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Publicado el 24 Marzo, 2017 por Mariana Camejo en Mundo
 
 

HOLANDA

Respuesta a los delirios de la ultraderecha

Las elecciones culminaron con la victoria del primer ministro Mark Rutte frente a la amenaza que representaba el ultraderechista Geert Wilders
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Mark Rutte celebra el triunfo del Partido Popular. (elpais.com)

Mark Rutte celebra el triunfo del Partido Popular. (elpais.com)

Por MARYAM CAMEJO

La felicidad no le duró mucho a Geert Wilders. Bailó antes de tiempo al ritmo de las encuestas de intención de voto, que muchas veces lo apuntaron como ganador. Pero al final, los holandeses eligieron al parecer de manera sensata. El Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), del primer ministro Mark Rutte, se mantuvo como la primera fuerza, consiguió 33 escaños en un Parlamento de 150 diputados, y deberá ahora conformar una coalición de al menos 76 asientos para mantenerse en el gobierno.

Esta victoria no solo se debe al descabellado carácter de las propuestas de Wilders, sino también a otros dos factores fundamentales que todos los medios reconocen como decisivos en el resultado de los comicios; la gestión del primer ministro frente a la crisis con Turquía y la masiva movilización de votantes, que alcanzó el 80 por ciento de participación, la más alta en 30 años.

El riesgo de una Europa con la derecha radical en el poder, es, aun con el fracaso de Wilders, una amenaza latente, sobre todo ahora que Marine Le Pen parece tener  posibilidades de vencer en Francia.

Pero este resultado demuestra que el discurso racista, xenófobo y nacionalista puede detenerse con la movilización de un electorado moderado, que rechace los delirios de pureza tradicional cultural de los países, de eliminación de mezquitas y escuelas islámicas –importantes propuestas de Wilders– hasta acaloradas apologías a Israel y su papel en Oriente Medio, y el rescate de la identidad nacional. Se trata de defender valores que son más bien anti-valores, la historia de cuando una región no supo cómo salir de las varias crisis que enfrentaba, y la única solución fue sembrar el miedo, acudir al discurso de odio, y crear un enemigo ficticio, para darles a los ciudadanos un culpable sobre el que descargar sus frustraciones. Esto es lo que Holanda rechazó.

Incluso Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea felicitó al país que optó “por Europa y contra el extremismo”. La canciller alemana Angela Merkel y el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Jean-Marc Ayrault, se sumaron a las felicitaciones. Ahora, ellos también respiran menos sobresaltados. Sería ingenuo pensar que desaparece así el peligro de una ultraderecha más poderosa. Solo podemos decir que esta vez, se contuvo la avalancha.

Wilders asumió la derrota pero advirtió que no se ha ido a ningún lado. “Esto es una primavera patriótica. Yo soy un luchador y no un populista. Nuestra influencia es grande”, aseguró. Dijo, además, que se ocupará de hacer “una fuerte oposición” al ejecutivo que se forme.

El panorama político holandés quedó definido: el partido ultraderechista en segunda posición con 20 diputados, el social-liberal D66 obtuvo 19 escaños, en empate con la democracia cristiana (CDA) y un poco más abajo se encuentra la formación política verde de izquierda (GroenLinks), que sorprendió cuadruplicando su último resultado. Otros partidos, entre los que destaca el tradicional socialdemócrata (PvdA), tuvieron su peor resultado en décadas pasando de 38 escaños a solo 9, luego de un mal desempeño en la coalición de gobierno.

Ahora se aproximan las negociaciones para conformar gobierno. Se proyecta que el VVD (liberal), junto al D66 (social-liberal) y el CDA (demócrata-cristiano) sean los principales partidos de la futura coalición gobernante. Sin embargo, deberán invitar a un cuarto elemento para lograr la mayoría en el Parlamento.

La ultraderecha europea que tanto auge ha alcanzado en los últimos tiempos, sufrió un duro revés con la victoria de Routte. Justo y necesario para que Europa no caiga de lleno en una época de oscurantismo en temas de igualdad, tolerancia y convivencia. El racismo no debería ser, bajo ningún concepto, la razón para eufóricos gritos de aprobación de quienes intentan revivir el capítulo nazi.

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Mariana Camejo

 
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