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Publicado el 8 Mayo, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

HAMBRE

Sin derecho a comer

Los hambrientos suman millones en el mundo, que según predicciones aumentará en 2017
No importa el lugar, la realidad de niños que esperan por la caridad pública para mitigar el hambre es una vergüenza universal. (Foto Prensa Latina).

No importa el lugar, la realidad de niños que esperan por la caridad pública para mitigar el hambre es una vergüenza universal. (Foto Prensa Latina).

POR ARSENIO RODRÍGUEZ 

Acabar con el hambre en el mundo sigue siendo una utopía, a pesar de esfuerzos aislados para acabar con este azote. La humanidad llega a 2017 con la vergonzosa cifra de 800 millones de personas que padecen hambre crónica y otros dos mil millones con carencias de micronutrientes, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Aunque la ONU en el 2000 se planteara los Objetivos de Desarrollo del Milenio, solo significó, una vez más, la buena intención de acabar con un mal que sobre todo sufren los países más pobres del planeta y del que no escapan las naciones latinoamericanas y caribeñas.

Estos organismos internacionales reconocen que el escenario mundial exige cambios, porque la pobreza generalizada obstaculiza los avances de sistemas alimentarios, y las crisis, conflictos y catástrofes naturales aumentan.

Una clara evidencia de las amenazas actuales y futuras si no se actúa con mayor firmeza, lo constituye el llamado Cuerno Africano, que como se señalara recientemente es “una pálida crónica de una crisis anunciada”. Como demandara recientemente el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se requiere de “una respuesta urgente de la comunidad internacional para salvar a más de 20 millones de personas amenazadas por la hambruna en Sudán del Sur, Yemen, Somalia y Nigeria”.

Hambre a pesar de la producción de alimentos

La miseria va de la mano con la insalubridad y el hambre para millones de personas, muchas de ellas latinoamericanas y caribeñas. (Foto Infobae.com)

La miseria va de la mano con la insalubridad y el hambre para millones de personas, muchas de ellas latinoamericanas y caribeñas. (Foto Infobae.com)

Entonces surge la inevitable pregunta: ¿Es que resulta imposible acabar con el hambre o, por lo menos, disminuir sensiblemente la enorme cantidad de hambrientos en el mundo? Queda claro que esto no es posible solo con buenas intenciones, proyectos internacionales o declaraciones cada cierto tiempo, en especial en épocas  de elecciones y en aquellos países que más sufren este problema que provoca la muerte de millones de personas cada año.

Que conste que solo hablamos del hambre, es decir, la imposibilidad de un ser humano de comer. No se trata de la desnutrición, o de malos hábitos alimentarios, sino, sencillamente, de acostarse cada día sin llevarse un bocado, de cualquier cosa, a la boca. Quien lea estas líneas podrá pensar que exagero, pero una vez más las frías estadísticas dejan clara la situación, aunque estas no reflejen en su totalidad el verdadero rostro de ese fenómeno social que sigue sin resolverse, sobre todo, por la ausencia de la voluntad política de quienes gobernaron y gobiernan países o presiden instituciones internacionales.

Hace seis años la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) denunciaba que mil millones de personas iban con hambre cada día a la cama, a pesar de existir un mundo que producía comida suficiente para alimentar en esos momentos a los entonces siete mil millones de habitantes. La organización internacional aseguraba que entre los más afectados están los infantes, con nueve millones de fallecimientos por hambre antes de alcanzar los cinco  años de edad y concluía que “unos 178 millones de niños entre cero y cinco años sufren problemas de crecimiento por una deficiente alimentación, un problema que se origina en el seno materno”.

Año nuevo, nuevos hambrientos

Mientras usted lee estas líneas, millones de personas están a punto de perecer por hambre en el llamado Cuerno Africano. (Foto Unicef)

Mientras usted lee estas líneas, millones de personas están a punto de perecer por hambre en el llamado Cuerno Africano. (Foto Unicef)

Cierto que el problema es viejo, realmente, pero al mismo tiempo es tan nuevo que en febrero de 2017 el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió que más de un millón 400 mil menores de edad están en inminente peligro de sufrir desnutrición en el mencionado Cuerno Africano. “El tiempo se acaba para estos niños, pero todavía podemos hacer algo para salvar muchas vidas”, aseguró el director ejecutivo de esa institución, Anthony Lake, para precisar que “no podemos permitir la repetición de la hambruna de 2011 en la región”, en alusión a un fenómeno asociado a la sequía en esa zona, que afectó a 13 millones de personas.

Según los expertos varias son las causas que provocan que buena parte de la humanidad pase hambre. Se mencionan los fenómenos meteorológicos, las guerras, la ausencia de políticas para combatirla, la crisis económica, en fin, miles de escritos explican las causas, pero son pocas las medidas prácticas encaminadas para eliminar este grave problema. Y cuando hay avances, acaban con ellos los cambios políticos en algunas naciones. El ejemplo más claro en nuestra región fue la lucha que llevó el entonces mandatario de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva bajo la consigna de “hambre cero” que durante sus dos gobiernos y el tiempo que presidió Dilma Rousseff evidenciaron logros concretos.

Un dato interesante nos brinda un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) cuando asegura que la reducción de la pobreza y la indigencia en América Latina se estancó desde el 2014, en un contexto de desaceleración económica en la región. No se necesita ser un experto para saber que pobreza e indigencia tienen una relación directa con hambrientos y desnutridos. Si a eso se le suma desempleo y aplicación de políticas neoliberales, entonces puede entenderse la gravedad del asunto para una parte del planeta considerada como la de mayores desigualdades en el mundo.

El año pasado el director regional para Mesoamérica de la FAO destacó ante la prensa internacional que aunque Latinoamérica había sido de una de las primeras regiones del mundo en adoptar compromisos al más alto nivel político contra el hambre y había conseguido reducir al menos hasta el seis por ciento la población que padece inseguridad alimentaria, todavía hay 34 millones de personas de la región que se van a la cama con hambre. Recordó que en 2015 comenzó la iniciativa llamada “Mesoamérica sin hambre”, lanzada por ese organismo, que buscaba fomentar la agricultura familiar e intentar erradicar la hambruna en nueve países en el 2025, lo que evidentemente resulta una meta muy difícil de alcanzar dadas las desigualdades sociales existentes en estas naciones.

Pero el funcionario aseguró a los periodistas algo que obliga a pensar. Latinoamérica es –dijo– una región que produce mucha más comida de la que realmente requiere, por lo que el hambre no es por falta de alimentos, “sino que va mucho más allá”. Otro dato publicado por la FAO señala que en América Latina se desperdician miles de toneladas de alimentos cada día, con las que se podría alimentar al 37 por ciento de quienes sufren hambre  y que, sin embargo, terminan en los basureros.

Durante el VI Congreso Latinoamericano y del Caribe sobre Calidad e Inocuidad de los Alimentos, efectuado en la capital cubana a principios de año, la parte cubana anunció que “a un año del plazo fijado para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de reducir 50 por ciento el número de personas hambrientas, aún quedan 47 millones de habitantes en América Latina que padecen hambre, por lo cual los esfuerzos hay que redoblarlos. En este encuentro se reconoció que hay avances en seguridad alimentaria en la región, pero aún falta mucho para romper la brecha entre los que tienen más y los despojados.

Situación paradójica

Un sinnúmero de gente muere de hambre o suplica un bocado, mientras que otros padecen de obesidad, como evidencia de una de las tantas desigualdades que sufre la humanidad. (Foto FAO)

Un sinnúmero de gente muere de hambre o suplica un bocado, mientras que otros padecen de obesidad, como evidencia de una de las tantas desigualdades que sufre la humanidad. (Foto FAO)

Y mientras millones de personas pasan hambre, paradójicamente cerca de 360 millones viven con sobrepeso. La mayoría se encuentran en Bahamas, México y Chile, aunque poco más de la mitad de la población en casi todos los países de América Latina y el Caribe tiene sobrepeso, mientras la obesidad alcanza a un 23 por ciento, un hecho que contrasta con el hambre y la desnutrición. “La obesidad y el sobrepeso han crecido a lo largo de América Latina y el Caribe, como si se tratara de una epidemia, amenazando la salud, el bienestar y la seguridad alimentaria y nutricional de millones de personas”,  señalan expertos.

Indica la FAO que, sin importar su condición económica, étnica o lugar de residencia, en los últimos 20 años se ha producido un rápido incremento del sobrepeso y la obesidad, aunque el riesgo es mayor en zonas y países donde se consume más la comida procesada. El organismo pone énfasis en que la situación es particularmente grave para las mujeres ya que las estadísticas destacan mayor presencia de obesidad femenina.

Si los programas y exhortaciones hechas por entidades internacionales fueran alimentos, la situación no sería tan crítica para los hambrientos y desnutridos de este mundo. A finales del primer trimestre de 2017, la FAO presentó 15 tendencias y 10 desafíos que sus países miembros deberán tener en cuenta hoy para enfrentar la crisis alimentaria mundial, señalaba un despacho de la agencia Prensa Latina fechado en Roma.

Uno de los mayores desafíos identificados por el organismo mundial es lograr una “gobernanza nacional e internacional coherente y eficaz” con objetivos claros de desarrollo y el compromiso para alcanzarlos, del cual depende encontrar soluciones a esos y otros problemas. En su informe preparatorio del llamado Marco Estratégico y el Plan 2018-2021, la FAO insta a una mejora sostenible de la productividad agrícola para satisfacer la creciente demanda con el debido cuidado a los recursos naturales.

La dimensión del problema se explica cuando la organización señala como necesario “abordar el cambio climático y la intensificación de las amenazas naturales, erradicar la pobreza extrema y reducir la desigualdad, acabar con el hambre y todas sus formas de malnutrición y hacer que los sistemas alimentarios sean más eficientes e inclusivos, forman parte de los retos de la humanidad en las próximas décadas”.

Mientras se siguen convocando eventos internacionales para discutir el tema, donde por cierto se acompañan con buena atención culinaria, los necesitados de este mundo aspiran cada día a encontrar algo para llevarse a la boca y muchos no lo logran, por lo que potencialmente son candidatos a ser contabilizados entre los muertos que provoca el hambre y necesariamente nos debemos preguntar todos: ¿Realmente no es posible acabar con este flagelo?


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez