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Publicado el 14 Febrero, 2017 por Prensa Latina en Mundo
 
 

Una historia de amor

Papito es inquieto, fuerte, practica deportes, ríe... y recientemente compartió con sus amigos en el país al que desean regresar sus padres, Rufino y Odalys, para desde allí seguir alimentando esta historia que, como los cuentos infantiles, tuvo un final feliz

Bela, Bela, Sudáfrica, 14 feb (PL) El médico Rufino Ricardo, uno de los más de 400 cooperantes cubanos de la salud en Sudáfrica, tiene la miel en sus palabras, quizás por eso es pediatra y su amor por los niños inmenso.

Nacido en Holguín, una provincia del oriente de la isla caribeña, ha sido por muchos años integrante del colectivo del Hospital Octavio de la Concepción y de la Pedraja.

Graduado en 1975. Estuvo previamente en Zambia, ‘de 1987 al 1991 y luego a comienzos del 1996 pidieron médicos para venir a Sudáfrica. Me preparé, hice los exámenes y desde el 20 de agosto de ese año estoy aquí’, narra en diálogo con Prensa Latina.

Así comenzó el camino del doctor Rufino en esta tierra del sur de África. A su arribo lo destinaron a Bela Bela (antes Warmbaths), pequeña ciudad de la norteña provincia de Limpopo, donde todavía presta sus servicios como pediatra.

Como todo inicio, ‘fue duro’, indica, mientras repasa aquellos primeros instantes. ‘El hospital fue transformado de privado a público. No había médicos. Comenzamos un grupo de cinco doctores cubanos, un internista, un ginecobstetra, un anestesista, un cirujano y yo’.

Recuerdo que las niñas ingresaban en las salas de medicina de mujeres y los niños en la de los hombres. No había un espacio para la pediatría, tampoco existía la neonatología, imagina que nosotros ingresábamos esos casos en la sala de cirugía.

Pasado un tiempo el gobierno sudafricano creó la sala de maternidad y entonces sí se abrió una sala de neonatología con mucho espacio, incubadoras y los servicios de un hospital regional, que de hecho se convirtió en centro de referencia.

Eterno inconforme con su trabajo, el doctor Rufino reconoce que se ‘ha hecho bastante’ en estos años, ‘pero uno siempre quisiera hacer más’.

Y dice que una de las mejores cosas que le ha ocurrido aquí es el ‘agradecimiento de la gente pobre, del pueblo de Bela Bela’, en especial, porque como llevo tanto tiempo, ‘puedo afirmar que han pasado por mis manos generaciones de sudafricanos’.

Sonríe tras la anterior afirmación y explica que ‘hice partos, atendí a niños que los vi crecer, hacerse adolescentes y luego padres y madres y que ahora nos traen a sus hijos’.

A veces me sorprendo cuando alguien me interpela en la calle con un ‘Doctor Ricardo’ y mi memoria se queda como buscando, entonces viene la frase mágica ‘usted no se acuerda, yo soy…’, eso me llena de satisfacción, añadió.

Lamenta que entre las enfermedades más frecuentes entre los recién nacidos se encuentre la prematuridad; además, la alta incidencia de SIDA entre las mujeres embarazadas.

‘Es triste que a pesar de ser este un país muy rico, también es muy pobre a la vez. Hay enormes desigualdades. Nosotros los cubanos -subrayó- atendemos a esa parte que es la mayoría, esos que están enfermos de pobreza’.

Entonces la conversación se desvía. Hay un niño que juega muy cerca de él: ‘Papito es una historia de amor’, afirma el doctor Rufino sin necesidad de una pregunta de la reportera.

Poco a poco empezó a narrar ‘cómo llegó esa felicidad a nuestras vidas’ y narra que él y su esposa Odalys Hernández, llevaban casados más de 20 años y nunca fue posible lograr un hijo en común (ya Rufino tenía la experiencia de la paternidad de un matrimonio anterior).

‘Imagínate yo pediatra!’, exclama al explicar que un buen día conoció a un bebé en una casa de cuidado y ‘desde que lo observé que se parecía en cierta forma a nosotros’.

A partir de ese momento todo daría un giro tanto para Rufino y Odalys y también para aquel pequeño abandonado que ‘íbamos a visitar casi todos los días, era un lactante y tenía alrededor de siete u ocho meses’.

De inmediato pensamos en la adopción. ‘Cuando cumplió el año se lo celebramos, cuando se enfermaba, lo ingresábamos. Y Odalys comenzó a sentirse madre y yo el padre de ese niño’.

Ocurrió una etapa de separación de ‘Papito’. ‘Estábamos desesperados, ya nos habíamos tomado mutuo cariño’, recuerda y su mirada se nubla cuando ‘pienso en las condiciones en que al final lo encontramos’.

Después de muchas piedras en el camino, Papito o mejor Ernesto Ricardo Hernández, es actualmente el hijo ‘con papeles’ de Rufino y Odalys.

Pasaron varios años. ‘Hoy tiene nueve años. Él sabe que no nació del vientre de su mami. Habla incluso mejor el español que el inglés’, cuenta Rufino.

Papito es inquieto, fuerte, practica deportes, ríe… y recientemente compartió con sus amigos en el país al que desean regresar sus padres, Rufino y Odalys, para desde allí seguir alimentando esta historia que, como los cuentos infantiles, tuvo un final feliz.


Prensa Latina

 
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