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Publicado el 21 Marzo, 2017 por Marieta Cabrera en Mundo
 
 

DOMENICO SESTA

Un hombre solidario

BOHEMIA comparte con sus lectores momentos de la vida de un italiano ocupado, durante casi tres décadas, en conducir un proyecto de cooperación de trabajadores y organizaciones sindicales de su país con otros pueblos
Sesta, junto a su esposa Anna Spencer, durante el más reciente viaje de ambos a Cuba para chequear la marcha de las acciones realizadas como parte del proyecto. (Foto: GILBERTO RABASSA)

Sesta, junto a su esposa Anna Spencer, durante el más reciente viaje de ambos a Cuba para chequear la marcha de las acciones realizadas como parte del proyecto. (Foto: GILBERTO RABASSA)

Por MARIETA CABRERA

Lo primero que Domenico Sesta le dijo a la joven inglesa Anna Spencer –su esposa desde hace cinco décadas– cuando la conoció en 1966 fue: “Yo soy comunista”. La muchacha apenas se encogió de hombros. Hoy, al evocar aquel día, confiesa que entonces a ella no le interesaba la política, solo le atrajo el físico de aquel hombre y la forma en que hablaba. “Sin embargo, con él aprendí a ver el mundo con otros ojos”.

Por aquella época, Sesta, nacido en Cerdeña, era obrero en la compañía aérea Alitalia, a la cual llegó con 22 años, en 1959. Poco después fue elegido por el sindicato para representar a los trabajadores a nivel de empresa, e inició así una intensa labor como dirigente sindical que se extendió hasta 1983.

Al rememorar esos tiempos, Domenico Sesta, a quien todos llaman Mimmo, cuenta a BOHEMIA que en 1966 hubo una batalla muy dura en dicha compañía para renovar un contrato de trabajo. “Se hablaba de aumentar los salarios y mejorar las condiciones. Hubo huelgas y la policía arrestó a unos 20 trabajadores, entre los cuales estaba yo. Fui condenado a 21 meses de prisión, pero otorgaron una amnistía y no fui a la cárcel”.

En esa etapa era secretario nacional del sindicato de los trabajadores del transporte aéreo, pero debido a sus discrepancias con quienes dirigían la Confederación General Italiana de los Trabajadores (CGIL), mayor sindicato de izquierda en su país, renunció al cargo y retornó a su puesto de obrero.

“Tres años después el sindicato y el partido me pidieron volver a desempeñar labores sindicales y acepté”, relata Mimmo. En este período, la CGIL unificó a todos los trabajadores del transporte y lo eligieron secretario del sindicato de esa rama en la región Roma-Lazio, tarea que cumplió durante un lustro.

Fue un momento muy difícil también, admite, pues tuvo nuevamente desacuerdos con la dirección de la central sindical acerca de un referendo efectuado para saber si los trabajadores aprobaban o no un contrato laboral. “Yo conocía que ellos lo habían refutado, pero el nivel superior planteaba lo contrario. Mi idea era hablar con los obreros para explicarles cuál era la situación, no decirles: esto es lo que hay y ustedes lo deben aceptar”, recuerda.

Mimmo (en primer plano) durante una manifestación obrera en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci, en Italia, por los años 70. (Foto: CORTESÍA BELÉN IGLESIAS)

Mimmo (en primer plano) durante una manifestación obrera en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci, en Italia, por los años 70. (Foto: CORTESÍA BELÉN IGLESIAS)

Luego de las reiteradas diferencias, la CGIL le sugiere pasar a dirigir la solidaridad internacional y, en 1988, lo nombra responsable del Proyecto Sviluppo en la región Roma-Lazio. “Se trata de una asociación no gubernamental, perteneciente a la CGIL, que trabaja desde su fundación en 1986 a favor de la cooperación con países en vías de desarrollo”, explica Mimmo.

Una caravana de solidaridad con el pueblo saharaui en 1991 –a la que siguieron otras tres con igual destino– fue la primera misión que organizó Domenico Sesta. “Incluía camiones, autobuses y otros medios de transporte cargados de diversos artículos para los campamentos de refugiados saharauis en Argelia. Por ejemplo, en esa ocasión llevamos materiales de construcción e instrumentos para la edificación de una escuela”, añade. Hasta Mozambique, Albania, Argelia, India y Sudáfrica, entre otras naciones, se ha extendido el aporte del mencionado proyecto.

Y es precisamente por ese camino de la solidaridad que el otrora dirigente sindical italiano llega a Cuba.

De Roma a La Habana

El paso inicial en la ayuda solidaria ininterrumpida con la mayor de las Antillas desde hace 22 años, lo dio Rita Mastropietro, compatriota de Mimmo y colaboradora del Proyecto Sviluppo. Ella vino a la Isla en 1994 y cuando regresó a Italia le comentó a Sesta que una institución cubana necesitaba una computadora. Él colectó el dinero, compró el equipo, y lo envió al Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas (ICBP) Victoria de Girón.

“La primera relación que establecimos fue con el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). Acordamos enviar vehículos para diferentes organismos, y estos pagaban el flete de la transportación. Desde esa fecha, en los contenedores, junto con los autos, camiones u ómnibus, hemos incluido neumáticos, piezas de repuesto, materiales didácticos, muebles sanitarios, computadoras, mobiliario de oficina y de viviendas, colchones, todo lo que ha sido posible”, refiere Mimmo.

