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Publicado el 11 Marzo, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

La más peligrosa de las regiones

Masacres y homicidios enlutan cada año cientos de hogares, a pesar de los esfuerzos gubernamentales

Por ARSENIO RODRIGUEZ

A pesar de acciones en su contra, las pandillas siguen dominando las calles de estas naciones. (Foto AFP)

A pesar de acciones en su contra, las pandillas siguen dominando las calles de estas naciones. (Foto AFP)

Luego del término de los conflictos armados en Centroamérica, a finales de los 80 del siglo pasado, en la región comenzó un trágico proceso que provoca sea reconocida en la actualidad como una de las zonas más peligrosa del mundo, con la mayor tasa de homicidios producto de una violencia cotidiana, en especial por el enfrentamiento entre bandas criminales.

Expertos coinciden en que el mayor número de asesinatos por cada 100 mil habitantes se producen en Guatemala, El Salvador y Honduras. Son múltiples las manifestaciones de esa violencia, pero sobre todo entre los grupos de poder, como narcotraficantes, maras y aparatos policiales y militares.

Los llamados países del Triángulo Norte centraron su lucha contra la violencia especialmente en contra de las pandillas de delincuentes, entre ella la Mara Salvatrucha o el Barrio 18 mediante una mano dura para acabar con la barbarie que prevalece en las calles de las principales ciudades de estas naciones, aunque con resultados muy modestos, salvo en El Salvador donde se registran ciertos avances.

Por ejemplo, en El Salvador se logró disminuir la cifra de homicidios entre el 2015 y el 16 de 6,656 a 5,278, según reportó la agencia Reuters en enero del presente año. No obstante, lo alcanzado ha sido mínimo, ya que prevalecen las acciones armadas y los crímenes de las pandillas, que en muchas ocasiones cuenta con el apoyo de policías corruptos.

En el caso de Honduras, para poner otro ejemplo, se registraron al menos 336 muertes violentas en enero del presente año. Es decir, más de 10 víctimas fatales cada día, según reveló el Observatorio de la Violencia de la Universidad Autónoma de esa nación centroamericana, aunque fueron 46 casos menos que en igual período de 2016. No obstante, esa institución precisa que aunque disminuyeron el número de víctimas fatales, las masacres y homicidios múltiples persisten como parte de la realidad de esa nación.

A pesar de acciones en su contra, las pandillas siguen dominando las calles de estas naciones. (Foto AFP)

A pesar de acciones en su contra, las pandillas siguen dominando las calles de estas naciones. (Foto AFP)

Por esa razón 28 personas perdieron la vida en un total de ocho matanzas a nivel nacional. Ello confirma por qué se le considera a Honduras uno de los países más peligrosos del planeta. Con una de las mayores tasas de homicidios de América Latina, allí mueren asesinadas cada año 60 personas por cada 100 mil habitantes, mientras que el promedio mundial es inferior a nueve.

Hasta el momento no han dado los resultados esperados las acciones de los tres gobiernos, que incluso ha unido fuerzas para combatir el mal. Solo El Salvador ha logrado modestos avances, porque no se trata solo de la criminalidad, sino de la terrible situación económica que viven estas naciones, donde a la juventud le resulta harto difícil encontrar trabajo.

El año 2016 registró un total de 16 mil homicidios conocidos en el Triángulo Norte de Centroamérica. En Guatemala, donde se calcula que existieron unos 5 mil 459 los asesinados en ese período, equivalente a 34,1 por cada 100 mil habitantes; en El Salvador 5 mil 278 (81,2 x 100 mil) y en Honduras 5 mil 072 (58,2 x 100 ml).

Las autoridades de estas tres naciones coinciden en atribuir buena parte de los homicidios a las pandillas Mara Salvatrucha, MS-13 y Barrio 18 que mantienen en barrios pobres de la región un constante reclutamiento de jóvenes mediante el reparto de los recursos que generan las extorsiones a las que se dedican.

Otros se ven sin empleo y marchan al exterior, sobre todo hacia Estados Unidos, para intentar obtener una situación económica que les permita formar familia y alcanzar otro nivel de vida. De hecho, se ha formado un círculo vicioso donde no se ha logrado acabar con estas pandillas y garantizar la seguridad a los ciudadanos.

Evidentemente no solo son necesarias las buenas intenciones, sino el apoyo económico necesario para acabar con esta verdadera tragedia social, que hace aún más difícil la desigualdad existente de pocos con mucho dinero y la mayoría al borde del hambre. Hasta el momento, no parece que exista la posibilidad de poner fin a lo que constituye un verdadero flagelo para los centroamericanos.


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez