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Publicado el 31 Julio, 2017 por Arsenio Rodríguez en Mundo
 
 

CENTROAMÉRICA

La más peligrosa de las regiones

Violencia y masacres enlutan cada año a cientos de hogares centroamericanos y mexicanos sin que las autoridades hayan podido poner fin a la barbarie
Una imagen cotidiana en Centroamérica, esta vez en Guatemala, una de las víctimas de los pandilleros que aterrorizan a la población. (Foto AP)

Una imagen cotidiana en Centroamérica, esta vez en Guatemala, una de las víctimas de los pandilleros que aterrorizan a la población. (Foto AP)

POR ARSENIO RODRÍGUEZ

La imagen del cadáver del periodista mexicano Javier Valdez en plena calle asesinado por miembros del crimen organizado a mediados de mayo conmocionó a la nación azteca y trascendió a la prensa internacional como ejemplo de la barbarie que se vive en varios países centroamericanos, donde impera la ley del más fuerte. Él pasó a ser la séptima víctima de su gremio en lo que iba de año y pagó con la vida el honrar su profesión denunciando a este submundo que atemoriza a los mexicanos y muestra la incapacidad de las autoridades locales por poner fin a esa dura realidad.

Aunque América Latina y el Caribe solo representan el 8 por ciento de la población mundial –según organismos internacionales– muestran el triste récord anual de constituir el 34 por ciento de los homicidios en todo el planeta, la mayoría provocados por el crimen organizado que controla el mercado negro, las drogas y otros males que constituyen verdaderas epidemias en la región.

En documentada investigación, expertos de varias disciplinas concluyeron que centenares de miles de personas en América Latina y el Caribe fueron asesinadas en la primera década del 2000, aunque probablemente sea una subestimación pues no existen estadísticas oficiales para todos los países ni todos los años. En dicha década, las víctimas de homicidio en la región superaron por mucho a las bajas durante la guerra de Irak, tanto civiles como militares, que se estiman entre 400 000 y 750 00, respectivamente. Hoy esa realidad se agrava y no se perciben posibilidades de eliminarla.

Muerte, corrupción e impunidad

Los enfrentamientos entre las bandas criminales provocan muertes y heridos en todas las naciones centroamericanas y en México. (Foto FRANCISCO VELÁZQUEZ)

Los enfrentamientos entre las bandas criminales provocan muertes y heridos en todas las naciones centroamericanas y en México. (Foto FRANCISCO VELÁZQUEZ)

El enfrentamiento a las bandas criminales por las fuerzas armadas y la Policía de estas naciones provoca un daño adicional a la población, pues miles de ciudadanos se ven forzados a abandonar sus hogares. Este enfrentamiento hace proliferar, paradójicamente, nuevos grupos de delincuentes, que pelean entre ellos por controlar la distribución de la droga, por ello gozan de impunidad dada la corrupción de muchas de las autoridades locales.

Solo entre 2016 y enero de 2017, precisa otro informe, decenas de miles de personas tuvieron que huir de sus Estados de origen, abandonar su lugar de residencia de manera temporal o permanente con la intención de salvaguardar sus vidas.

Los desplazados forzados en México y otras naciones centroamericanas son la cara invisible de un éxodo que se produce y que de manera compleja recogen las estadísticas y los medios de comunicación. En ocasiones la movilización es en masa, con el desplazamiento de familias enteras que abandonan sus municipios o comunidades, sin embargo, en otros casos, la huida se lleva a cabo de manera individual. Periodistas, activistas, estudiantes, médicos, profesionales y empresarios medios son los más amenazados.

Los orígenes de la violencia

En una de las tantas redadas que se llevan a cabo en México, miembros de una banda vinculada a la droga fueron detenidos por la Policía. (Foto LA JORNADA)

En una de las tantas redadas que se llevan a cabo en México, miembros de una banda vinculada a la droga fueron detenidos por la Policía. (Foto LA JORNADA)

Luego del término de los conflictos armados en Centroamérica, a finales de los 80 del siglo pasado, en la región comenzó un trágico proceso que provocó ser reconocida como la zona del mundo con mayor tasa de homicidios producto de una violencia cotidiana, en especial por el enfrentamiento entre bandas criminales. Expertos coinciden en que el mayor número de asesinatos por cada 100 000 habitantes se produce en Guatemala, El Salvador y Honduras.

Son múltiples las manifestaciones de esa violencia que se genera en todos los niveles de la sociedad, pero sobre todo entre los grupos de poder, como narcotraficantes, maras (pandillas) y aparatos policiales y militares, lo cual obliga a los gobiernos a dedicar cada vez más mayor cantidad de recursos para combatir lo que constituye un flagelo, y todo esto perjudica la atención a problemas sociales que requieren solución con urgencia.

Lucha desigual favorece a la delincuencia

Las bandas criminales han ido creando toda una infraestructura que les permite el éxito del desembarco de las drogas en todo el subcontinente y mediante redes digitales, manejar a su voluntad a organizaciones y organismos en ciudades sin importar su tamaño. Esta realidad evidencia la necesidad de un trabajo coordinado entre las autoridades de los países afectados para poder enfrentar al crimen organizado con expectativas de éxito, señalan recientes informes de instituciones internacionales.

Las pandillas están integradas fundamentalmente por jóvenes, que engrosan sus filas para ganar dinero fácil. (Foto AFP)

Las pandillas están integradas fundamentalmente por jóvenes, que engrosan sus filas para ganar dinero fácil. (Foto AFP)

Un experto en la materia precisaba que la realidad actual es como una encrucijada, ya que mientras las naciones encuentran dificultades para ponerse de acuerdo y aunar sus esfuerzos, las redes formadas por las pandillas y grupos antisociales están cada vez más integradas y hasta se reparten los mercados. Y agrega el experto que mientras el delito organizado se mueve a la velocidad del siglo XXI, los tribunales y organismos que deben dar respuesta viajan al paso de la era analógica, y esto provoca que el duelo sea totalmente desigual.

La situación se agrava porque los gobiernos de la región son incapaces de enfrentar un problema cuyos excedentes generan cifras millonarias superiores a lo que racionalmente pueden gastar en su defensa, mientras que los países que tradicionalmente funcionan como productores y/o corredores de la droga, paulatinamente van elevando su consumo e iniciando producciones domésticas, ya no solo para exportar, sino también para atender la demanda interna. A todo esto se le debe sumar el fracaso de la estrategia de Estados Unidos para combatir el narcotráfico, que no solo ha incentivado la violencia y la criminalidad, sino que ha incrementado directamente el poder de fuego de los grupos criminales.

Corrupción, gran aliada del crimen organizado

Durante la preparación de este texto se dio a conocer una información en la prensa hondureña que pudo haber pasado inadvertida, porque hablaba de dos delincuentes que habían obtenido la libertad. Se trata de los hermanos Devis Leonel y Javier Eriberto Rivera Maradiaga. Se comenta que hacían temblar a sus rivales en el lucrativo negocio del transporte de droga por su país, considerado uno de los más peligrosos del planeta. Pero ahora quienes tiemblan son los políticos y funcionarios públicos, ya que el cartel Los Cachiros, así se les conocía, cultivaron durante años vínculos de cooperación con la alta sociedad hondureña.

Ya no llama la atención de los pobladores cuando aparece una persona asesinada en cualquier callejón de las naciones centroamericanas. (Foto PROCESO)

Ya no llama la atención de los pobladores cuando aparece una persona asesinada en cualquier callejón de las naciones centroamericanas. (Foto PROCESO)

En un reportaje publicado por la BBC, Ismael Moreno, director del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación, el principal centro de pensamiento de la Compañía de Jesús en Honduras, considera que sus declaraciones solo confirman un problema muy viejo en el país. Según Moreno, por Honduras pasa cocaína colombiana rumbo a los Estados Unidos desde la década de los 70, pero fue en los 90 que el país se convirtió en un lugar estratégico para ese ilegal trasiego.

“Varios diputados que hoy ocupan curules en el Congreso nacional, decenas de alcaldes, fiscales, jueces, banqueros, empresarios, agroindustriales, comerciantes, oficiales del Ejército y de la Policía y algún que otro expresidente de la república deben estar muy preocupados y tensos a la espera de lo que de ellos hayan dicho, o vayan a decir, después de la entrega que pactaron con los Estados Unidos”.

Se precisa en el material periodístico que efectivamente los testimonios de los hermanos ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York, que fijará próximamente la fecha de sentencia del hijo del expresidente Lobo, será como una especie de “quien es quien” de la política hondureña.

Un ejemplo de hasta dónde llegaron los hermanitos, es que Porfirio Lobo, conocido familiarmente como Pepe, quien fue presidente de Honduras desde enero de 2010 hasta enero de 2014, niega cualquier relación con estos narcotraficantes. La defensa de su hijo, que se declaró culpable de conspirar para importar cocaína, pero niega haber servido de enlace con las autoridades del país, se ha centrado en cuestionar la credibilidad de los Rivera Maradiaga.

Y es que los fiscales estadounidenses preguntaron al menor de Los Cachiros en marzo pasado si estaba familiarizado con Pepe Lobo y la respuesta fue positiva, y aclaró además que se refería a quien fuera presidente del país entre 2010 y 2013. Finalmente le preguntaron qué hicieron para recibir esa ayuda y la respuesta fue simple: le pagamos.

Lo que recibió publicidad es solo un hecho que ha salido de las sombras donde estos negocios tan lucrativos se llevan a cabo con “honorables” personalidades de la vida política y social de estas naciones. Mientras los grandes jefes se codean con lo “mejor” de sus respectivas sociedades, sus matones llevan a cabo el trabajo sucio y arrojan a sus víctimas en los callejones o simplemente quedan en el mismo lugar donde son ejecutados, a veces por la competencia del negocio o porque denunciaron sus actividades, ya sea a través de la prensa o en cualquiera de los casos en que hayan sido acusados estos siniestros personajes. Y no solo ocurre en Honduras.

Resultará muy difícil acabar con lo que constituye una verdadera pandemia en estas naciones y que amenaza con extenderse a otros países de América Latina y el Caribe. No es solo la falta de presupuesto para financiar acciones que puedan, por lo menos, disminuir el poder adquirido por los grupos criminales, sino también la presencia de instituciones estadounidense que supuestamente tratan de combatirlos y que según varias experiencias fallidas solo han provocado su incremento y poderío. Los esfuerzos realizados por Unasur en su momento, requieren nuevas y cada vez más combativas acciones de todos los países de la región, porque el mal llegará inevitablemente a cada nación.

Entre los muchos ejemplos de estos peligros hay uno denunciado hace poco que puede ilustrarlo. Según informes periodísticos, una oleada de asesinatos relacionados con pandillas en Bahamas en mayo de este año, ha obligado a las autoridades a desplegar al Ejército en las calles, un hecho preocupante en un país donde la violencia está llegando a niveles críticos. Según el diario Tribune 242, ya se han presentado 27 asesinatos desde principios de año. Si la violencia continúa a estos niveles, la cifra de crímenes a finales de 2017 llegaría a los 224, lo que equivale a una tasa de homicidios de 57.77 por cada 100 000 habitantes. El ministro de Seguridad Nacional, Bernard Nottage, anunció el 15 de febrero último que además de desplegar al Ejército en las calles, se incrementarán los patrullajes a pie, los cierres de emergencia de lugares públicos y redadas en los focos de delincuencia, así como la creación de una unidad de incautación de armas. Y es solo el inicio.


Arsenio Rodríguez

 
Arsenio Rodríguez