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Publicado el 28 Marzo, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

CHINA

Oportunidad frente a los retos

A pesar de percibir al gigante asiático como una amenaza, Estados Unidos reevalúa algunas de sus posturas

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Estados Unidos y China trataron al más alto nivel temas de interés internacional

Estados Unidos y China trataron al más alto nivel temas de interés internacional

El espectacular aumento de la capacidad económica de la República Popular China (RPCH) la ha colocado en el centro de la globalización, compitiendo con Estados Unidos en el tablero geopolítico, lo cual es visto por la nueva administración estadounidense como un freno para su desenvolvimiento. No obstante, el comercio bilateral actual sigue siendo significativo, al superar los 500 000 millones de dólares.

Y a pesar de las promesas electorales de Donald Trump de elevar los aranceles a los productos chinos, la política exterior del Imperio ha debido atemperar su discurso, teniendo en cuenta, no solo la firmeza del Gigante, sino también previendo todo lo que puede aportar a la estabilidad mundial.

Y ese fue un punto focal de la reciente visita a Beijing del secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson. En un gesto cordial el alto funcionario fue recibido, este 19 de marzo, por el mismísimo presidente de la RPCH, Xi Jinping, quien convino con su invitado en trabajar por una relación distendida.

China está imbricada en un gran sistema integrado de producción asiático, tiene la mayor población del planeta, y su tasa de crecimiento sostenido, de seis por ciento, le ha aportado más del 25 por ciento al PIB total mundial. El Gobierno chino y su Partido Comunista se distinguen por su largo emprendimiento contra la pobreza, ahora encaminada hacia una sociedad medianamente acomodada, con innovación tecnológica, actualización industrial y cuidado del medioambiente. Obviamente, no sin errores y dificultades.

Los chinos también han sido diestros a la hora de colocarse en el nuevo centro de poder de la mano de su capacidad financiera. En este contexto Beijing fundó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Se trata de un organismo multilateral y alternativo a las instituciones financieras dominadas por Washington.

La eficacia de esta “diplomacia” es reconocida por sus contendientes, pues la RPCH ha tratado de evitar una desestabilización del sistema financiero internacional al manejar este peculiar banco con yuanes, e incluso con dólares estadounidenses. Y varios de los préstamos aprobados tienen el apoyo de importantes economías occidentales, lo que demuestra su empuje. Es más, China es un muy significativo acreedor de Estados Unidos, que acumula miles de millones de dólares de su deuda pública, y esto ejerce una influencia indudable en la percepción de su habilidad como potencia emergente.

Por eso, si se trata de jugar duro hay que contar con China y su sabiduría milenaria, evidenciada en las palabras de Xi Jinping dirigidas a Tillerson: “Es importante que incrementemos la confianza y el entendimiento mutuo, revisando nuestros vínculos desde perspectivas estratégicas y a largo plazo”.

Los beneficios derivados de un eventual entendimiento habría que vincularlos al mantenimiento de la paz regional, imprescindible para otra de mayor envergadura y durabilidad. Hace unos años atrás, el Comandante en Jefe Fidel Castro reflexionó sobre el peligro de una Tercera Guerra Mundial que pudiera comenzar por Asia, más específicamente por la península coreana.

Y es en este escenario donde la mediación china es fundamental, por lo que el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi propuso que Corea del Norte detuviera las actividades nucleares y en contrapartida, Estados Unidos y Corea del Sur deberían suspender los ejercicios militares conjuntos.

¿Están dispuestas ambas partes a chocar frontalmente? Las armas nucleares no proporcionan ninguna seguridad, por el contrario, incrementan el peligro de aniquilamiento total. Junto con su llamamiento a Pyongyang, Wang conminó al desmantelamiento del escudo antimisiles estadounidense en Corea del Sur, que cubre más allá de la península coreana y China. Esta tiende una rama de olivo pero al unísono exige respeto a su sistema político e integridad territorial (con Taiwán incluido). Y eso, Estados Unidos debería tenerlo en cuenta ante la perspectiva de retos internos y globales.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda