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Publicado el 28 Diciembre, 2017 por Redacción Digital en Mundo
 
 

Venezuela y Bolivia, puntas de lanza

Por Coto Wong

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela y su homólogo de Bolivia Evo Morales. (Archivo de BOHEMIA)

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela y su homólogo de Bolivia Evo Morales. (Archivo de BOHEMIA)

A excepción de Venezuela y Bolivia, en el resto de las naciones del cono sur latinoamericano el año que termina consolidó a los gobiernos entreguistas y corruptos en esos países andinos donde eran baluartes de las fuerzas progresistas de izquierda.

Ambas revoluciones se reafirmaron como puntas de lanza frente a los proyectos reaccionarios de la derecha continental e internacional y constituyeron un espaldarazo a los movimientos revolucionarios y progresistas continentales que echaron mano a todo tipo de lucha para enfrentarlos.

Mientras tanto, la corrupción, encabezada por el emporio empresarial brasileño Odebrecht, cerró en 2017 con un alto valor de incidencia y sacudió los cimientos de algunos gobiernos impopulares de amplia catadura inmoral.

Venezuela: duro golpe a la oposición

El triunfo en las elecciones municipales del 10 de diciembre, representó una potente irrigación política para el chavismo y las fuerzas revolucionarias de la nación bolivariana.

El resultado de esa contienda en las urnas le acomodó como la única opción política en un año en el que la oposición nuevamente acudió a la violencia para tratar de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Con 308 de 335 alcaldías en su poder, la Revolución bolivariana logró su tercera victoria electoral en menos de cuatro meses, para dibujar un nuevo mapa de la correlación de fuerzas. Ya Había ganado 20 de 23 gobernaturas.

No importaron la dureza de la agresión económica ni mediática, el ataque a la moneda nacional desde inicios de año, la especulación, y las amenazas de agresión por parte de los Estados Unidos, entre otras adversidades, para que Venezuela mantuviera el alto sus banderas de socialismo del siglo XXI.

Liderazgo boliviano de estable economía

La nación plurinacional cierra el año con una economía estable, en medio de un escenario político conflictivo.

La aprobación de la ley sobre la reelección del presidente Evo Morales, es uno de los hechos más notables del año y permitirá la continuación y desarrollo de los programas sociales de la revolución boliviana.

En poco más de una década la nación andina y plurinacional logró el mayor indicador del producto interno bruto (PIB) regional gracias a su crecimiento económico y reconocido liderazgo.

Durante el año, el gobierno del primer presidente indígena, se enfrentó a una guerra mediática que tuvo como objetivo dañar el sumario de transformaciones sociales impulsadas desde el Palacio Quemado.

Sin embargo, el proceso de nacionalización de los recursos naturales y la redistribución de la riqueza, constituyeron los soportes de la Revolución democrático-cultural que mantuvo vivas la batalla por la erradicación total de la extrema pobreza y la universalización de los servicios básicos.

Michel Temer subasta a Brasil

Matizado por una corrupción generalizada en los círculos de poder y encabezada por el presidente Michel Temer, el año cerró en Brasil con una dramática situación que aumentó el descontento social.

Para los entendidos, el país no tiene hoy credibilidad económica ni política, porque el golpista Temer lejos de gobernar mercantiliza y vende a la nación como si fuera un agente inmobiliario.

Su programa de privatizaciones contempla 57 proyectos, que incluyen la administración de aeropuertos, lotes de líneas de transmisión eléctrica, terminales portuarias y de la estratégica Eletrobras (gestiona 47 hidroeléctricas, 270 subestaciones y seis distribuidoras).

Además, su gestión presidencial dejó en los libros la cifra récord de 14.2 millones de desempleados a mediados de año, la caída de la inversión pública al 61 por ciento, y el mayor déficit primario de los últimos 16 años: 35 183 millones de reales (unos 10 994 millones de dólares) con que cerró el primer semestre de 2017.

Habría que sumar la violencia social y policial, la reforma laboral –por su contenido llevará a Brasil a siglo XIX–, y el reconocimiento al trabajo análogo a la esclavitud.

Argentina bajo Macri se desangra

La expresidenta y senadora Cristina Fernández es víctima de un meticuloso acoso político. (Archivo de BOHEMIA)

La expresidenta y senadora Cristina Fernández es víctima de un meticuloso acoso político. (Archivo de BOHEMIA)

A dos años y unos días del gobierno del empresario derechista Mauricio Macri, el pueblo argentino se desangra bajo sus postulados neoliberales.

El último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) muestra que el 31.4 por ciento de los argentinos vive actualmente en una situación de pobreza, lo que representa a unos 13.5 millones de personas.

El documento revela además que hay un 5.9 por ciento de personas en situación de indigencia (unos 2.5 millones de argentinos), y que el 48 por ciento de la población que vive bajo la línea de pobreza son niños de entre cero y 14 años.

Macri continúo arropando la inversión extranjera en detrimento del patrimonio nacional y del pueblo.

La continua alza de precios de los productos de primera necesidad, los drástico recortes a la salud, educación y a los programas sociales, entre otros, matizaron la actualidad nacional este año.

Las muertes, en circunstancias dudosas, de los jóvenes Santiago Maldonado y Rafael Nahuel y la desaparición del submarino de la armada argentina San Juan, también caracterizaron los 365 días del año que termina en ese país.

La elección de la expresidenta Cristina Fernández –igualmente sometida al asedio de la oposición gubernamental–, al Senado de la República puso una nota alta en la vida política de la nación.

La exmandataria representa un anhelo del pueblo que casi durante todo el año se ha manifestado en las calles de diferentes formas en contra de las políticas de “austeridad” de Macri.

Lenín Moreno y la Revolución ciudadana

Elegido presidente de Ecuador en mayo de 2017, Lenín Moreno, con métodos de gobierno diferentes a los de su antecesor Rafael Correa, buscó un espacio para implementar su diseño que, criticado y puesto en dudas, trató de mantener distintos programas sociales de la Revolución ciudadana tras una década de florecimiento económico.

Por su parte, el panorama político de Perú fue sacudido por algunos casos de corrupción que removieron las bases de la alta política, incluido su presidente Pedro Pablo Kuczynski, acusado de cobrar más de 4.8 millones de dólares a través de una de sus empresas vinculadas a Oderbrecht. Por tal motivo el Congreso peruano debatirá su destitución por incapacidad moral.

Mientras tanto, en Colombia el proceso de paz, a un año de firmado, aún no llega a su mayoría de edad porque persiste cierta reticencia en el Congreso para la firma de las leyes que garanticen los postulados del proceso.

Y en Chile, el triunfo del ex Jefe de Estado, Sebastián Piñera, como nuevo presidente de la nación austral, representó, según entendidos, un retroceso para las políticas sociales de la mandataria socialista Michele Bachet.

Para su nuevo mandato al frente del Palacio de la Moneda, Piñera exhibirá una agenda que se plegará a las intenciones de las fuerzas derechistas de la región y moverá sus mejores fichas para echar por la borda las políticas sociales de su antecesora. ( PL).

 


Redacción Digital

 
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