no fuera suficiente, los bancos carecen de liquidez y los indicadores sociales, antaño de los más altos del Tercer Mundo, en 2017 dibujan una realidad social con claridad de tragedia: según estimados de la ONU, 2.5 millones de personas (de seis millones de habitantes) viven en la miseria, la cual ha condicionado que unos 430 mil libios hayan decidido convertirse en protagonistas de una emigración insegura.

Para colmo de males, el autodenominado Estado Islámico (EI) logró penetrar las fronteras terrestres para instalarse en campamentos de rápida movilidad, lo que dificulta su captura. Libia es hoy una tierra fértil para el terrorismo.

Según datos ofrecidos por Prensa Latina, en suelo libio existen 1 700 grupos armados, entre milicias antimperialistas, extremistas o nacionalistas, repartidos en varias zonas de influencia. Su letalidad se acrecienta debido al hecho de que ninguno está sujeto a control. Ni siquiera del Gobierno de Trípoli, el cual carece de legitimación popular. Fue ideado por una organización internacional, compuesta por naciones de la coalición de la OTAN, responsable del estado actual de cosas.

De ahí que, Fiodor Lukiánov, politólogo e investigador ruso, considere que “Libia es, ahora mismo, un agujero negro en el Mediterráneo”. Si se compara esta realidad nacional con el fenómeno astronómico puede decirse que se trata de una energía que lo subsume todo, creando insospechadas y caóticas realidades, incluida la corrupción imperante.

Para el año 2017 el panorama puede complicarse más, pues los acuerdos de reunificación nacional, firmados en 2015, han caído en saco roto debido a la situación incierta durante 2016, cuando jamás se logró llevar a la práctica nada de lo rubricado.

El caso libio es más de lo mismo que ya vemos en Oriente Medio. El imperialismo estadounidense y sus aliados históricos, tienen en perspectiva un rediseño del planeta, y en estas zonas posa su mirada, pero ya sabemos que se extiende más allá. En tales planes sobra todo aquel que defienda la unidad. Público y notorio es que con divisiones y fragmentación de los poderes es más fácil penetrar, dominar y repartirse el botín.

Aunque a la larga el objetivo central siguen siendo Rusia y China, en lo inmediato el cerco se va estrechando al tratar de desestabilizar Siria, queriendo llevar contra las cuerdas a Irán, mientras se alimenta el ego de Israel y se sellan pactos militares con países como Arabia Saudita y Egipto. La llamada Primavera Árabe Libia fue el paso inicial de esta escalada, fase preparatoria para la intervención. Ahora no se sabe qué esperar, porque las potencias occidentales que prohijaron y aplaudieron a EI, están preocupadas por el aumento de su influencia en la región. Cría cuervos…


Fuente: teleSUR tv


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda