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Publicado el 28 Septiembre, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Mundo
 
 

PENÍNSULA COREANA

Un problema; múltiples factores

Si hubiera un verdadero respeto a la soberanía nacional, y un compromiso con la paz, el peligro ya habría sido conjurado. En su lugar hay sombras de una hecatombe nuclear
La conocida Guerra de Corea (donde se enfrentaron la parte norte y sur del país con la intervención estadounidense), de los años cincuenta del Siglo XX, técnicamente nunca ha terminado por cuanto lo que rige en la zona es un armisticio de 1953 (bp.blogspot.com)

La conocida Guerra de Corea (donde se enfrentaron la parte norte y sur del país con la intervención estadounidense), de los años cincuenta del Siglo XX, técnicamente nunca ha terminado por cuanto lo que rige en la zona es un armisticio de 1953 (bp.blogspot.com)

Por María Victoria Valdés Rodda

Recordé las tesis desarrolladas por los estadounidenses Michael Hardt y Antonio Negri en su libro “Imperio e Imperialismo” pero, principalmente el análisis que sobre este hiciera el politólogo Atilio Boron. Lo recreé al escuchar el primer discurso de Donald Trump en las Naciones Unidas, durante el 72 período de sesiones de la Asamblea General, relativo a su pública declaración de un eventual arrollador ataque contra la República Popular Democrática de Corea (RPDC), o Corea del Norte.

Estos teóricos de izquierda llegaron a defender la progresiva desaparición de un centro, territorialmente situado, organizador de la estructura internacional de dominación, lo cual llevaría al desvanecimiento de la distinción entre centro y periferia. El imperio se caracterizaría pues por una lógica global de dominio superadora de los tradicionales intereses nacionales y cuya belicosa reafirmación ocasionaron innumerables guerras imperialistas…en el pasado.

Sin embargo, todavía la realidad de este Siglo XXI evidencia que las intervenciones militares emprendidas por la Casa Blanca, luego del 11 de septiembre de 2001, tal como nos lo aclara el sociólogo argentino, “obedecieron a la más grosera y mezquina defensa de los intereses del conglomerado de gigantescos oligopolios que configuran la clase dominante norteamericana….que se convierten, milagrosamente, en los intereses nacionales de los Estados Unidos”.

Tanto las guerras en Iraq, Afganistán, Libia, Siria y tal vez una próxima en Corea del Norte, han sido contiendas de conquistas territoriales, y por el control geoestratégico, a cargo del “actor central de la estructura imperialista de nuestros días”, siguiendo la línea de pensamiento de Boron.

Otro de los errores de estos dos pensadores es el haber creído que Washington “se involucra a lo ancho y largo del planeta en respuesta a un clamor universal para imponer la justicia y la legalidad internacionales”. Trump en cambio se contradijo durante todo el transcurso de su intervención. Cito algunas de sus palabras casi al final del discurso: “La verdadera pregunta para las Naciones Unidas hoy día, para las personas de todo el mundo que esperan una vida mejor para ellos y sus hijos, es fundamental: ¿seguimos siendo patriotas? ¿Amamos a nuestras naciones lo suficiente como para proteger su soberanía y asumir el control de su futuro? ¿Los veneramos lo suficiente como para defender sus intereses, preservar sus culturas y asegurar un mundo pacífico para sus ciudadanos?

Párrafos anteriores a este supuesto llamado a la toma de conciencia sobre sí y a la acción armónica, había cuestionado el desempeño “desde Ucrania hasta el Mar de la China Meridional”, y había objetado también a los gobiernos de Siria, Irán, Venezuela y Cuba, por el simple hecho de tener democracias diferentes. Aun cuando el actual presidente estadounidense declarara que “debemos defender el respeto a la ley, el respeto de las fronteras y el respeto a la cultura y el compromiso pacífico que estos posibilitan”, en el contexto que nos ocupa, admitió que “(…)  no tendremos más remedio que destruir totalmente a Corea del Norte”. Curiosa manera de respetar la vida y la diversidad mundial.

