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Publicado el 11 Abril, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

SIRIA

Fiscal, juez y verdugo

Echando por tierra los pocos avances logrados en las conversaciones de paz en Ginebra, Estados Unidos ataca y desconoce el derecho internacional

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Restos de un avión sirio quemado en el ataque yanqui a la base aérea en Homs, el 6 de abril de 2017. (RUSSIA TODAY)

Restos de un avión sirio quemado en el ataque yanqui a la base aérea en Homs, el 6 de abril de 2017. (RUSSIA TODAY)

La memoria tiene piernas cortas, y mucho mayor es el olvido si este proviene de Estados Unidos, quien maneja, a conveniencia de sus propósitos, lo que quiere retener, o descartar o borrar.

En los aún cercanos días 6 y 8 de abril misiles estadounidenses impactaron en suelo sirio. En el primero de los casos se produjo contra una base militar de las Fuerzas Aéreas de esa nación en la provincia de Homs, recuperada a los terroristas, en un 85 por ciento. En el segundo, contra un pueblo cercano a Raqqa, capital del grupo terrorista Estado Islámico, zona defendida constantemente por el ejército sirio.

Para justificar este ataque ofensivo se afirmó que Damasco había usado armas químicas contra la población de Jan Sheijun, y como resultado habían muerto decenas de niños. Hipócrita manera de recordar ahora a la infancia cuando en la década de los 90 del pasado siglo, Estados Unidos invadió y bloqueó económicamente a  Irak. Y luego de la invasión a esa nación y sigue matando sin miramientos en toda el área. Colosal cinismo, pues en estos ataques, ordenados por la Casa Blanca, también murieron criaturas inocentes.

El alegato de Washington sobre el supuesto “ataque químico” del Gobierno sirio deja muchas interrogantes. ¿Por qué los sirios harían algo así en vísperas de una nueva ronda de conversaciones, lo cual diplomáticamente y en cuestión de imagen es un desastre de relaciones públicas? ¿Por qué cometería tal barbaridad cuando Occidente y hasta Estados Unidos habían enviado “señales” de aceptar a Bashar Al Assad?, pero la pregunta de fondo es: ¿Quién se beneficia de este ataque?

Se trata principalmente de una pulseada para reafirmarse como cabeza del mundo, enviando el mensaje de que la administración podrá haber sido renovada, pero los compromisos con el sistema están intactos. Y si con la caída del muro de Berlín y el fin del socialismo europeo, Estados Unidos se autoengañó pensando que el orbe estaba a su merced, con el tiempo, los pueblos se desperezaron y gobiernos poderosos le hacen frente a esa hegemonía. Ahora China y Rusia se empeñan en una solución viable para Siria.

¿Por qué los yanquis han actuado de esta manera? Hay muchas lecturas posibles. Una se relaciona con la necesidad intrínseca del imperialismo para superar dificultades, incluidas las diferencias políticas entre partidos (una guerra restaura el consenso); dejar en claro que no son aliados de los rusos. Además, a riesgo de parecer un reduccionismo, el complejo militar industrial sigue urgido de reproducir su capital, y la Casa Blanca, la de todos los tiempos, sigue atada al verdadero círculo de poder. La seguridad nacional y la población civil árabe son grotescas disculpas.

Las razones geoestratégicas también se imponen. Estas agresiones van muchísimo más allá de la línea siria que aparece en su declaración “de principios”; va dirigida tanto a Irán, la península coreana, Venezuela, Rusia y China. No es casual que se haya lanzado el embate justo en medio de la visita a Estados Unidos de Xi Jinping.

Y aunque Washington contó con el beneplácito de sus aliados tradicionales, por otro lado tropezó con mucho rechazo. El asunto sigue moviéndose en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por parte de Cuba, el viceministro de relaciones exteriores, Rogelio Sierra Díaz, condenó la actitud imperialista en una declaración, manifestando que se actuó sin que el organismo internacional mandatado para velar por el cumplimiento de la Convención sobre Armas Químicas, haya realizado una investigación imparcial, objetiva, transparente y despolitizada sobre el caso.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda