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Publicado el 4 Julio, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

MEDIO ORIENTE

Un paso adelante, dos atrás

Estados Unidos continúa con su política de presión para obtener pretexto para una nueva guerra

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El ejército iraquí, en su avance sobre Mosul. (alwaght.com)

El ejército iraquí, en su avance sobre Mosul. (alwaght.com)

Un suceso de la mayor significación regional ha sido  la batalla definitiva que libra el ejército iraquí por tomar el último reducto en manos del grupo terrorista Estado Islámico (EI) en Mosul, la capital de su inventado Califato. A esto se le añaden otras noticias que confirman que el extremismo está contra las cuerdas por el también avance contundente de las tropas sirias, sin embargo, estas victorias han quedado eclipsadas debido a las crecientes tensiones en el golfo Arábigo Pérsico.

La ruptura, este 5 de junio, de las relaciones diplomáticas de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto con Qatar, hacen sin duda más vulnerable el clima general, y para nada ayudará a solucionar las crisis en esa parte del mundo. A raíz del suceso, Doha emitió un comunicado que calificaba la medida como injustificada al afirmar que “la nación árabe no está aliada con el terrorismo”, y a su vez acusó a sus vecinos de querer ponerlo bajo tutela, recalcando que esta nueva posición es “totalmente inaceptable, siendo una campaña hostil, fundada en mentiras para perjudicarlo”.

Como miembro del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), y según declaraciones de autoridades cataríes, ellos siempre han respetado la soberanía de los otros Estados. Puntualizaron asimismo que se tomarán las medidas necesarias para frustrar las tentativas de perjudicar a su población y a su economía, en referencia a las posibles consecuencias del cierre de las fronteras terrestres y marítimas y del espacio aéreo por parte de sus tres vecinos.

El actual problema debe ser apreciado en el contexto del contrapeso regional, donde unos son proclives a mantener relaciones con Irán, y otros por el contrario, lo asumen más como amenaza que como elemento favorable a la paz. Y es aquí donde Qatar insiste en mantener un diálogo con los persas al asumir que esa nación juega un papel de contención esencial contra Israel, que todavía insiste en sus pretensiones de hostigar al pueblo palestino y a los árabes en general, ahora desde el Golán sirio ocupado.

Por eso ningún actor levantino se beneficiará de la escalada de tensiones. En ese sentido, Kuwait se ha ofrecido como mediador, alegando que la diplomacia y las conversaciones son la mejor forma de resolver las diferencias. Teherán, en tanto, ve la mano oculta de Washington, a partir de la visita del actual inquilino de la Casa Blanca a Arabia Saudita e Israel. Este último país, a través del sionismo, es muy proclive a las enemistades con todo aquel que se aponga a la colonización de esta parte del Planeta.

A eso se le añade el elemento esencial de la geopolítica y la puja por el dominio de la ruta petrolera y gasífera. Israel lo sabe, y Estados Unidos también. Y en ese escenario de fallos y pocas concordancias Irán, que no es árabe, sino persa, es mirado por algunos con recelo por antiguas cuitas históricas, pero principalmente por su antiimperialismo. Pero a Estados Unidos también le tiene sin cuidado que para sus fines tenga que romper viejas alianzas, por ejemplo con Turquía al “coquetear” con la posibilidad de un Kurdistán unificado entre Iraq, Irán, Siria y las propias zonas turcas. Tampoco se detiene en su codicia y, en el caso que nos ocupa ha soslayado el hecho de que en Qatar tiene una de sus bases militares más prominentes. Los yanquis no tienen aliados sino socios, entendidos como desechables en el momento conveniente.

Lo que no ha calculado la Casa Blanca es que su supremacía unipolar tiene fecha de caducidad. Rusia, China, las milicias revolucionarias libanesas de Hizboláh e Irán se le han plantado firme en la guerra contra Siria. Allí también están presentes dos tipos de coaliciones, de fuerzas de signo contrario.

Hay analistas que incluso manifiestan sus dudas acerca de la profundidad de la crisis con Qatar porque aducen que se trata de una jugada de “entretenimiento” para calentar motores de una agresión de gran escala contra Siria. En ese sentido, el vicepresidente del Comité de Defensa y Seguridad del Senado ruso, Frants Klintsévich, afirmó su convencimiento sobre este particular. El pretexto sería el de siempre: una farsa igual que sucedió en Iraq hace casi dos décadas. En aquel momento fueron armas de “destrucción masiva” ahora son “armas químicas”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda