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Publicado el 8 Abril, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

IRÁN

Inteligencia frente a las presiones yanquis

Eslabón de oro en la cadena de los pueblos de Oriente Medio, el persa se mantiene firme

A pesar de las sanciones estadounidenses al petróleo iraní, este se abre paso en otros espacios comerciales. (HispanTV)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

No se trata de una nación más: La República Islámica de Irán tiene fuerte influencia en Asia Central, el golfo Pérsico, Oriente Medio y Palestina. Cuenta además con una activa diplomacia que le ha ganado muchas simpatías por el mundo, entre las que se destacan las de Rusia y China, decisivas a la hora de evaluar las articulaciones y los contrapesos geopolíticos.

Los persas han demostrado que no les temen ni a las hostilidades ni a las amenazas. Irán ha tenido que vivir y desarrollarse en circunstancias muy complejas dadas principalmente por la beligerancia del imperialismo yanqui, el cual en 1996 estipuló para Irán, presiones sobre su sector petrolero mediante la Ley de Sanciones, renovada durante 10 años más por el Congreso estadounidense al cierre de 2016, a pesar de la firma del acuerdo nuclear internacional del país con el Grupo 5+1, en julio de 2015.

Aun cuando estas inmerecidas penalidades suponen un enorme desafío a la economía iraní, Teherán no se atemoriza, por el contrario, continúa su camino, definido por la independencia y la soberanía con enormes capacidades en recursos humanos, comunicaciones y medios comerciales, turismo, agricultura, nanotecnología, y en las industrias de gas, petróleo y petroquímicas.

Y si bien hay algunos expertos escépticos sobre su futuro debido al antagonismo con Washington y sus aliados en la región levantina, lo cierto es que Irán transmite confianza en sí misma y optimismo. Varios especialistas comentan que las renovadas convicciones de triunfo tienen mucho que ver con los actuales éxitos económicos y sociales del gobierno de Hassan Rouhani, quien además consolidó los nexos históricos con su aliado ruso, lo que unido a la progresiva reinserción de la república en el ámbito comercial y financiero global, multiplicará exponencialmente el creciente interés europeo y japonés, a contrapelo de las provocaciones de la actual administración estadounidense.

¿A qué le teme la Casa Blanca? Más que nada a la multiplicación del ejemplo redentor iraní que demostró la posibilidad y el mantenimiento de una revolución antimperialista y nacionalista en una zona muy rica, antaño colonizada. El país persa ha ido tejiendo lazos de cooperación con varios de los pueblos árabes cercanos, incluso con el agravante de la ruptura con Arabia Saudita.

Irán representa también un actor importante a la hora de definir estrategias militares que redunden en la derrota del terrorismo islámico dentro de Irak y Siria. Teherán se mantiene firme en su posición solidaria con Palestina, poniendo nervioso al régimen sionista de Israel, al cual iguala en armamento; asimismo ha propuesto un singular plan de paz para el conflicto de Yemen.

En otro orden, la nación persa tiene recursos naturales y humanos suficientes para estimular la entrada de capital extranjero, lo cual se incrementará en la medida en que demuestre el grado de estabilidad interna, propiciadora de una vasta cartera de oportunidades. En 2016, Irán ascendió del lugar 152 al 118 entre 189 naciones en el ranking mundial de Ambiente de Negocios, emitido por The Economist.

Con todo este arsenal de datos, el lector ya tiene un cabal panorama de los supuestos “peligros” a los que está sometido Estados Unidos de parte de quien ha calificado como un gran enemigo. Para Irán este primer semestre del año significa una etapa de extrema alerta por cuanto el imperialismo yanqui, liderado por Donald Trump, acaba de tomar asiento en el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU, esta vez como su máxima autoridad.

Algunos autores sostienen que a partir de la preponderancia de Estados Unidos en el CS, Irán debe incluso considerar una guerra militar en su contra. Serguéi Druzhilovski, del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, plantea no obstante, que esto es improbable ya que Washington “no conseguiría condiciones para una guerra porque se enfrentaría al veto de Rusia y China y, en cualquier caso, resultaría imposible que venciera –como sucede en Afganistán, Irak, Libia y Siria–. Esa aventura le costaría nuevos miles de millones de dólares, repudio popular y un repunte del terrorismo”. El mundo es otro, pero Estados Unidos no se resigna a la inteligencia y firmeza ajenas.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda