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Publicado el 2 Agosto, 2017 por Maryam Camejo en Mundo
 
 

POLONIA

Porque la justicia puede hacerse injusta

Tres proyectos de ley para reformar el poder judicial sacaron al pueblo a las calles en protesta contra los cambios.

Por MARYAM CAMEJO

Hay una lista de países sobre los que no se suele leer mucho en la prensa. Pero eso dista mucho de ser sinónimo de paz. Sin embargo, cuando aparecen en los titulares de los medios, el lector siempre queda un poco pasmado. Esto es más o menos lo que sucede si hablamos de protestas en Polonia.

La crisis que vivió esa nación las última semanas y que provocó masivas manifestaciones, se debió a tres controvertidos proyectos de ley para la reforma del poder judicial, que tenían como objetivo final dar al actual partido en el Gobierno, Ley y Justicia (PiS, en sus siglas en polaco), el control del Tribunal Supremo, el Consejo Nacional del Poder Judicial y los tribunales inferiores. Como mismo lo calificaron los medios, un claro asalto a la separación de poderes y el Estado de derecho.

Ahora bien, de los varios hechos remarcables del proceso, cabe destacar en primer lugar la actitud con la que varios miembros del Pis asumieron las protestas. Calificaron a los manifestantes de comunistas y traidores, o afirmando que eran solo personas que habían salido a dar un agradable paseo veraniego. Nada más que la vieja estrategia de desacreditar a las personas, para desacreditar el hecho en sí. De ser traidores, buscarían la desestabilización del país, y si son ignorantes no merecen ni un segundo de atención, mejor cambiar el canal de noticias.

Pero a los sesudos del Pis, no le brilló la mente para más. Y tampoco tenían opción. Un amplio espectro de generaciones protagonizó las protestas, y unas cifras sin precedentes de jóvenes, a los que hasta ahora se consideraba indiferentes al curso político de la nación.

Y mientras unos se burlaban y otro protestaban en Varsovia, la Comisión Europea (CE) ponía el grito en cielo con la noticia de las reformas. Hasta envió una carta en la que notificaba su decisión de lanzar un procedimiento de infracción, algo que la Unión Europea (UE) reserva cuando un Estado miembro viola el derecho de la Unión. En este caso, a Bruselas le incomodan sobre todo dos aspectos de la reforma de ley: la modificación de la edad de jubilación de los jueces, que introduce una discriminación de género, y los nuevos poderes otorgados al ministro de Justicia, que socaban la independencia de los jueces.

Visto con más detalle, los jueces podrían jubilarse a los 65 años mientras que las juezas tendrían que hacerlo a los 60, lo cual, en opinión de la Comisión, supone una violación del artículo 147 del Tratado de la Unión que se refiere a la igualdad de género en el trabajo. Por otro lado, a Bruselas le preocupa que la ley otorgue al Ministro de Justicia el poder discrecional de extender dicho mandato, pero también de nombrar y destituir a los presidentes de los tribunales.

Según el ejecutivo europeo, esta reforma aumenta la influencia que el ministro puede tener sobre los jueces, ya que de él depende la ampliación o no de su mandato, y por tanto mina la independencia del sistema judicial y la separación de poderes en Polonia.

La posición de la CE fue recibida en el gobierno como un chantaje, además, el vicepresidente Frans Timmermans ha advertido en varias ocasiones, que si Varsovia se atreve a cesar o forzar la retirada de los jueces del Supremo, la Comisión no dudará en invocar el temido artículo 7 del Tratado de la UE que podría acabar con la pérdida del derecho al voto de Polonia en el Consejo.

¿Y dónde está el presidente? Aquí viene la mejor parte. Para sorpresa de sus coterráneos del partido, Andrzej Duda vetó las reformas. Argumentó que las leyes propuestas socavarían la independencia judicial, que habían sido sometidas al Parlamento sin consultarle y que no iban a lograr aumentar la sensación de seguridad de la población. Señaló también las tensiones que habían generado y manifestó que no quería que esas tensiones se agravaran.

No podemos olvidar que Duda es consciente de que él necesita más del 50 por ciento de los votos para ser reelegido y, por lo tanto, debe permanecer en el centro. Un paso en falso en la matemática política, y su esperanza de reelección se enfrenta a la guillotina.

La primera ministra Beata Szydlo anunció que el Gobierno no cederá a la presión, ni a la de la calle ni a la que llega desde el exterior, declaraciones que evidencian la conmoción en el partido a causa del veto.

¿Podrán anular la decisión del presidente? Con una mayoría de tres quintos en el Parlamento, sí, las reformas siguen adelante y empezará una guerra entre Duda y su propio partido, así que es muy pronto para celebrar victorias.

Al menos, el pueblo polaco tiene clara su oposición a los proyectos de ley, y ahora también ganan el apoyo del presidente. Tal vez en las próximas semanas el Pis haga otro movimiento, saque un As inesperado frente a Duda. ¿Hasta dónde llegará la tormenta? Es pronto para responder, pero se engaña quien piensa que en uno de los lados desde donde jalan la cuerda, hay algún atisbo de ignorancia.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo