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Publicado el 17 Mayo, 2017 por Jessica Castro Burunate en Mundo
 
 

SEGURIDAD QUÍMICA

Ejemplo de un tratado de desarme exitoso

A 20 años de ratificarse como Estado parte de la Convención sobre Armas Químicas, Cuba mantiene el prestigio alcanzado en el estricto cumplimiento de sus estatutos

 

Las armas químicas continúan siendo uno de los medios más inhumanos empleados en conflictos bélicos. (Foto: Sputnik Mundo).

Las armas químicas continúan siendo uno de los medios más inhumanos empleados en conflictos bélicos. (Foto: Sputnik Mundo).

Por JESSICA CASTRO BURUNATE

La idea de que “en la guerra todo vale” ha conducido algunos de los momentos más vergonzosos y fatídicos en la historia de la humanidad. La Primera Guerra Mundial, en la cual el uso a gran escala de armas químicas provocó más de un millón de bajas, incluyendo cientos de miles de muertos, despertó la conciencia internacional sobre la necesidad de no volver a emplearlas.

Sin embargo, debieron pasar varias décadas, y otros desafortunados sucesos, para que esa voluntad se concretara en un acuerdo. Luego de varios intentos, el 29 de abril de 1997 entró en vigor la Convención sobre la prohibición del Desarrollo, la producción, el almacenamiento, y el empleo de armas químicas, y sobre su destrucción, primer tratado multilateral de desarme que establece la destrucción de toda una categoría de armas de exterminio en masa.

Cuba depositó su instrumento de ratificación desde esa misma fecha y 30 días después pasó a ser Estado parte del acuerdo. La Autoridad Nacional encargada de cumplir con las obligaciones contraídas en este se estableció en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, por resolución del cual fue creado el Centro Ejecutivo de la Autoridad Nacional para la Prohibición de las Armas Químicas, actualmente Centro Nacional de Seguridad Química, responsable de la tarea durante las dos últimas décadas.

Cuba no posee ni produce armas químicas, pero como Estado parte debe ejercer el control estricto de las sustancias que pudieran ser empleadas con ese fin, así como declarar a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) las instalaciones vinculadas a aquellas.

Actualmente la Convención acoge a 192 Estados partes y casi el 95 por ciento de las armas químicas declaradas han sido destruidas.  (Foto: ONU / Rick Bajornas).

Actualmente la Convención acoge a 192 Estados partes y casi el 95 por ciento de las armas químicas declaradas han sido destruidas. (Foto: ONU / Rick Bajornas).

La convención permite el uso de sustancias listadas en los anexos del acuerdo, con “fines no prohibidos”, entre los que se cuentan actividades industriales, agrícolas, de investigación, médicas, farmacéuticas o con otros fines pacíficos.

Entre las primeras tareas realizadas por el centro se ubicó precisamente la actualización del inventario nacional de las sustancias químicas comprendidas en la Convención y de las instalaciones vinculadas a estas, así como el establecimiento de un sistema para garantizar el control de la comercialización de las primeras.

Hasta el momento las actividades declaradas por Cuba se limitan a la importación de Trietanolamina –mayormente utilizada con fines industriales en perfumería y jabonería–, y a la importación y exportación de metildietanolamina, comúnmente empleada en refinerías, plantas de gas natural y plantas de gas de síntesis.

También figura en los informes anuales del país a la OPAQ la relación de instalaciones que producen determinadas sustancias químicas orgánicas, no listadas, por encima de las cantidades establecidas. La Convención prevé el control de ese tipo de industrias considerando que su capacidad técnica pudiera emplearse en la producción de armas químicas.

En el caso de Cuba, la posibilidad de que esto ocurra es menor, teniendo en cuenta que tales instalaciones son estatales y sus actividades son constantemente controladas por diversas entidades, además de la regulación del Centro de Seguridad Química.

Seguridad, regulación y control

Las diez inspecciones internacionales realizadas en Cuba han ratificado el estricto cumplimiento de la Convención, asegura Jesús Cuevillas. (Foto: Yasset Llerena).

Las diez inspecciones internacionales realizadas en Cuba han ratificado el estricto cumplimiento de la Convención, asegura Jesús Cuevillas. (Foto: Yasset Llerena).

La legislación nacional relacionada con el tema y sus modificaciones correspondientes han sido de las tareas más complejas en estas décadas, dada la atención particular que merece el tema.

El cuerpo legal construido tiene un pilar fundamental en el Decreto Ley 202/99 Sobre la Prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción. Esta es la disposición legislativa de mayor rango mediante la cual se aplica la Convención en Cuba.

También se integra el Acuerdo 5517 del año 2005 Sobre las contravenciones de la violación de los preceptos de la CAQ, que sanciona cualquier irregularidad o incumplimiento relacionado con las sustancias listadas y que pudiera conducir al cierre de una instalación.

Con esos instrumentos, la nación caribeña se ubicó entre los primeros países de América Latina en disponer de una legislación abarcadora para cumplir con el acuerdo, asegura Jesús Cuevillas, especialista del Centro de Seguridad Química y quien fuera su director por más de una década.

Estos resultados le han valido al país el prestigio con que cuenta hoy en esta área, señalado en múltiples ocasiones en el escenario internacional, agrega Cuevillas. Un punto clave es el rigor de las más de 350 inspecciones internas realizadas siguiendo los estándares del organismo rector.

En líneas generales, a partir de las declaraciones juradas de cada instalación los inspectores pasan al control en el terreno. Se comprueban los datos de importación, uso y producción declarados. Para el caso de las sustancias químicas orgánicas se chequea en laboratorio, o en la planta de producción, que estas sean en efecto las registradas. También se incluye una revisión documental de los planes de mantenimiento, capacitación del personal y reducción de desastres.

A pesar de los esfuerzos realizados, el peligro de un ataque químico en el mundo sigue vigente. (Foto: HispanTV)

A pesar de los esfuerzos realizados, el peligro de un ataque químico en el mundo sigue vigente. (Foto: HispanTV)

Hasta el momento se han preparado 69 inspectores e integrantes del Grupo de escolta en 15 provincias, de los cuales 32 han sido acreditados. Aunque la mayoría proviene de áreas cercanas a la química, son preparados en Regulación, Control y Seguridad Química.

En adición al trabajo regulatorio, los especialistas del centro participan activamente en análisis dentro de la OPAQ, como por ejemplo, cuál va a ser el destino de este organismo cuando se destruyan todas las armas químicas. Al respecto, Cuba considera que debe ser prioridad la asistencia y cooperación en la esfera de esta ciencia.

Precisamente, ese es otro de los beneficios de la convención, al que se suman la transferencia de tecnología, el acceso a las novedades en la esfera de la química, la asistencia técnica y cooperación entre Estados miembros, y por parte de la Secretaría Técnica de la OPAQ.

José M. Bustani, primer director general de la OPAQ, a solo un año de ratificada la Convención destacaba la contribución de este organismo a la política internacional, y en la promoción de la paz y la seguridad, “al elevar la importancia de la transparencia, la construcción de confianza y cooperación entre naciones”.

En los últimos 20 años, casi el 95 por ciento de las armas químicas declaradas por los Estados partes poseedores han sido eliminadas bajo la vigilancia de la OPAQ. La labor realizada ha permitido que el 98 por ciento de la población mundial viva bajo la protección de la Convención con respecto al uso de estas sustancias.

Este notable logro en materia de seguridad es el resultado de un esfuerzo global que involucra a los gobiernos, la industria química, los científicos y la sociedad civil, para crear y hacer cumplir el tratado internacional de desarme más exitoso del mundo. Por sus extensos esfuerzos en la eliminación de armas químicas, la OPAQ recibió el Premio Nobel de la Paz 2013.


Jessica Castro Burunate

 
Jessica Castro Burunate