En la línea de fuego

La conocida Guerra de Corea (donde se enfrentaron la parte norte y sur del país con la intervención estadounidense), de los años cincuenta del Siglo XX, técnicamente nunca ha terminado por cuanto lo que rige en la zona es un armisticio de 1953. En 2013, se cumplieron sesenta años de ese suceso sin que hasta este momento haya un cierre definitivo del diferendo.

Desde entonces, ese país asiático, la RPDC, enarbola la teoría Suche (Juge) la cual radica en la necesidad de autodefensa ante las amenazas de agresión por parte de Corea del Sur y Estados Unidos, y en el consiguiente desarrollo armamentístico. Sin embargo, los líderes de Corea del Norte han mostrado disposición para la sustitución del documento que certifica una tregua, por un tratado de paz permanente.

Informaciones recopiladas por esta reportera, dan cuenta de que este asunto se mencionó por última vez en 2007, cuando en un amago de conciliación, el entonces presidente estadounidense George W. Bush, estuvo dispuesto a un giro de su política exterior en esa área, a cambio de que Pyongyang renunciara a su programa nuclear.

En la Primera parte de su Reflexión “Las dos Coreas” (22 de julio de 2008), Fidel Castro le explica, minuciosamente, al pueblo cubano una serie de sucesos ocurridos en Asia, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, escenario que condicionó las razones para la actual beligerancia en la Península coreana.

Fidel pregunta y responde: (…) ¿qué hizo Estados Unidos cuando estalló el conflicto prácticamente inevitable bajo las premisas creadas en Corea? Presentó a la parte norte de ese país como agresora” (…) En la saga de estas importantes meditaciones, el líder histórico de la Revolución cubana, y dado el recrudecimiento gradual de las tensiones, volvía a alertar. En el texto “El deber de evitar una guerra en Corea”, del 4 de abril de 2013, apuntó: “se trata de uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la Crisis de Octubre en 1962 en torno a Cuba, hace 50 años.

En el año 1950 se desató allí una guerra que costó millones de vidas. Hacía apenas 5 años que dos bombas atómicas habían estallado sobre las ciudades indefensas de Hiroshima y Nagasaki, las que en cuestión de minutos mataron e irradiaron a cientos de miles de personas.

En la península coreana el General Douglas MacArthur quiso emplear las armas atómicas contra la República Popular Democrática de Corea. Ni siquiera Harry Truman se lo permitió.

Según se afirma, la República Popular China perdió un millón de valientes soldados para impedir que un ejército enemigo se instalara en la frontera de ese país con su Patria. La URSS, por su parte, suministró armas, apoyo aéreo, ayuda tecnológica y económica”.

Trasfondo

Los complejos vaivenes de la llamada Guerra Fría contra la ex Unión Soviética, y el campo socialista europeo, han quedado atrás, pero ante el desconcierto de la emergencia de una multipolaridad frente la falsedad de una “inevitable” supremacía estadounidense, las sucesivas administraciones de Estados Unidos han mantenido a Corea del Norte como un punto de jaque. Ahora contra la fuerza de Rusia y la pujanza de China. La primera con un elevado sentido nacional- o el alma rusa-, y la segunda con un modelo de Socialismo adecuado al profundo lago de la economía neoliberal, demostrando la factibilidad de asociaciones entre el mercado y el Estado a favor de una mayor equidad ciudadana. Ambas son alternativa non grata al Imperio.

Al principio, el Imperio trató de amedrentar al Norte con los estratégicos aviones bombarderos B-2, luego se pasó al despliegue de submarinos nucleares en regiones cercanas a las fronteras con la RPDC.  (www.telemundo.com)

Al principio, el Imperio trató de amedrentar al Norte con los estratégicos aviones bombarderos B-2, luego se pasó al despliegue de submarinos nucleares en regiones cercanas a las fronteras con la RPDC.
(www.telemundo.com)

Al margen de las ideologías, Washington no está dispuesto a ceder ni terreno ni materias primas a contrincantes que considera y califica como “menores”.

