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Publicado el 15 Febrero, 2017 por Redacción Digital en Mundo
 
 

EDITORIAL

Migración y derechos humanos

Los muros y las barreras que hoy se construyen podrán obstaculizar la migración, pero no resuelven los orígenes por las cuales millones de seres humanos hoy emigran y continuarán emigrando. La crisis migratoria que tantas muertes ha provocado es el resultado del intervencionismo colonial que en los últimos tiempos, con las llamadas “primaveras” y sus guerras desestabilizadoras, desquició sociedades y dejó destrucción y muerte a su paso, lo cual precipitó la avalancha de refugiados que huyen para salvar sus vidas y la de sus familiares.

La política de mayor control migratorio, cierre de fronteras, expulsión y deportación de migrantes ilegales es una muestra de que las antiguas metrópolis no se han tomado en serio los derechos humanos, o cuando menos los miran según su conveniencia, además de que tienen responsabilidad directa y criminal en las causas que han provocado tanta inestabilidad en la  geopolítica global.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó que el balance provisional de migrantes y refugiados fallecidos a nivel mundial durante el año 2016 fue de casi 7 500 personas y aunque la travesía por el Mediterráneo fue la más letal de todas las rutas usadas, no puede ignorarse la de los refugiados en América Latina, donde se registraron unos 700 fallecimientos, una cantidad superior a los cerca de 500 de los años 2014 y 2015.

Pero el fenómeno de los refugiados, migrantes, víctimas de la trata, robo de cerebros, que involucra a más de mil millones de personas, no tiene solución y continuará agravándose si no cambia la actual situación de pobreza, desigualdad e inequidad que impera en muchos países del Sur. La plena realización del derecho al desarrollo de los países pobres constituye el verdadero camino para equilibrar los flujos migratorios en el mundo del futuro.

Lo peor es que la tendencia es hacia el agravamiento. Así lo demuestran las últimas decisiones adoptadas por el presidente Estados Unidos, a las que se suman las recientes medidas aprobadas por la Unión Europea para impedir el ingreso de inmigrantes.

Lo paradójico es que sus políticas migratorias están llenas de contradicciones, limitaciones y desafíos. Es verdad que hay un sentimiento de rechazo hacia los migrantes, pero sectores enteros de sus economías dependen de esa fuerza de trabajo, quienes en las naciones que los acogen sufren por su vulnerabilidad, especialmente las mujeres y los niños, no solo por la fractura indefinida de muchas familias, sino porque se enfrentan a la discriminación de todo tipo. La mayoría, en su condición de ilegal, se hace aún más indefensa, y soportan crímenes que no denuncian. Además, viven realidades denigrantes como la de ser ciudadanos de segunda o de tercera, sin acceso a serviciosbásicos como la salud o la educación, entre otros derechos de los que están privados.

Cuba conoce muy bien los riesgos cuando no se dispone de una política entre vecinos que garantice una migración regular, segura y ordenada, sobre todo si uno de ellos sostiene medidas económicas coercitivas y extraterritoriales.

Ciertamente, un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales tuvo lugar el pasado 12 de enero con la firma de un acuerdo entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, para eliminar la comúnmente conocida como política de “pies secos-pies mojados” y el programa de admisión provisional (parole) destinado a profesionales cubanos de la salud, que Washington aplicaba en terceros países. Sin embargo, para enfrentar con efectividad las amenazas a la seguridad de ambos países que se derivan de la migración irregular, y alcanzar relaciones migratorias normales entre ambas naciones, será necesario que el Congreso estadounidense derogue la Ley de Ajuste Cubano de 1966, única de su tipo en el mundo.

Las realidades de este mundo globalizado imponen la necesidad inaplazable de la cooperación internacional como bases para la formulación e implementación de las políticas migratorias, un fenómeno transnacional que solo encontrará soluciones mediante la colaboración entre los Estados.


Redacción Digital

 
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