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Publicado el 25 Febrero, 2017 por Marta Sojo en Mundo
 
 

ESTADOS UNIDOS

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El sueño americano es una entelequia que muchos persiguen y pocos encuentran

Por MARTA G. SOJO

La prioridad de Trump seguirá siendo la captura y deportación de personas en situación irregular o con antecedentes criminales, como hicieron otros presidentes anteriorioes. ( 20minutos)

La prioridad de Trump seguirá siendo la captura y deportación de personas en situación irregular o con antecedentes criminales, como hicieron otros presidentes anteriorioes. ( 20minutos)

La ebullición que tiene en estos instantes el tema migratorio en la potencia imperial es grande, tanto por las decisiones anunciadas por Donald Trump durante su campaña electoral y hechas realidad en cuanto ocupó la Casa Blanca, como por los que tienen una posición discordante con ellas, puesta de manifiesto en infinidad de protestas en ciudades estadounidenses.

Incluso hay quienes igualan estas marchas con las que realizaron años atrás los del movimiento de Occupy Wall Street, dirigidas contra el poder absoluto de las empresas y las evasiones fiscales sistemáticas del uno por ciento más rico y que estuvieron inspiradas en las condenas en España en 2011, por el conocido Movimiento 15-M.

Al nuevo Gobierno norteamericano le preocupa la migración, ni más ni menos de lo que preocupó a otros que ocuparon el cargo en la Casa Blanca, que aunque discursivamente parecen defenderla, en el fondo hacen maniobras para detenerla. Hay muchos políticos y ciudadanos, que también lo consideran un asunto de alto riesgo, e incluso temen que llegue el día en que los anglos sean minoría dentro de Estados Unidos. Más allá de las razones de seguridad que esgrime el Gobierno, detrás de la fachada existe una atmósfera perniciosa de xenofobia.

Trump acometió contra dos flancos de la inmigración, el de los latinos al decretar su deportación, y con redadas en búsqueda de los sin papeles. Además negó dar la ayuda federal a las llamadas “ciudades santuarios”, lugares donde, considera el Gobierno, los funcionarios locales no persiguen con el rigor exigido a los inmigrantes ilegales.

La otra lanza fue contra varias naciones de Oriente Medio, a cuyos ciudadanos les prohibió la emisión de visados y la entrada al país; al igual, se suspendió el Programa de Admisión de Refugiados durante cuatro meses y en lo referido a los sirios, una prohibición indefinida de ingreso al país; sin embargo ese veto inmigratorio fue eliminado por los tribunales.

El éxodo hacia Estados Unidos no es un problema nuevo. Precedentes administraciones han aplicado normativas e incentivado leyes al respecto, han deportado ilegales en cifras elocuentes. Obama, especialmente, batió palmas e incluso récords. La cuestión en Trump es que es más ríspido y menos envolvente en su lenguaje a la hora de emitir sus proyectos.

Como decía el ganador del Premio Literario Casa de las América 2013 en la categoría ensayo de tema histórico-social, Jesús Arboleya, “la personalidad del nuevo presidente incorpora cierta sensación de irracionalidad a su discurso y efectivamente algunas de sus propuestas asustan por su proyección y contenido. Sin embargo, no debemos engañarnos, Trump parece ser un hombre hábil y decidido, con una agenda que se corresponde con los intereses de los sectores que lo llevaron a la presidencia y con la ideología que estos grupos representan”.

Después de reveses y pugnas con el poder judicial la administración Trump reacomodó su plan al implantar nuevas directrices para reforzar el control migratorio en EE.UU., que incluye acelerar el proceso de deportación de inmigrantes indocumentados y contratar a 15 000 nuevos agentes para el control a los inmigrantes, 10 000 para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y 5 000 más que trabajarán en la Oficina de Aduanas y Fronteras (CBP).

Según lo publicado se dará prioridad a la deportación de los que tengan antecedentes criminales, así como aquellos que sean considerados como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos o que hayan abusado de su sistema de beneficios. Sin embargo, mantiene las medidas de protección aprobadas durante el gobierno de Barack Obama para los inmigrantes que entraron ilegalmente al país siendo niños.

El desplazamiento de personas es un problema global, y citando de nuevo a Arboleya, “los inmigrantes, en definitiva, son un problema que Trump achaca a otros países, sin reconocer que sus causas fundamentales son de naturaleza endógena, resultantes del propio sistema norteamericano y sus relaciones con el resto del mundo”.


Marta Sojo

 
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