Actitud arrogante, de dientes para afuera, porque la realidad le indica con demasiada reiteración, que tanto los rusos como los chinos ganan ascendencia en lo económico, tecnológico, comercial, político, armamentístico y hasta cultural.

Para la Península coreana, el actor que más preocupa a los yankis, es la República Popular China. En ese sentido, los oficiales estadounidenses no logran conciliar opiniones entre quienes opinan que “China podría ser un socio estratégico al que vincularse”, y quienes, por el contrario, dicen que es un “competidor estratégico a confrontar militarmente antes de que se vuelva más poderoso”. En fecha tan temprana como 1997, el Informe de la Defensa del Pentágono había identificado al Gigante asiático, conjuntamente con Rusia como los posibles “pares competidores mundiales”. Dos años después, un grupo de expertos de esa misma entidad llegaron a la conclusión de que “el ascenso de China no sería pacífico para Estados Unidos”.

Escalada y peligrosidad

En aras de evitar una nueva conflagración, en septiembre de 1996 la Asamblea General de la ONU aprobó el llamado Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares, del cual formaban Parte ambas Corea. Desde esa fecha nunca ha habido sosiego, empezando por las consecutivas maniobras conjuntas entre Corea del Sur y los Estados Unidos, el cual tiene 28 mil soldados en la sureña porción de la Península.

Al principio, el Imperio trató de amedentrar al Norte con los estratégicos aviones bombarderos B-2, luego se pasó al despliegue de submarinos nucleares en regiones cercanas a las fronteras con la RPDC.

Por su parte, los intentos de diálogo, con el visto bueno internacional- en banda de cinco países a saberse, China, Estados Unidos, Rusia, Corea del Norte y del Sur, y Japón– han fracasado precisamente por esa beligerancia, la cual Pyongyang la sigue calificando como “provocaciones imperdonables”.

Pero hubo una corta etapa, en 2003, donde las conversaciones, según Konstantín Vnukov, el entonces embajador de Rusia en Corea del Norte, tuvieron “un éxito variable”, habiendo progresado para 2005. De manera que es posible afirmar categóricamente, que hace 12 años atrás, Corea del Norte, mediante comunicado, reafirmó su compromiso de abandonar las armas nucleares y sus programas nucleares existentes.

Pero, al final no rindió frutos debido a la recurrencia de las exigencias unilaterales de la Casa Blanca, siendo suspendidas en 2008 las conversaciones. Esta es la causa principal que ha impedido cualquier avance en la dirección correcta. En abril de 2009, la RPDC se retiró de los diálogos, como protesta ante las sanciones adoptadas en su contra por la ONU.

No obstante, este 9 de septiembre de 2017, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China Lu Kang, enfatizó en que las conversaciones a seis bandas “son todavía una plataforma eficiente para resolver el asunto nuclear de la península coreana”.

La RPDC, enarbola la teoría Suche (Juge) la cual radica en la necesidad de autodefensa ante las amenazas de agresión por parte de Corea del Sur y Estados Unidos, y en el consiguiente desarrollo armamentístico. (www.laguiadelvaron.com)

La RPDC, enarbola la teoría Suche (Juge) la cual radica en la necesidad de autodefensa ante las amenazas de agresión por parte de Corea del Sur y Estados Unidos, y en el consiguiente desarrollo armamentístico. (www.laguiadelvaron.com)

En la actualidad, la RDC, se encuentra sometida a sanciones de la ONU, desde la prueba nuclear norcoreana de 2006, con el veto a realizar ensayos atómicos y de misiles. También se ha prohibido comerciar armamento con Corea del Norte o gestionar transacciones comerciales que puedan facilitar estas compraventas, con el agravante de medidas económicas y financieras, las que han provocado graves dificultadas en la población. En un paralelismo con la retórica de Trump, quien inquiriera ante los representantes de las naciones en la ONU, si ¿Amamos a nuestras naciones lo suficiente como para proteger su soberanía y asumir el control de su futuro?, el pueblo norcoreano se mantiene decidido a defender a su Patria.

Su gobierno, fiel al sentir de las masas, ha declarado que si Estados Unidos realiza una mínima agresión, cruza la frontera, aunque sea un milímetro, o realiza tan solo un disparo contra la otra parte, la RPDC “actuará como un espejo”. De este modo y en lo que va de 2017, este 18 de septiembre, Corea del Norte lanzó un nuevo misil Hwasong-12 (de los de decenas de los últimos años), que pasó sobre Japón y cayó en el Océano Pacífico.

Deber de todos

El Instituto Internacional para la Investigación de la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) ha advertido, mediante un estudio, que en el mundo hay cerca de 8 mil 400 ojivas nucleares, de las cuales dos mil podrán desplegarse inmediatamente. Y, en total, contando las cabezas que están almacenadas a la espera de ser destruidas en los arsenales de las potencias nucleares – Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, India, Pakistán e Israel– existen cerca de 23 mil 300 bombas nucleares.

Hay en todo esto mucho de ironía porque en diciembre del año pasado, la Asamblea General de la ONU, presentó un Tratado de prohibición de armas nucleares, no vinculante. Lo que se calló entonces la gran prensa es que Corea del Norte sí votó a favor, mientras que los países del acuerdo del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, como Australia, Japón y Corea del Sur (Con acuerdos de defensa con Estados Unidos basados en armas nucleares y en la disuasión nuclear), no lo suscribieron porque aducen preferir un enfoque, paso a paso, para reducir gradualmente las armas nucleares mientras se preserva la disuasión nuclear. Y hay más: unos 400 bancos privados, fondos de pensión y aseguradoras siguen financiando, con el dinero de sus clientes, la producción de armas nucleares.

Asimismo, 27 compañías privadas globalizadas fabrican componentes clave para la producción de armas, así como 390 bancos, compañías de seguros y fondos de pensión invierten en ellas. Lo cual es un mal antecedente.

Por otra parte, a tenor con la investigación de Susi Snyder, autora del informe “Hall of Fameo “El salón de la fama”, de la edición 2016 del informe “Don’t Bank on the Bomb” o “No invierta en armas nucleares”, alrededor de 18 bancos del mundo, que controlan más de 1,7 billones de euros (unos 1,82 billones de dólares), se pronunciaron favorablemente por recortar los fondos a las bombas atómicas, con políticas prohibitivas, de forma estricta, toda inversión de cualquier tipo y en cualquier forma en compañías que fabriquen armas de este tipo. De cualquier manera el peso sigue recayendo en la voluntad política de los verdaderos círculos del Poder imperial.

A penas hace unos días, el 20 de septiembre, un total de 51 países firmaron el TPAN, el primer acuerdo legalmente vinculante para proscribir este tipo de arsenal.  Cuba asumió su postura consecuente y lo firmó.

Consecuencia

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció este 22 de septiembre en el 72 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, el carácter agresivo de los Estados Unidos, y la peligrosa amenaza hecha por Trump. Nuestro Canciller destacó el hecho de que (…) “es responsabilidad de todos preservar la existencia del ser humano frente a la amenaza de las armas nucleares. Un importante aporte al logro de ese objetivo significó la histórica adopción y firma en el marco de esta asamblea, del tratado sobre la prohibición de las armas nucleares, que proscribe la existencia, el uso, y la amenaza del uso de esas armas, que tienen la capacidad de aniquilar a la especie humana”.

Y prosiguió Bruno: “Estados Unidos se opuso tenazmente a ese tratado. Anunció que empleará 700 mil millones de dólares en gastos militares y desarrolla una doctrina nuclear y militar extremadamente agresiva, basada en la amenaza de la fuerza y en el empleo de esta”. Rechazó además, en nombre del pueblo y gobiernos de Cuba “la amenaza de destruir totalmente la República Popular Democrática de Corea, donde viven 25 millones de seres humanos”, dejando por sentado que la guerra no es una opción en la península coreana porque amenazaría la existencia de cientos de millones de personas de esta y en los países vecinos, conduciendo a una conflagración nuclear de consecuencias imprevisibles.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda