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Publicado el 15 Mayo, 2017 por Marta Sojo en Mundo
 
 

MOMENTOS UNIVERSALES

De la segunda guerra mundial a nuestros días

Ahora con el daño añadido de tantas armas sofisticadas e inventos dañinos para el medio ambiente, lo estamos dejando seco para continuar reproduciéndonos como especie.

 

Por: MARTA G. SOJO

La victoria de la URSS frente al fascismo fue de esas cimeras gestas calificadas con todo rigor como determinantes en el transitar de nuestra especie.[/caption]Este globo terráqueo donde habitan tantos miles de millones de personas, nació convulsivo y por períodos se agita más. Cuantas reseñas leemos en los textos, sobre diversos capítulos convulsos de la historia de la humanidad. Una gran mayoría con el triste vaho de los enfrentamientos armados.  Quién no recuerda o ha escuchado en narraciones o películas aquellos terroríficos años de la última guerra mundial.

Han pasado 72 años de que terminara la Segunda Guerra a escala internacional, y todavía puede mantenerse fresco en la memoria la victoria de Rusia y los aliados sobre las huestes fascistas alemanas. Que pena, después de tanto esfuerzo buscando la paz, tengamos aún un patrón incierto, para el futuro. Es imposible evadir aquella realidad en la que el arrojo de los soviéticos detuvo a los fascistas en su ofensiva hacia el Este. Fueron memorables las batalla de  Stalingrado, Leningrado o el Arco de Kurks las cuales quebraron de manera firme el aparato militar nazi y dieron paso a la inolvidable marcha hacia Berlín, la cual a su paso iba liberando el territorio ocupado.

Imposible olvidar aquella famosa foto del soldado soviético que colocó su bandera, en la cima del edificio que albergaba el Reichstag en Berlín. Aunque la fecha de la rendición de Alemania nazi fue el primer paso del fin a la Segunda Guerra Mundial, como lo recogen los historiadores, sí señalan que representó el cese de la masacre a los judíos. El 2 de septiembre de 1945, poco después de la rendición de Japón, que pertenecía a las potencias del Eje junto a Alemania, fue considerado cierre de este episodio tan trágico para la humanidad.

Un mes antes todavía se registró otro acontecimiento abominable ligado a la guerra, y esa vez no diseñado por los nazis, fueron los norteamericanos que a la búsqueda de doblegar al imperio japonés lanzaron las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki. ¿Necesidad de rendir a un enemigo que ya no podía respirar o simplemente una prueba más de armamentos nuevos para ver su eficacia? Cualquier significado que tuviera no dejó de ser espantoso por la innecesaria muerte de cuantiosas personas inocentes, otras recibieron daños de radioactividad que provocaron con el tiempo su muerte.

Recientemente se conmemoró un año más en que Europa y el planeta recuerdan el evento. A siete décadas de aquel enfrentamiento armado con tanto costo de vidas, y tantos sueños individuales mutilados nos preguntamos, tenemos la paz que tanto soñaron y por la que lucharon millones de personas, o seguimos con el belicismo y la violencia como bandera, unas veces disfrazado con novedosos artilugios políticos  y otras con armas destructivas.

Es tanta la presión internacional que ya comentan algunos analistas que el mundo está al borde de una tercera guerra mundial, que la Naturaleza cada vez se vuelve más hostil, que los hombres siguen en su permanente avaricia, para obtener riquezas descomunales que le den poder, al igual que fueron los motivos para que estallaran la primera y segunda guerra en el mundo.

En un análisis incisivo y concienzudo de la presente situación internacional, el académico Noam Chomsky argumenta que Estados Unidos, por medio de sus políticas predominantemente militaristas y su ilimitada devoción por mantener un imperio de escala universal, está arriesgándose a una catástrofe que destrozaría los bienes comunes del planeta. Recurriendo a una amplia variedad de ejemplos, desde el programa en expansión de asesinatos mediante drones hasta la amenaza de una guerra nuclear, pasando por los puntos críticos que representan los conflictos de Irak, Irán, Afganistán e Israel-Palestina.

No debemos olvidar el pasado, mucho menos los avances que el ser humano ha conseguido, pero sí debemos tratar de construir y tomar consciencia que del modo en que las potencias están conduciendo el orbe no vamos a sacar nada provechoso, más bien todo lo contrario, nos desgastaremos inútilmente en conflictos que puede que den más poder pero resten vida a la Tierra y a los humanos. Piénselo ¿Eso es lo que queremos?


Marta Sojo

 
Marta Sojo