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Publicado el 8 Marzo, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

PALESTINA-ISRAEL

¿Hasta cuando?

Estados Unidos privilegia al fuerte frente al débil, al ocupante frente al ocupado

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Más allá de las consignas alentadoras a favor de una causa noble, la cuestión palestina se defiende a sí misma de seguirse la estela histórica que la ha colocado hoy como uno de los casos de descolonización pendiente en el mundo.

No es ocioso recordar que en 1947, la entonces Liga de las Naciones abogó por la creación en Palestina de dos Estados independientes. Esta idea fue rechazada por los árabes quienes temían una supremacía sionista en la política internacional dadas las influencias del Hogar Nacional Judío (ONJ), ideado por el austriaco Theodor Herzl (1860-1904). El hecho innegable de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial en contra de los judíos, sirvió de argumento para sopesar seriamente la propuesta.

En Palestina (Sion para los judíos, por la Biblia) habían convivido ambas naciones en relativa buena vecindad durante siglos. En el año 1922, el primer censo dio una población total de 649 mil 48 habitantes: 75 por ciento de musulmanes, 13 por ciento de judíos, y 11 por ciento de cristianos. En la década de 1920 entraron a Palestina, 100 mil judíos, principalmente captados por el anticomunismo en la ex Unión Soviética.

Al final venció el alegato que defendía a aquellos “más sufridos”, desconociendo por completo a los árabes bajo mandato de Gran Bretaña, luego de la disolución del Imperio Otomano. Muchos de los teóricos del sionismo habían desarrollado su actividad proselitista en Estados Unidos, con un imponente despliegue financiero y fuertes nexos con la Casa Blanca.

Con esta última carta bajo la manga, el ONJ instituyó una sólida estructura, la cual creó un cuerpo élite de francotiradores, decisivos para el “convencimiento” de los palestinos. La emigración o éxodo nunca fue voluntario; cientos de miles de hombres y mujeres fueron sacados de sus casas a punta de fusiles en una verdadera limpieza étnica. El mundo, mayormente concentrado en una Europa nueva, divida entre la Unión Soviética y Occidente, fue timorata en sus exigencias hacia el ya constituido Israel (14 de mayo de 1948), encubriendo sus maniobras expansionistas, multiplicadas en 1967; consolidación del sionismo.

Y llegó el 2017. Tras un camino de conversaciones bilaterales frustradas, los palestinos no se han cruzado de brazos, por el contrario, resisten. Ante ese tesón muchos se preguntan cómo es posible que todavía el Estado Palestino no exista. Por la sencilla razón de que Israel se escuda, oportunistamente, en unos pretendidos derechos milenarios, del que se considera heredero bíblico. Tan es así que el parlamento israelí, este 6 de febrero, promulgó una ley, certifica como legales cuatro mil casas judías, levantadas en propiedad privada de la Cisjordania ocupada. Israel ha construido más de estos 120 asentamientos, llamados judiciales.

La comunidad internacional se opone abiertamente a esas construcciones pero Estados Unidos, sí las aprueba. A finales del 2016, el Consejo de Seguridad de la ONU trató de adoptar una resolución condenatoria contra los asentamientos israelíes. La abstención yanki lo impidió. E incluso, Donal Trump, le ha echado más leña al fuego al querer trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv hacia Jerusalén, ciudad revindicada por los palestinos como su capital única e indivisible.

Desde el Norte se trata de entorpecer cualquier solución con el argumento de que las exigencias de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) han dejado de ser viables por obsoletas. De lo que se trata es de aplicar la tesis del Fin de la Historia, de Fukuyama, con el endeble argumento de que no hay sitio para el retorno de los exiliados palestinos, y mucho menos para un Estado Palestino en las fronteras anteriores a 1967, pues ya hay gente judía muy bien colocada en ellas. Esto es mentira: el pueblo palestino lo forman los 3,8 millones de residentes en Gaza y Cisjordania más los refugiados por todo el mundo.

Se quiere ocultar que el actual poderío sionista se levanta a partir del apoyo irrestricto yanki hacia su principal aliado en Oriente Medio, región amenazada no solo por el terrorismo islámico sino por el Terrorismo de Estado de Israel. Ideología puesta de manifiesto en 2014 cuando la matanza aérea contra la Franja de Gaza (territorio libre palestino), que si bien indignó a la opinión pública mundial, a la larga no pasó nada. El archiconocido padrino de Israel ejerce su influencia en todos los foros, y además, porque el poder concreto, expresado en política internacional en una real incidencia en terceros, todavía le pertenece a Estados Unidos. El mundo dista mucho de una multilateralidad, a pesar de los avances de los últimos 40 años.

Erin Barclay, embajadora estadounidense en el Consejo de Derechos Humanos, declaró a la prensa, este 26 de febrero, que su país valora la posibilidad de retirarse de ese organismo si sus integrantes siguen “discriminando” a Israel. Lo de siempre; el lobo convertido en oveja. ¡Luchemos por cambiar esta realidad, cada quien desde sus posibilidades y trincheras!


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda