0
Publicado el 21 Junio, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

MÉXICO: Lindo, querido y violento

Dada la cantidad de víctimas fatales, pareciera que en la nación azteca se libra una guerra

 

La imagen es el resultado de una masacre en México, aunque pudiera ser en otras naciones centroamericanas, y resulta cotidiana en la prensa. (Foto AFP)

La imagen es el resultado de una masacre en México, aunque pudiera ser en otras naciones centroamericanas, y resulta cotidiana en la prensa. (Foto AFP)

POR ARSENIO RODRÍGUEZ

La peor ola de violencia desde finales de la última década del pasado siglo se enseñorea en México, a pesar de los esfuerzos de las autoridades para intentar detener esa escalada de crímenes y tratar de calmar la angustiosa situación que se vive en las calles no solo de las grandes ciudades de la nación azteca, sino también en pequeños poblados. Las frías estadísticas lo demuestran, además de los asesinatos entre pandillas, por la ejecución de periodistas,  mujeres e incluso niños, situación que al parecer no tiene límites.

Solo por citar los titulares más recientes de la prensa local e internacional, permiten acercarnos a una terrible y cotidiana realidad. Entre ellos pueden verse: Cinco hombres decapitados en Veracruz; Un policía muerto por sicarios en Chihuahua; Cuatro taxistas baleados en Guanajuato; Siete hombres ejecutados en Michoacán.

¿Qué ha pasado en la primera semana de junio? Día 3, un hombre armado con un AK-47 asesinó a seis personas e hirió a 18 en Chihuahua. Se estima que la acción fue un pase de cuentas del grupo La línea, brazo operativo del cártel de Juárez y el de Gente nueva, que trabajaba para Joaquín, el Chapo Guzmán. En el municipio La Unión, en Guerrero, Manuel Chopin Meza, director del penal, fue asesinado por un grupo de bandidos.

¿Dónde están los desaparecidos?

También en junio del presente año se dio a conocer por la Secretaría de Gobernación que 32 218 personas están clasificados “en paradero desconocido”. En enero eran 30 942 casos. Pero esta lista sigue creciendo; según el diario La Jornada, en los dos últimos años la cifra aumentó en más 8 500 nombres. Las autoridades señalan que entre los reportados como desaparecidos podría haber migrantes, fallecidos e incluso quienes abandonaron su hogar de forma voluntaria, aunque si tenemos en cuenta los reportes de crímenes y secuestros, estos constituyen la mayoría de los desaparecidos.

La lista pudiera ser infinita. El conflicto de los 43 estudiantes desaparecidos en Guerrero, conocido como el “caso Ayotzinapa” está sin resolver. Las muertes son diarias, las causas diversas, pero todas de forma violenta. Para algunas instituciones internacionales esta situación se agrava a partir de “la lucha contra el narcotráfico, que alcanza niveles de un país en guerra abierta: en 2016, los 23 000 homicidios dolosos registrados convirtieron el país en el segundo lugar con el mayor número de asesinatos en el planeta”, afirmó el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) con sede en Gran Bretaña. A ello se le debe sumar los feminicidios, o sea, las mujeres que son asesinadas por sus compañeros sentimentales, además de los crímenes provocados por delincuentes comunes.

Criminalidad militarizada

El IISS observó “que en México ocurren regularmente enfrentamientos frontales entre grupos criminales y fuerzas de seguridad mexicanas. Ciertos cárteles, entre ellos los Zetas –en su tiempo– y más recientemente, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), adoptaron estrategias de “criminalidad militarizada”, que consistieron en ataques frontales contra la Policía y las fuerzas armadas, así como el uso de métodos de “criminalidad híperviolenta”, como la decapitación, o las extorsiones, para sentar sus dominios sobre los territorios y sus habitantes.

El país se desangra y la violencia no parece tener fin entre las bandas, enfocándose en especial contra periodistas y otras personalidades que de una u otra manera condenan su accionar. Muy cerca geográficamente otras sociedades también padecen la violencia, un mal social que parece contagioso. En El Salvador, Honduras y Guatemala, también aumenta la criminalidad y sus gobiernos se empeñan en acabar con aquellos que enlutan a cientos de hogares cada año y provocan la emigración forzada ante el miedo de ser asesinados.


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez