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Publicado el 27 Marzo, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

SIRIA

¿Se alcanzará la paz en 2017?

Consolidar el cese de las hostilidades y animar al  diálogo es el empeño de muchos en el mundo, no sin pe ligros latentes

 

 

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Seis años ya de conflicto en Siria. Intervenciones, destrucción y muerte; pero también tiempos de resistencia, donde el terrorismo se ha estrellado contra la muralla del ejército y del pueblo sirio, que ha ido liberando al país. La ayuda militar de Rusia, Irán, y la milicia libanesa Hizboláh han sido inestimables para un eventual triunfo. En Alepo, por ejemplo, los terroristas perdieron el 85 por ciento del territorio que controlaban desde hacía tres años. Y así en toda la geografía nacional.

El 15 de marzo de 2011 comenzó una ofensiva contrarrevolucionaria que quiso emular con las sacudidas de otras naciones árabes, solo que en Siria la desestabilización no tuvo un objetivo redentor sino que estuvo atizada por los intereses geoestratégicos de Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, quienes auxiliaron a la oposición interna, que derivó en varios grupos armados beligerantes.

El coordinador de Asuntos Humanitarios de la ONU, Stephen O’Brien, aspira a que el 2017 se convierta en el año de la paz en Siria. Para ello es preciso un mayor ejercicio de la diplomacia con menos trabas a la conciliación de parte de algunos opositores y de los yanquis, quienes hasta 2016 pedían la salida del actual presidente sirio Bashar Al Assad.

Al cierre de esta edición se estaba coordinando una nueva ronda de negociaciones en Ginebra con una agenda amplia que debe chequear acuerdos previos referidos al alto el fuego, la creación de una comisión de trabajo para el canje de prisioneros de guerra, el desminado de instalaciones humanitarias, incluyendo las obras protegidas por la Unesco, y las cuestiones de carácter estrictamente militar. Incluso existen indicios de que Moscú podría proponer un borrador para una nueva Constitución. En ese sentido el enviado especial de Naciones Unidas, Steffan de Mistura, confirmó a la prensa que el 23 de marzo, en la ciudad suiza, también se analizaría la conformación de un Gobierno de transición y la celebración de elecciones bajo supervisión de la ONU.

Cuando existen estos avances por el camino no cabe menos que preguntarse: ¿por qué ahora es que la Casa Blanca insiste en reforzar su presencia con el envío de una decena de marines de élite al terreno? Una de las respuestas pudiera estar en el posicionamiento dentro de la nación árabe, de la que demoraría su salida haciendo muy compleja una verdadera emancipación nacional Tal vez otra respuesta radique en que tratan de limpiar su imagen, pues es harto conocido la vinculación de Estados Unidos y sus aliados, con los monstruos de mil cabezas de Al Qaeda, el Estado Islámico y otros engendros semejantes.

A la luz de la historia del último siglo, todo apunta a los apetitos imperiales de siempre. La división y la destrucción de Siria como estado-nación soberana y funcional, a la par de acabar con una democracia autóctona, también puede ser entendida como un punto de partida a una posible, y soñada, conquista de Irán.

Tanto Damasco como Teherán representan un muro de contención a la doctrina sionista de Israel que desea adueñarse definitivamente de Palestina y de más allá, sin desdorar el factor de los recursos naturales, eterno leit motiv de las guerras coloniales. Siria no es un exportador significativo de petróleo, pero varias partes de su territorio sirven como parada en el tránsito energético por colindar con Irán. Asimismo su papel regional podría ser mayor si se hace efectivo el deseo de las autoridades sirias de convertir al país en un nuevo miembro de la Unión Económica Euroasiática que contempla la creación de zonas económicas especiales.

Y entonces, echando mano una vez más a la historia, es previsible que sus futuros socios comerciales vayan a moverse en el espectro ruso, árabe, persa y hasta europeo, pero es poco probable que los estadounidenses fueran privilegiados con este potencial desarrollo.

Quizás la paz tampoco llegue este año, pero la suerte está echada. Washington ha tenido que dejar, aparentemente, sus intereses hegemónicos, y sumarse a la solución del conflicto, dado el empuje de Moscú y sus victorias militares. Mientras, a Siria se le ve con esperanzas por defender a la patria en épocas donde el neoliberalismo insiste en quebrantar la soberanía de las naciones.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda