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Publicado el 18 Septiembre, 2017 por Marta Sojo en Mundo
 
 

ESTADOS UNIDOS

Cambio climático no es utopía

El huracán Harvey de fuerte intensidad asoló la ciudad de Houston, en Texas, que quedó bajo las aguas en medio de gran desolación para su población

1- El huracán Harvey, intensificado por el cambio climático, tocó tierra en el epicentro de la indus-tria petrolera de Estados Unidos. (elpais.com)

Por MARTA G. SOJO

La naturaleza, con sus cada vez más bravíos eventos meteorológicos, mostró otra de sus caras terroríficas, el huracán Harvey, que azotó Texas y provocó grandes daños en ciudades importantes del estado, como Houston. Cientos de miles de ciudadanos quedaron sin hogar, miles permanecían en refugios al cierre de esta edición, y lo peor, más de 40 personas perecieron.

Harvey entró por la pequeña ciudad de Rockport como huracán con una potencia de categoría 4 en la escala de intensidad de Saffir-Simpson; lo consideran el más potente en llegar a Texas desde 1961.

Tal vez las consecuencias desastrosas de este evento sirva para hacer reflexionar a la nueva administración norteamericana, en torno a la veracidad de lo expresado por científicos desde hace algún tiempo acerca del cambio climático.

Para apoyar la idea tomamos las palabras de un estadounidense, James Hansen, director de Climatología, Sensibilización y Soluciones del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, quien aseguró: “El cambio climático ya no es motivo de discusión. Se trata de hechos comprobados”.

Nada más hay que ver el desastre que causó el Harvey sobre territorio estadounidense, es como si el planeta ripostara con furia excepcional al señor Trump. A la inundación, de por sí muy grave, por las copiosas lluvias, se agregan las toxinas de las instalaciones petroquímicas que tuvieron que cerrar, por lo que emitieron toneladas de gases al aire. Además de que en una planta química ubicada a 34 kilómetros de Houston se registraron dos explosiones.

A pesar de ello la Cada Blanca no lo ve de esta manera, cree que son transformaciones cíclicas que el planeta ha ido sufriendo a lo largo de millones de años, o sea, nada fuera de lo que debe suceder, desconociendo los estudios científicos en la materia.

El presidente norteamericano es un abanderado de esos conceptos. Se vio no hace mucho cuando anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, firmado por 200 naciones, para tratar de evitar más daños a la atmósfera. Trump, incluso, considera que el pacto climático perjudica a su país y a su economía.

La negativa de rubricar este acuerdo internacional ha sido una determinación que le valió la crítica mundial. Y aunque su persona es punto rojo en el colimador de las censuras, esta vez intentó no cometer los mismos errores que el anterior presidente republicano George W. Bush, durante y después del paso destructivo del huracán Katrina en 2005, ocasión en que tanto el jefe de Estado como el gobierno federal, tuvieron una lenta y negligente respuesta ante lo ocurrido en Nueva Orleans y sus alrededores, devastados y con numerosos pérdidas humanas.

Trump planificó su viaje hasta Texas para ver in situ el desastre, pero no pudo evadir los comentarios adversos; según reportes de la prensa norteamericana, “su presencia ha dejado mucho que desear en términos de comunicación pública y, sobre todo, de empatía hacia las personas que han experimentado inmensas pérdidas en vidas humanas y en su patrimonio”. Sus palabras, fuera de tono, y para empeorar, resaltó el inadecuado vestuario, tacones incluidos, exhibidos por la primera dama en la visita. Después repitió la incursión presidencial a Florida azotada por Irma.

Mientras, hubo una opinión favorable hacia otros organismos del Gobierno y las autoridades de diversos niveles que tuvieron una reacción más ágil. No obstante se considera que el sistema de respuestas ante desastres en ese país es ineficiente.

La temporada ciclónica no finaliza hasta noviembre, ya vimos tres huracanes simultáneos en el área, el Irma hizo sentir su enorme poder destructor, José sigue su curso, y ya tenemos los ojos puestos en María, pero según el panorama otros instantes difíciles estarán por ocurrir. Como para no olvidar las advertencias del líder cubano Fidel Castro, en fecha tan temprana como 1992. Avizoró lo que le depararía al ser humano, incluso comprometer su existencia por “la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida”.


Marta Sojo

 
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