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Publicado el 5 Mayo, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

PALESTINA

Hambre por la dignidad

A pesar de los intentos israelíes de deslegitimar y criminalizar una huelga de presos y presas palestinas, el mundo empieza a reaccionar. Eso no basta: se necesitan medidas efectivas contra Israel
El pueblo palestino se ha volcado a las calles para res-paldar a sus compañeros y luchadores políticos en huelga de hambre desde el 17 de abril último. (PALESTINALIBRE.ORG)

El pueblo palestino se ha volcado a las calles para respaldar a sus compañeros y luchadores políticos en huelga de hambre desde el 17 de abril último. (Foto: PALESTINALIBRE.ORG)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Toda persona privada de libertad tiene derecho a un trato digno, incluso si su delito clasifica en aquel relacionado con actividades políticas. El derecho internacional así lo estipula por lo que las instituciones carcelarias deben velar por la salud, alimentación  adecuada y otras necesidades básicas. Sin embargo, en una parte del Planeta se violan sistemáticamente estas prerrogativas para deterioro de la calidad de vida de los reos.

Un régimen que más sobresale por su crueldad premeditada es el israelí que poco menos trata a los árabes como si fueran basura, eso en general con todo su entorno regional, pero en cuanto a sus propios vecinos; los palestinos, estos son vejados de manera increíble por el mero hecho de exigir su soberanía, otro de los derechos que le atañe a una nación ocupada.

Cuando el sionismo decidió invadir para trascender sus fronteras oficiales, estipuladas en 1948, ya no ha dejado de perseguir a los legítimos dueños de esas tierras. Desde 1967, se estima que unos 700 mil palestinos han sido detenidos bajo órdenes militares israelíes en los Territorios Ocupados. Ello constituye aproximadamente un 20% del total de la población y 40% de la población masculina en los Territorios Ocupados.

Israel arrestó a más de 13 mil palestinos entre 1993 y 2001 (o sea durante el proceso de paz de Oslo). Israel arrestó a otros 50 mil palestinos desde el comienzo de la segunda Intifada en septiembre de 2000 hasta la fecha.

De tal brutalidad no han escapado ni niños ni mujeres. Ambos bajo la acusación de agredir a los judíos. Se sabe que su pena se deriva de una resistencia que muchas veces se realiza con piedras. El arma que pueden tener los niños contra tanques de última generación. Y si bien encarcelar a alguien en su más tierna edad es un  crimen de lesa humanidad, el universo carcelario que peor lo pasa son los presos políticos.

Estos tienen condiciones de vida muy por debajo de los estándares aceptables, incluyendo aquellos bajo el derecho humanitario internacional, la legislación de derechos humanos y la Normativa de la ONU de Estándares Mínimos para el tratamiento de prisioneros.

Entonces en una muestra de dignidad enorme, el 17 de abril de este año a propósito del Día Internacional de las y los Presos Políticos Palestinos, más de mil 500 prisioneros iniciaron una huelga de hambre colectiva. Y dos días después, el 19, las mujeres, presas políticas, anunciaron que se unían a la huelga de sus compañeros –en principio por diez días. Esta acción pretende llamar la atención de la comunidad internacional, la cual habla mucho sobre la urgencia de acuerdos de paz entre israelís y palestinos, pero en lo concreto no toma cartas en el asunto de forma enérgica y al final no pasa nada: Israel sigue actuando con  total impunidad.

A los presos políticos palestinos se les niega las visitas familiares, en violación del IV Convenio de Ginebra y cuando estas ocurren tienen prohibido  el contacto físico. Se les reducen las horas permitidas para el acceso al espacio libre y caminatas, se prohíben las de visitas entre los prisioneros, incrementando la práctica del régimen de aislamiento y limitaciones extremas en el acceso a las comunicaciones y artículos del exterior.

Como si esto no bastara, hay evidencias físicas de que Israel está experimentando tratamientos médicos en fase de estudio, y por otro lado los presos políticos palestinos que padecen cáncer o diabetes solo reciben como alivio temporal, aspirinas. Es decir una falta total de sensibilidad y un cinismo inmenso, que solo puede ser entendido como torturas al mejor estilo nazi. Algo de lo cual Israel señala como exagerado. No obstante esta objeción, los presos palestinos son vivo ejemplo de la deshumanización de una doctrina segregaciónista: el sionismo.

Según nos documenta la página Web palestinalibre.org “hay una larga historia de huelgas de hambre colectivas organizadas por los presos palestinos, con hitos importantes en 2004 y 2012. Con frecuencia concluyeron con el compromiso de las autoridades de aceptar sus demandas; el problema es que el régimen sionista también tiene una larga historia de incumplimiento y traición de los compromisos negociados con el pueblo palestino”.

Ahora se lleva a cabo una huelga de hambre que asume el lema “Libertad y Dignidad” y que exige cambios en las condiciones de reclusión, tales como: tener libros, periódicos y acceso a los estudios universitarios; volver al régimen de dos visitas mensuales de una hora de duración (actualmente es una sola de 45 minutos) y revisar su comida, ante la sospecha de envenenamiento.
Por el sitio digital anteriormente mencionado conocemos que el vocero de la protesta es el dirigente y líder del partido Fatah, Marwan Barghouti, preso desde hace 15 años y condenado a cinco cadenas perpetúas por su papel en la resistencia armada durante la segunda intifada.

Se le conoce como “el Mandela palestino” y su voz es fuerte y firme ante una población penal, y también fuera de la cárcel que comparte su decisión pues Palestina ha visto que un 21 por ciento de su población ha estado en algún momento preso.

Tal y como denuncia la organización palestina Addameer, en estas cinco décadas de la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, más de 800 mil palestinos han sido detenidos o encarcelados por Israel, lo que equivale a alrededor del 40 por ciento de la población masculina de Palestina.

En estos momentos las autoridades israelíes han comenzado a poner bajo aislamiento a quienes participan en la huelga, les han confiscado pertenencias personales, le han prohibido ver televisión o comunicarse, y han suspendido todas las visitas. El Servicio de Prisiones Israelí además ha tomado medidas principalmente contra los presos que lideran la acción. Marwan Barghouti ha sido trasladado de prisión y puesto en régimen de aislamiento, al igual que otros dirigentes.

A pesar de todos los esfuerzos no ha logrado acallar a Barghouti quien acusa al gobierno israelí de mantener un sistema inhumano de ocupación colonial y militar así como de “apartheid jurídico” que busca romper el espíritu de los prisioneros y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimiento a sus cuerpos, separándolos de sus familias y comunidades, utilizando medidas humillantes para obligarlos al sometimiento.

La bestialidad es enorme, pero existe la determinación de no  claudicar pues se trata de pasar hambre por el derecho a la dignidad humana.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda