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Publicado el 30 Agosto, 2017 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

REINO UNIDO

¿El país se autolesiona?

Avispero en torno al Brexit promete un juego de estira y encoje con la Unión Europea
Theresa May pondrá en marcha la Ley derogatoria de poderes de la UE, primera de las ocho para salir del bloque. (Foto: eldiariony.com)

Theresa May pondrá en marcha la Ley derogatoria de poderes de la UE, primera de las ocho para salir del bloque. (Foto: eldiariony.com)

Por MARYAM CAMEJO

El ministro para el Brexit, David Davis, amenaza con levantarse de la mesa de negociaciones si las demandas de la Unión Europea (UE) son “desorbitadas” y como es de esperar en un divorcio litigioso, la esposa Bruselas exige que Reino Unido le siga pagando a pesar de la ruptura, al menos, hasta 2020.

El avispero está agitado entre las presiones de la UE, los desafíos que tiene por delante la primera ministra británica, Theresa May, y la mirada vigilante del dirigente laborista Jeremy Corbyn, renuente a hacerse el de la vista gorda.

Por un lado, Reino Unido deberá seguir contribuyendo económicamente a los programas a largo plazo adquiridos antes de la votación del año pasado, a pesar de abandonar el bloque en 2019.

El comisario europeo de Presupuesto, Günther Oettinger, espera que Alemania afronte costos extras de entre 1 000 y 9 000 millones de euros debido a la retirada de Reino Unido, y ha cifrado el Brexit en un agujero anual de entre 10 000 y 12 000 millones de euros en las arcas de la UE. Con razón no se lo pondrán fácil a Theresa May, quien se niega obstinadamente a adelantar un valor, aunque el Daily Telegraph especula que Londres estaría dispuesto a pagar hasta 40 000 millones por la salida del bloque.

Lo cierto es que este es el primer punto afilado que puede cortar temporalmente las negociaciones y ponerlas en suspenso hasta que May declare una cifra. Algunos incluso acusan a Bruselas de extorsión.

Por otra parte, Londres necesitará un período de transición limitado entre la salida de la UE y la introducción de un nuevo acuerdo comercial bilateral, tiempo que le permitirá adaptar la economía a las nuevas circunstancias y crear un estado de cierta confianza en el sector, además porque Inglaterra abandonará el mercado único y la unión aduanera una vez que concluyan las negociaciones.

Asimismo, durante los meses posteriores al Brexit las fronteras británicas seguirán funcionando con normalidad, los productos comprados en Internet todavía deberán atravesar barreras y los negocios continuarán suministrando a sus clientes en la UE, cuestiones prácticas que lanzan al pueblo el mensaje de que el Gobierno está velando por la prosperidad del país, pero es arriesgado dar garantías cuando existen tantos detractores del proceso.

La oposición se ha puesto en guardia frente a las intenciones de May de usar “la cláusula de Enrique VIII” para trasplantar muchas leyes por decreto y evitar el control parlamentario, cuando el 7 de septiembre llegue al Parlamento la polémica Great Repeal Bill (Ley derogatoria o de revocación de poderes de la UE). Esta es la primera pieza legislativa del Brexit, de las ocho que pretende aprobar May en los próximos meses.

Jeremy Corbyn ha amenazado con bloquear la ley en la Cámara de los Comunes si no se introducen cambios sustanciales para garantizar una mayor transparencia y proteger los derechos de los trabajadores.

Y luego de esto le espera a May un convulso inicio de octubre con la Conferencia del Partido Conservador, donde peligra su posición como líder de la formación.

Por si fuera poco, la primera ministra ha tenido que dar pruebas de paciencia frente a las fichas que pierde, James Chapman, por ejemplo, ex jefe de Gabinete de Davis, cuando advirtió que la ruptura con la UE será una catástrofe y dejará a la economía británica al borde del precipicio. De la misma forma, otros eslabones que dieron forma a la campaña pro Brexit, han ido cayendo uno a uno, como pesados grilletes en los pies de May, obligada ahora a arrastrar con lo que los medios llaman “los arrepentidos”.

La UE seguirá velando por sus intereses, o más bien, por su dinero. La primera ministra tiene ahora que demostrarles a los británicos, que el resultado del referéndum fue algo bueno. De lo contrario, ese país habrá escogido el camino del cambio pero a través de una autolesión económica. Y esto caerá inevitablemente sobre los hombros, los pies y las cuentas de Theresa May.


Maryam Camejo

 
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