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Publicado el 28 Marzo, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

VENEZUELA

Otra vez la OEA

Frente a la injerencia yanqui marcha el pueblo venezolano
-La embajadora venezolana en la OEA, Carmen Luisa Velásquez desenmascaró las intenciones de Almagro. (Foto: CNN)

-La embajadora venezolana en la OEA, Carmen Luisa Velásquez desenmascaró las intenciones de Almagro. (Foto: CNN)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Cuando los políticos de derecha se llenan la boca diciendo que su objetivo supremo es “salvar la democracia” ya se sabe que traman otra artimaña para perpetuar el poder y su hegemonía que los coloque en el camino de la riqueza. Pero cuando esos argumentos se dan en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) hay una diferencia de matiz, pues si bien también buscan la supremacía de sus intereses, estos en cambio no responden solo a las oligarquías nacionales, sino a las añoranzas de Estados Unidos, el cual no se resigna a perder el dominio sobre Latinoamérica.

En la OEA un personaje se destaca por su incondicionalidad a los yanquis. Olvida su procedencia de una nación que lleva décadas intentando mejorar la vida de los humildes. El uruguayo, Luis Almagro, secretario general de ese organismo, se esfuerza mucho, muchísimo en derrocar al gobierno de Venezuela, democráticamente elegido, fiel a los ideales de Hugo Chávez, de Bolívar y su pueblo, ahora encarnados en la figura de Nicolás Maduro.

Almagro ya no sabe qué hacer para que la nación sudamericana sea suspendida de la OEA. Como antes con Cuba, excluida en 1962 por el “delito” de ser socialista e independiente, ahora en este 2017 se pretende la exclusión de Venezuela por la “osadía” de andar con pies propios.

Lograr este objetivo no es para nada sencillo porque se necesita el apoyo de dos tercios (24) de los 34 países miembros. Para suspender a un país, Almagro tendría que conseguir que sea invocada la Carta Democrática Interamericana, instrumento jurídico aprobado en 2001 por todos los Estados miembros, con el supuesto fin de proteger la democracia en la región.

Algunos expertos consideran que el valor de la suspensión radica en su carácter de sanción política y moral de unos gobiernos sobre otros. En el caso que nos ocupa la moralidad se siente dudosa ya que arremete contra uno de los que más está empeñado en trabajar por el bien de la gente, mediante disímiles programas económicos y misiones sociales. Pero claro, su línea política se basa en el irrenunciable principio de soberanía, y ya se sabe que a Washington eso le suena a subversivo y a amenaza a su seguridad nacional. Y Almagro, ni corto ni perezoso, está demostrando ser el velador supremo de esos intereses.

Intereses asumidos también por la oposición derechista venezolana, que fue a llorarle a Almagro en la sede de la OEA, en el corazón del imperio. El susodicho personaje se reunió con algunos familiares de “presos políticos” venezolanos, que no son otra cosa que autores intelectuales y materiales de las llamadas guarimbas donde murieron personas inocentes.

Al pueblo honesto que defiende las ideas bolivarianas y resiste la guerra económica y mediática, convocaba Maduro, al cierre de esta edición, para una gigantesca movilización en protesta contra el servilismo de Almagro y los vende patrias, quienes tienen un fuerte control de la Asamblea Nacional venezolana. De ahí que lograron que se aprobara la solicitud de activar el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana.

En una táctica ágil e inteligente, Maduro condenó el proceder de la derecha durante el Congreso de la Patria Ecosocialista, desde donde llamó a la conciencia nacional y a la unión cívico militar. Recordó que “ese documento firmado, sellado y aprobado es para que Venezuela se convierta en colonia de Estados Unidos; a Venezuela la vamos a defender con nuestra propia vida y con el pueblo en las calles”, apuntó.

Está por ver si Almagro logra ganarse un pase VIP en el salón oval de la Casa Blanca con este gesto beligerante contra Venezuela. De conseguirlo podría convocar a elecciones presidenciales, su sueño dorado: acabar con el chavismo de Maduro.

La lucha es y seguirá siendo enconada; los simpatizantes de la Revolución bolivariana –millones de hombres y mujeres– se mantienen firmes, mientras en Washington, la representante venezolana ante la OEA, Carmen Luisa Velásquez, acusó a Almagro de tener “fines proselitistas” y de estar vendido al imperio. Adelantó que pedirá al Consejo Permanente consultas con los otros 33 estados miembros para analizar su conducta “deplorable”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda