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Publicado el 23 Febrero, 2018 por Marta Sojo en Mundo
 
 

Los laberintos de Trump

Violencia, corrupción y muchos males más encara la sociedad estadounidense
Tras el tiroteo, los estudiantes de la escuela de la Florida y otros que se le unieron hicieron una protesta para pedir aumentar el control de armas.

Tras el tiroteo, los estudiantes de la escuela de la Florida y otros que se le unieron hicieron una protesta para pedir aumentar el control de armas.

Por MARTA G. SOJO

Los eventos dramáticos se repiten en los Estados Unidos, y seguirán lloviendo sobre lo mojado porque los grupos de influencia y poder, dentro del cual se encuentra la Asociación Nacional del Rifle, no permitirá que sea coartado el uso y compra de armas, incluso artefactos de guerra, que están al alcance de cualquiera, algo que no debería ser fácil pero sucede.

Una vez más en un centro educacional hubo un tiroteo. El 14 de febrero, día conmemorativo del amor y la amistad, sucedió la masacre en la secundaria Marjory Stoneman Douglas High School, en el condado de Broward, Florida, donde perdieron la vida 17 personas, la mayoría estudiantes y algunos trabajadores del centro. Un exalumno provocó el incidente, empleando un potente fusil.

Ahora se han realizado manifestaciones juveniles contra la venta de armas de manera tan abierta en cualquier armería. El debate sobre el mismo tema quedó abierto entre los congresistas y la opinión pública, pero lamentablemente cuando transcurran algunas semanas, como se ha repetido en incontables ocasiones, la cuestión perderá ímpetu y toda prisa. Si acaso untarán un poco de maquillaje para aplacar los ánimos y ahí acabó todo.

Una expresión de esto ha sido el dado por el presidente de los Estados Unidos al restringir el uso de un dispositivo que multiplica la capacidad de fuego de los fusiles; sugirió además, aunque usted no lo crea, que los profesores fueran armados a las escuelas para que puedan defender a sus alumnos. Y hasta ahí la historia, no debe suceder nada más que apunte a medidas drásticas sobre el asunto.

Sin embargo, este hecho bárbaro es solo un apéndice dentro del panorama actual norteamericano que no es tan fácil ni simplón como pudieran imaginar, a un año de la administración de Donald Trump.

Decía Bruno Guigue, escritor y politólogo, con razón, que “la verborrea incesante de los observadores con el parloteo que caracteriza la ‘trumpología’ (un nombre otorgado a quien no precisamente es su creador), presenta un gran inconveniente: impide a sus autores dedicarse a un auténtico análisis político”.

En resumen, según observadores del sistema, la peculiaridad repetitiva de los comentarios dominantes, solo deja ver en la política de Trump, a lo sumo, un tejido de incoherencias, que únicamente permite detectar, en el peor de los casos, una deriva suicida, como si Estados Unidos se precipitase hacia el abismo, conducido por un capitán algo trastornado.

Sin embargo, interpretan otros analistas que el tema fundamental que plantea la política de Trump es de otra naturaleza, más allá de la personalidad paradójica del presidente, lo que es solo un síntoma de la crisis estructural que viven.

La realidad, e invoco al politólogo Bruno Guigue, “Trump no es el rehén involuntario de un mecanismo oculto y todopoderoso, sino el colaborador más expuesto de ese mecanismo, el mandatario designado de una oligarquía cuyo Estado profundo representa al mismo tiempo la capa más influyente y menos transparente”.

Por tanto, la ideología dominante presente en la Casa Blanca, en opinión de investigadores de estos temas, se caracteriza por estos componentes típicos, el del antiestablishment, presente en grandes sectores de las clases populares. El segundo elemento de esta ideología es un profundo nacionalismo, que en parte, idealiza el pasado de EE.UU., y quiere recuperar aquel mundo en el que se vivía mejor. Y un tercero, que es característico del pensamiento en la Administración Trump: la visión empresarial de que el Estado debe dirigirse y gestionarse como si fuera una gran empresa.

El enorme énfasis en la figura de Trump dificulta la comprensión de lo que ocurre en los Estados Unidos, pues lo más preocupante de la situación política no es que un personaje como Donald se haya convertido en el Presidente, sino que los más recalcitrantes del electorado, que no son pocos, se sientan cercanos a sus posiciones.


Marta Sojo

 
Marta Sojo