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Publicado el 15 Agosto, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

VENEZUELA

Hipocresía injerencista

La dignidad del pueblo bolivariano se enfrenta a una descomunal agresión incitada por Estados Unidos
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El pueblo es el artífice de la Constituyente. Foto AVN.

El pueblo es el artífice de la Constituyente. Foto AVN.

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Las palabras del canciller cubano Bruno Rodríguez, durante la VI reunión extraordinaria del Consejo Político de ALBA-TCP celebrada en días pasados en Caracas, reflejan la indignación de muchas personas honradas del mundo: “Saquen las manos de Venezuela todos aquellos que hacen injerencia, intervención, y proclaman propósitos cínicos o hipócritas”.

Los calificativos no son gratuitos ante el afán de Washington y sus aliados que tratan de descalificar al Gobierno Bolivariano y groseramente toman partido a favor de los grupos opositores que son responsables de los altos niveles de violencia delictiva y política en el país. Tal accionar constituye soporte de la guerra no convencional desatada contra Venezuela que, sin ningún recato, reconocen importantes personeros de la administración norteamericana, como hizo descarnadamente el director de la CIA, Mike Pompeo, al explicar cómo comprometieron a gobiernos latinoamericanos para buscar “la transición” a favor de los “escuálidos”.

Lo que más molesta e irrita es que la inmensa mayoría de los países que ahora en Lima propiciaron la embestida desestabilizadora contra Venezuela tienen un expediente político y social bastante comprometido en sus respectivas sociedades, se proclaman los más “democráticos”, pero algunos están llenos  de masivas manifestaciones por sus políticas antipopulares y excluyentes, de asesinatos extrajudiciales, desapariciones, desplazados, periodistas muertos y un sinfín de denuncias sobre violaciones de principios éticos y morales.

Era de esperar que siguiendo el guion de Washington no se reconozca a la Asamblea Nacional Constituyente elegida  por más de ocho millones de personas en Venezuela el 30 de julio, mientras se pretende legitimar apoyo contra una Asamblea Nacional controlada por la oposición, que está en desacato con las normas de la Constitución. La Constituyente va a poner orden, como ha comenzado sus labores con la decisión de crear la “Comisión de la Verdad” para fijar responsabilidades de aquellos que son responsables de delitos con fines políticos que han provocado numerosos muertos y con ello poner cese a la impunidad.

Rápidamente, la oposición se propuso crear el patrón mediático del peligro de una “cacería de brujas”, para tratar de aminorar hacia el exterior el impacto jubiloso que ha provocado en buena parte de la población –chavista o no-. La decisión de la Asamblea Nacional Constituyente que, como explicó su presidenta Delcy Rodríguez: “Aquí no hay distinción política ni partidismo. Hay víctimas que son venezolanas y venezolanos, y a ellos debemos nuestra reparación moral, física y material”, manifestó, y dejó en claro que “esta Comisión circunscribirá su ejercicio a los hechos de violencia por motivos políticos y de intolerancia, así como sus delitos conexos dirigidos a causar tal violencia”.

Otro elemento manipulado para hablar en Washington y otros países que secundan la guerra desatada contra Venezuela, ha sido la remoción de su cargo de la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, quien promovió la discriminación y parcialidad política en el Ministerio Público, generando altos niveles de violencia delictiva y política en el país. Como se dijo en el cónclave constituyente, Ortega Díaz fue cómplice de la violencia que se ha desatado en algunas de las protestas antigubernamentales que se han desarrollado en los últimos cuatro meses en la nación petrolera y que se saldan con más de 120 muertos.

“Esta etapa de violencia […] tuvo mucho que ver con la inacción del Ministerio Público […] por no actuar a tiempo, por permitir que grupos violentos se apoderaran de manera indigna de territorios que deben ser liberados para la paz ciudadana”, sostuvo el nuevo fiscal general Tarek William Saab.

Pero por mucha campaña mediática y reacción de las capitales subordinadas a Washington, nadie podría desconocer que una de las palabras más mencionadas por el presidente Nicolás Maduro ha sido la de pedir una y otra vez el diálogo con la oposición, y ahora con los gobiernos que han mantenido una postura crítica hacia su administración, que lo acusan de “ruptura democrática”.

Maduro es una prueba de aquello que decía Fidel cuando Cuba se vio agredida por estos seguidores de Herodes: “la verdad siempre triunfa en los hechos”.

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Lázaro Barredo Medina

 
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