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Publicado el 28 Agosto, 2017 por Marta Sojo en Mundo
 
 

ESTADOS UNIDOS

Vuelven los del Klan y otras hierbas venenosas

Se encienden señales para intranquilizar a los ciudadanos

Por MARTA G. SOJO

El KKK, en su atuendo habitual para marchas y otros abusos. (Foto: nómade.com)

El KKK, en su atuendo habitual para marchas y otros abusos. (Foto: nómade.com)

Los supremacistas blancos, siempre presentes en la vida política y social estadounidense, han sido más o menos visibles y, a veces, como ahora, explotan con estruendo. El concepto engloba varias ramas de partidarios extremistas, en contra de los emigrantes, los afronorteamericanos y el culto a la xenofobia, pero los más conocidos por su larga data son los del Ku Klux Klan (KKK), aunque la gama de entidades es más nutrida, e incluye a los neonazis y otras agrupaciones con iguales pensamientos.

¿Cómo nació el actual conflicto que los catapultó a la actualidad noticiosa?

Pues el acontecer mostró en la ciudad de Charlottesville, en el estado de Virginia, a una coalición de grupos supremacistas, entre los que se encontraban miembros del Klan y neonazis, quienes participaban en la marcha “Unamos a la Derecha”. A estos se enfrentaron un grupo de personas que se oponía a semejante acto racista.

La llama inicial explotó tras la decisión del Ayuntamiento de retirar una estatua del General Robert E. Lee, un militar del Ejército Confederado durante la Guerra Civil, y los supremacistas se resisten a que esto se realice. El ambiente se caldeó y la trifulca subió de tono, para terminar en un infeliz final, con el saldo de una mujer fallecida y más de una veintena de heridos, hecho provocado por un joven con simpatías nazis que estrelló su coche contra un grupo de manifestantes antirracistas.

Para los observadores políticos esto es una muestra de las heridas no cerradas de una nación en el que negros y blancos siguen separados por enormes barreras socioeconómicas.

La elección de Donald Trump como presidente del país –consideran varios analistas– ha sido un factor de revitalización de grupos de activistas en Estados Unidos que por décadas han rechazado la ideología de izquierda y el conservadurismo más moderado. Y añaden que, lo que une a esa derecha con el actual mandatario estadounidense es su retórica contra la inmigración y la corrección política empleada durante la campaña presidencial de 2016.

Sin embargo, Trump hizo declaraciones dos días después de los sucesos, donde condenó las acciones racistas de los supremacistas. Pero para expresar su repudio el jefe de la Casa Blanca demoró en exceso hacer declaraciones, así lo interpreta la prensa local y también fue altamente criticado por republicanos y demócratas al no condenar con más fuerza la violencia en Charlottesville.

Además de censurar a Trump por su mutismo para abordar el derramamiento de sangre, repudian que haya dicho inicialmente que “muchas partes” estaban involucradas, en lugar de condenar explícitamente a los supremacistas blancos, quienes realmente provocaron la confrontación.

Opinaba Kevin Boyle, profesor de Historia Estadounidense en la Universidad del Noroeste, cuyas clases se centran en la historia de la violencia racial y los derechos civiles que “dado nuestro contexto político, no me sorprende que hayamos llegado a este punto. No salió de la nada”.

Investigadores han considerado que la política estadounidense se había convertido en “una olla a presión llena de tensiones raciales que volvían a acumularse hasta amenazar con un enfrentamiento mortal como el ocurrido en Virginia”.

Una explicación vertida por otro profesor universitario decía que existe una idea común de cómo se arraigó la creciente división racial e ideológica: muchos de la clase trabajadora, blancos estadounidenses, empezaron a sentir que el progreso los había dejado atrás, y ello coincidió con una demografía que se diversificaba con rapidez y por último la elección del primer presidente negro, Barack Obama.

A los siete meses de su administración, Trump se ha encontrado con un problema nuevo, el de que parte de la población de su país con pensamiento ultraconservador violento, percibe en sus palabras una aceptación a estas concepciones de superioridad blanca.


Marta Sojo

 
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