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Publicado el 7 Octubre, 2017 por Marta Sojo en Mundo
 
 

PUERTO RICO

Machacados por el huracán y en grave situación económica

La visita de Donald Trump a la isla, dos semanas después, no estuvo exenta de polémica ante sus conocidos exabruptos

Por MARTA G. SOJO

Una fugaz y deslucida visita realizó a Puerto Rico el presidente estadounidense Donald Trump, dos semanas después del paso del huracán María, tragedia sufrida por ese territorio del Estado Libre Asociado, o colonia, para el caso es igual.

Decir que Trump sintiera pesadumbre por cómo el fenómeno meteorológico afectó a la pequeña isla sería esperar demasiado. Resultó tan controvertido como siempre, y tan irreverente como es su costumbre.

De contra, el espectáculo que ofreció en uno de los lugares visitados, tirando rollos de papel sanitario, dicen otros que fueron de toallas de papel, pero el tipo de papel no cambia el hecho, parecía una tragicomedia de la televisión de su país.

Desde antes de llegar venía en su contrapunteo con la alcaldesa de San Juan, la capital, Carmen Yulín Cruz, quien enjuició a Washington negativamente por la falta de ayuda oportuna para el territorio. El huracán dejó a millones de personas aisladas, sin electricidad y con escasez de agua y alimentos. A lo que Trump respondió por Twitter que era “su falta de liderazgo”. “No son capaces de ayudar a sus trabajadores. Ellos quieren que se les haga todo cuando debería ser un esfuerzo colectivo”.

Y Trump cuando llegó a la isla tuvo expresiones peores ante individuos acongojados por la catástrofe. Algunas de sus palabras parecían desestimar la emergencia. Máxime cuando aseguró que la desventura que sufre Borinquen no es siquiera cercana a la vivida en el sur de los Estados Unidos en 2005, cuando el huracán Katrina causó más de 1 800 muertes.

Ciertamente, la cifra de víctimas en aquel entonces fue superior a los 34 que dejó María, pero resulta incomparable, además agreden la sensibilidad del pueblo boricua, que pasa por uno de sus peores momentos, no solo por las desgracias humanas sino materiales. Los daños son tan graves que los han descrito como un apocalipsis.

Pero no le fue suficiente alabar la actuación de su Gobierno (“creo que ahora se reconoce que hemos hecho un gran trabajo y la gente está mirando eso”), y expresó: “Odio decirlo, Puerto Rico, pero ustedes han dejado nuestro presupuesto un poco fuera de control”.

El tema es sensible, pues la isla tiene una aguda crisis económica de casi una década y una deuda de 74 000 millones que las autoridades locales ven impagable y enfrenta el mayor caso de bancarrota en la historia de los Estados Unidos, lo que agrava la actual emergencia. Ante esto no es secreto que ante la incapacidad para pagar sus adeudos, Puerto Rico no podía contratar nuevos créditos. Por todo esto la condonación era uno de los principales reclamos locales para lidiar de manera efectiva con la urgencia humana.

Casi dos semanas después de que el mayor huracán golpeara la isla, desde 1929, esta permanece en una situación caótica. Se destruyó el ciento por ciento de la red eléctrica, más de 50 000 familias que vivían en casas precarias fueron arrasadas, se dañó la red de carreteras, convirtiendo el agua potable casi en un producto de lujo y paralizando por completo la actividad económica e industrial.

Sin embargo, Trump después de ver la situación de calamidad afirmó que los acreedores de la isla “van a tener que decirle adiós” a la gigantesca deuda, tal lo publicó La Jornada, de México.

Se prevé que este mes el Congreso de EE.UU. apruebe un fondo de emergencia para la isla, pero por las observaciones insistentes del presidente a la deuda de la administración puertorriqueña, a pesar de sus posteriores declaraciones, algunos analistas asumen que los vientos no soplan a favor de un rescate histórico sino de un auxilio limitado.


Marta Sojo

 
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