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Publicado el 25 Agosto, 2017 por Nestor Nuñez en Mundo
 
 

VENEZUELA

Hostilidad y Persistencia

La nación sudamericana sigue dando batalla por su integridad
La Casa Blanca se ha encargado de ahondar el rechazo ciudadano con su tradicional soberbia, sanciones, y su última barrabasada política de considerar “opciones militares”. Correo del Orinoco)

La Casa Blanca se ha encargado de ahondar el rechazo ciudadano con su tradicional soberbia, sanciones, y su última barrabasada política de considerar “opciones militares”. Correo del Orinoco)

Por NESTOR NUÑEZ

Se trata de un país que algunos llaman hasta con cierto misticismo “la tierra bendecida”. Sin embargo, ciertamente esa definición no se trata de una figura manipulada… todo lo contrario.

Venezuela es un emporio energético, acuífero, agrícola, ganadero y natural. Un territorio que puede llegar a donde se propongan su pueblo y sus autoridades en materia de desarrollo socio económico, y por tanto capaz de una sonada influencia política regional y global.

Y todos lo saben. Los patriotas que la quieren mejor y más justiciera y avanzada; los rastacueros locales que han medrado por siglos de sus bondades y recursos, y los expansionistas externos que gozaron con su saqueo y que no perdonan sus tradiciones libertarias y los últimos años de Revolución Bolivariana.

En consecuencia, lo que por estos días está en juego en la patria de Simón Bolívar y Hugo Chávez no es precisamente la pretendidida defensa del fantoche democrático de factura extranjera que se agita como modelo planetario, sino el destino de un espacio geográfico que semeja, a la usanza de los piratas, un enorme arcón desbordante de alhajas y metales preciosos.

Todo un plan

No es nada nuevo tampoco el actual ataque a fondo de Washington y sus aliados internacionales e internos contra el pueblo venezolano.
Ha sido, simplemente, el intento de mudar hasta América Latina, y en especial hasta la perdida “joya de la corona”, las tácticas desestabilizadoras que de alguna manera han logrado ganar escabroso terreno en Asia Central, Oriente Medio o el centro y el este de Europa, y que de cierta forma permitieron inicialmente a Washington calcular que su hegemonismo andaba viento en popa al igual que el cerco estratégico contra sus dos grandes blancos preferentes: Rusia y China.

No obstante, lo cierto es que la extrema criminalización por la derecha nativa de las más recientes “protestas populares” en Venezuela mediante el uso de desalmados y desclasados a sueldo encargados de violentar, matar y aterrorizar a la gente común, no hicieron más que crear un repudio generalizado que llegó a superar finalmente las aplastantes campañas mediáticas que hablaban de rebelión masiva e ingobernabilidad absoluta.

Por su parte, la Casa Blanca se ha encargado de ahondar el rechazo ciudadano con su tradicional soberbia, su cadena de improperios y sanciones, y su última barrabasada política de considerar “opciones militares” contra Caracas, una medida que incluso ha obligado a algunos cómplices regionales de los Estados Unidos a declarar su desacuerdo con una medida tan extrema.

No se puede olvidar que durante su cumbre en La Habana, las naciones del área, integradas en la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, Celac, declararon al sur del hemisferio como zona de paz, y aun cuando algunos conspiren tras bambalinas contra ese principio, sería demasiado desvergonzado y degradante echarlo a un lado para sumarse a una acción bélica imperialista contra uno de los firmantes de tan trascendente compromiso.

Un paso clave

Venezuela se ha crecido en medio de las adversidades, y gracias a una hasta hoy inamovible alianza cívico-militar ha puesto freno al caos sembrado por los grupos terroristas. (Cubadebate.cu)

Venezuela se ha crecido en medio de las adversidades, y gracias a una hasta hoy inamovible alianza cívico-militar ha puesto freno al caos sembrado por los grupos terroristas. (Cubadebate.cu)

Y si en los días más álgidos de la ofensiva imperial-oligárquica Venezuela mostró firmeza, ecuanimidad y diligencia política en tanto la derecha y sus aliados terminaban de enlodar al máximo su propia imagen, la convocatoria, elección y puesta en marcha de una Asamblea Constituyente aprobada por más de ocho millones de votantes, cifra sin precedente en la historia de las lides electorales nacionales, puede calificarse como fenomenal victoria popular y revolucionaria contra los planes desestabilizadores locales y la injerencia externa.

Y es que el nuevo organismo constituyente suma características muy importantes.

La primera, ser la concreción del poder originario, es decir, de los representantes democráticamente seleccionados por todos los sectores interesados en la paz y el avance del país en armonía y entendimiento.

Por otro lado, al convertirse en fuente directa de la ley primera, el foro deja sin posibilidades de acciones adversas a buena parte de los mecanismos de poder que en algún momento pasaron a ser controlados por la oposición, y que llegaron a sumarse abiertamente a los planes golpistas formateados en el exterior.

La Asamblea Constituyente tiene además el deber de devolver la paz y la tranquilidad a la sociedad venezolana, y en consecuencia ha asumido un serio papel en la investigación y condena de los hechos y de los comisores de la violencia que durante semanas han caracterizado el devenir cotidiano en algunas zonas de la nación.

Por demás, ese organismo máximo y soberano implica, a lo interno del proceso bolivariano, una profunda revisión de cuanto se ha ejecutado en todos estos años de poder popular, y una inaplazable definición en torno a las decisiones adoptadas por los organismos de gobierno en todo ese tiempo, donde no han faltado errores, insuficiencias e ineficacias por las cuales incluso algunos directivos tal vez tendrán que responder ante los representantes de las masas.

En pocas palabras, Venezuela sin dudas se ha crecido en medio de las adversidades, y gracias a una hasta hoy inamovible alianza cívico-militar ha puesto freno al caos sembrado por los grupos terroristas, y colocado en absoluta defensiva a los que hasta hace apenas horas hablaban con total intransigencia y prepotencia de “cambio inmediato de gobierno”.

Una de las señales más claras de este fenómeno ha sido la división que en el seno de la derecha ha sembrado la convocatoria a elecciones parciales en las próximas semanas, a las cuales no pocos grupos adversos se han sumado en el entendido de que no hacerlo implicaría un verdadero suicidio político ante la sociedad y ante sus propios seguidores, muchos de ellos ya hastiados de una demagógica dirigencia dedicada exclusivamente a vociferar para escamotear el cuerpo a la hora de las provocaciones concretas a escala callejera.

Desde afuera

Y en cuanto a Washington, bien harían sus actuales dirigentes en pasar revista a la historia reciente en el área y en el resto del orbe para concluir de una vez que el mundo ha cambiado en no pocos aspectos, y uno de ellos es, precisamente, no aceptar mansa e ingenuamente que se le vuelva a reducir a parcelas administradas y controladas por pretendidos seres infalibles e incuestionables, a partir de pretendidos valores y misiones divinos.

No obstante, es evidente que la actual administración, no calibra las cosas ni profundiza demasiado a la hora de decidir. Quienes han proclamado que “los Estados Unidos han de estar primero a como dé lugar” no podrían adoptar otra conducta.

En consecuencia, el vicepresidente norteamericano, Mike Pence, con cara adusta y gestos cortantes, anunció desde Washington la aplicación de nuevas medidas coercitivas contra Caracas, a pesar de que ciertos oportunistas han aconsejado aflojar un tanto las cuerdas de manera de no “empujar a Venezuela a la pretendida órbita ruso-china en sus intentos de fijar plazas en América Latina y el Caribe”.

Sanciones que se adoptan luego que el propio segundo de la Casa Blanca ejecutó un periplo por el sur del hemisferio, donde no pudo lograr consenso para materializar una intervención militar contra la Revolución Bolivariana, y que se invocan, según la retorcida lógica imperial, para poner freno al “caos interno promovido por un régimen corrupto, violento, totalitario, violador de los derechos humanos y ligado a la corrupción y el tráfico de drogas”.

En otras palabras, para presuntamente “evitar” el panorama de angustia, desasosiego y alarma que –oh, paradoja– desataron apenas semanas atrás los aliados internos del imperio y sus bandas de irresponsables y violentos a sueldo.

Política aberrada que nada tiene de original y sí mucho de fracasada y obsoleta, y que insiste en mostrar que al menos, diga lo que se diga, la Oficina Oval sigue siendo el cuartel de los “hombres duros” designados por el Cielo para encarrilar a una humanidad de segundones y seres inferiores, y acallar a sopapos el menor de los alborotos.


Nestor Nuñez

 
Nestor Nuñez