Domenico Sesta (a la izquierda) durante el trayecto de una de las caravanas de solidaridad con el pueblo saharaui. (Foto: CORTESÍA BELÉN IGLESIAS)

Domenico Sesta (a la izquierda) durante el trayecto de una de las caravanas de solidaridad con el pueblo saharaui. (Foto: CORTESÍA BELÉN IGLESIAS)

Para recaudar los fondos utilizan dos vías: la donación voluntaria de los trabajadores italianos y los mercados de la solidaridad, también conocidos como ferias, donde venden antigüedades y otros artículos. “En ocasiones obtuve alguna ayuda financiera de instituciones locales. Por ejemplo, en Cabo Verde construimos una escuela con dinero que recibí de la provincia de Roma, pero la mayor parte de lo que hemos realizado ha sido gracias a la solidaridad de la gente”.

En Cuba, los sindicatos de trabajadores del ICBP Victoria de Girón –centro perteneciente al Ministerio de Salud Pública (Minsap)–, y del Consejo Nacional de Artes Escénicas, del Ministerio de Cultura, fueron los primeros en firmar acuerdos con el Proyecto Sviluppo. Luego se sumaron instituciones de otros organismos, así como del propio Minsap, que han rubricado convenios de cooperación sindicales y han sido objeto además del desarrollo de proyectos.

“Y es que en Cuba también hemos efectuado la remodelación de edificios públicos, y de algunos inmuebles que estaban en malas condiciones dedicados específicamente a brindar servicios de salud”, cuenta Sesta. Lo ilustra con lo hecho en 2005 en el hogar de impedidos físicos de 5a B y 42 (ahora, una casa de abuelos), en el municipio habanero de Playa, donde la reparación incluyó cambio de las ventanas de madera por otras de aluminio, revestimiento de cerámica de los baños y la cocina, instalación de agua en el edificio, y pintura de la instalación y de las camas. Además, entregaron sillas de ruedas, colchones, y otros útiles.

“Para comprar algunos de los recursos invertidos allí empleamos parte del dinero recaudado en los mercados de la solidaridad. Pero también recibimos ayuda financiera de sindicatos italianos, como el de los albañiles, la industria alimentaria, los campesinos, y los jubilados”, reconoce.

Una de las últimas obras realizadas en la Isla por el Proyecto Sviluppo es la reestructuración del hogar de ancianos Manuel Aneiro Subirat, en Lugareño No 15, entre Almendares y Ayestarán, en el municipio de Plaza de la Revolución. Al referirse a esta en particular, Mimmo lamenta que, luego de un año de haberse terminado las labores, aún no haya sido inaugurada, según se dice, porque no se ha garantizado el enrejado para la seguridad del lugar.

“En la restauración de este edificio contribuyó la Fundación Prosolidar, creada por los trabajadores y empresarios de los bancos italianos con el fin de reunir fondos para la solidaridad internacional y también dentro de Italia. En cada sitio donde realizamos la cooperación explicamos que ese aporte es principalmente obra de las organizaciones sindicales, no de un privado”, remarca Sesta.

Frutos de la constancia

Una de las obras realizadas en Cuba por el Proyecto Sviluppo es la reestructuración del hogar de ancianos Manuel Aneiro Subirat, en Plaza de la Revolución. Aunque esas labores concluyeron hace un año, aún el centro no ha abierto sus puertas.

Buscando voluntarios que le ayudaran a cargar los contenedores que venían para Cuba y empleando toda su creatividad a fin de recaudar dinero para esa causa, Domenico Sesta trajo a la Isla donaciones que han beneficiado a más de 30 instituciones, entre las cuales se hallan hogares de niños sin amparo filial, y de impedidos físicos y mentales, escuelas, hospitales, casas de abuelos, universidades y centros de investigación.

Una descripción detallada de la contribución del Proyecto Sviluppo en el país, desde 1994 hasta ahora, aparece en el sitio web belen.cubava.cu, a cargo de Belén Z. Iglesias Ramírez, profesora consultante del ICBP Victoria de Girón y coordinadora del mencionado proyecto en Cuba desde 1998.

La mañana en que Mimmo dialogó con el equipo de esta revista, los reporteros tuvieron acceso a varias fotografías, una de las cuales muestra al entrevistado liderando una manifestación obrera en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci, en los años 70.

Al recordar aquella época, el ex líder sindical declara: “Las enseñanzas que me llevaron a ser comunista, a ser de izquierda, las adquirí en el trabajo porque ahí es donde el individuo encuentra las contradicciones que le hacen ver dónde está la razón, y le llevan a tomar decisiones en la vida.

“Ahora no estoy adscrito a ningún partido porque no me identifico con la izquierda que tenemos en Italia. Pero creo en las ideas y en actuar de manera coherente con estas, lo que significa también sacrificio. Conozco la lealtad de los jóvenes cubanos; sin embargo, en mi país y en el mundo en general, los jóvenes no tienen perspectivas de trabajo y carecen de muchos valores, pues lo que está prevaleciendo es el interés por lo material”, opina.

A punto de cumplir 80 años de edad, Mimmo sigue siendo un apasionado de lo que hace. Aunque anuncia que pronto concluirá su labor en la citada asociación, a la cual se ha dedicado durante casi tres décadas, habla con entusiasmo de Barrio Habana, proyecto comunitario que desarrolla en la parte más antigua de la capital cubana.

“Se trata de un aula ecológica que tiene el propósito de educar a las personas en temas ambientales, además de promover la creación de huertos verticales para plantar hortalizas y otros alimentos. La idea me gustó porque trabajo con la comunidad y el producto beneficia directamente a sus integrantes.

“Barrio Habana puede ser para mí el último proyecto”, admite este hombre que de alguna manera seguirá practicando la solidaridad “porque es justo realizarla y da muchas satisfacciones”.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera