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Publicado el 24 Junio, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Crece desempleo juvenil

Mal que crece en la región y afecta a los más jóvenes, especialmente a las mujeres

Por Arsenio Rodríguez

Aumentan los jóvenes que cada día van a las oficinas de empleo a fin de conseguir cualquier plaza. (GLOBO VISIÓN)

Aumentan los jóvenes que cada día van a las oficinas de empleo a fin de conseguir cualquier plaza. (GLOBO VISIÓN)

Los pronósticos acerca de los desempleados en América Latina y el Caribe se cumplen, lamentablemente, sobre todo debido al modesto crecimiento económico proyectado para este 2017, lo que no permitirá contrarrestar las condiciones de debilidad del mercado laboral en la región, según informes de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dados a conocer a principios del segundo trimestre del presente año. Para ser más concreto, la desocupación crecerá 0.3 por ciento, lo que constituye el mayor incremento anual en más de dos décadas, período en el cual se ha profundizado la crisis económica regional y mundial.

El fenómeno no se presenta como un mal de la región, sino que es universal. Los escenarios son similares en diferentes partes del mundo, aunque se agravan en la realidad latinoamericana y caribeña por las desigualdades existentes y las limitantes lógicas de países subdesarrollados, exportadores de materias primas y con bajos niveles de industrialización, salvo algunos países. En algo en que coinciden los especialistas es que el desempleo juvenil es, sin duda, uno de los grandes retos de la economía mundial.

Ahora bien, ¿cuántos son los afectados?, ¿quiénes sufren más la falta de empleo?, ¿cómo quedan desplazados a puestos inferiores a sus conocimientos los graduados universitarios de todas las disciplinas? En los primeros días de junio los representantes regionales de la OIT dieron a conocer que el desempleo juvenil en América Latina y el Caribe había crecido el 18.3 por ciento. Dicho con otras palabras ese dato afecta a 9.9 millones de personas entre 15 y 24 años que buscan trabajo sin obtenerlo, lo que triplica la desocupación registrada en adultos. Más de 40 por ciento de los parados son jóvenes y cuando consiguen empleo seis de cada 10 lo hace en la llamada economía sumergida, donde no existen contratos, derechos ni protección social, lo que explica que solo el 37 por ciento de los jóvenes latinoamericanos cotice a la seguridad social y apenas un 29 por ciento lo hace al sistema de pensiones.

Ello demuestra, en alguna medida, el desaliento de muchos que, ante la falta de expectativas profesionales, deciden no estudiar ni buscar trabajo, exponiéndose de forma muy directa a la exclusión social. Son los que se identifican como la generación Ni Ni, es decir, ni títulos ni trabajo ni salario ni casa. La realidad es que no hay ofertas de empleo para aquellos que estudiaron una carrera universitaria –ni tampoco para quienes no estudiaron– por lo que muchos se retiran del mercado laboral y dejan de ser el lógico y continuador motor económico para el desarrollo de cualquier sociedad.

Desde hace años, los especialistas coinciden en “que encontrar un primer empleo es cuestión de suerte”. Las empresas buscan experiencia, pero también estudios culminados, lo que hace mucho más difícil la búsqueda. Hay factores preocupantes como la diferencia entre las tasas de empleo joven y adulto, la desigualdad en los índices de desempleo de hombres y mujeres, y la presencia de jóvenes que no estudian ni trabajan. Además, llama la atención el caso de las mujeres jóvenes, cuyas tasas de desempleo siempre es menor comparado con los varones. “Desde el punto de vista colectivo, aún funciona el machismo. Las mujeres no solo trabajan menos, sino que ganan menos”, anotaba recientemente un especialista.

El futuro es incierto, señalaba otro estudioso del tema, ya que “estamos frente a un panorama complejo: tenemos la generación de jóvenes mejor educada que haya existido, con un mejor manejo de las nuevas tecnologías y una mayor adaptabilidad en comparación a los adultos”. En fin, un laberinto sin salida y que lleva a más de una generación por caminos inciertos e ilegales.


Arsenio Rodríguez

 
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