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Publicado el 9 Febrero, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Mundo
 
 

Papel carbón para una vieja política

Rex Tillerson esgrimió el garrote durante su recorrido por algunos países de la región. (Autor no identificado)

Rex Tillerson esgrimió el garrote durante su recorrido por algunos países de la región. (Autor no identificado)

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Cuando Estados Unidos invadió a Panamá en 1989 uno de los principales jefes militares dijo que había que poner una valla bien grande a la entrada del continente americano que dijera: ¡aquí vive la superpotencia! Ya el presidente Ike Eisenhower había invadido la Guatemala de Jacobo Arbenza fines de los cincuenta, con el apoyo de los hermanos John Foster Dulles y Alan Dulles, (secretario de Estado y Jefe de la CIA, respectivamente), y después lo intentó con la Cuba revolucionaria.

Ahora, con Trump, como recordó el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores, se esgrime nuevamente la doctrina Monroe, que se sintetiza en la fatídica y chovinista frase “América para los americanos”, de 1823, escalada belicosa de la administración norteamericana contra Venezuela y Cuba que esgrime la retórica de la guerra, la amenaza de todo tipo de agresión, la subversión interna, el incentivo al terrorismo, el fortalecimiento del bloqueo, el intento del aislamiento.

El secretario de Estado Rex Tillerson se jactó de esa política, responsable de varias decenas de intervenciones yanquis en América Latina y el Caribe, y el apoyo cómplice desde 1947 a más de 100 golpes de Estado en la región: “Algunas veces olvidamos la importancia de la Doctrina Monroe y lo que significa para nuestro hemisferio por lo que creo que es hoy tan relevante como cuando se escribió”, dijo durante una conferencia en Texas.

Los cubanos ya estamos curados de espanto al apreciar cómo una y otra vez se retoma esta política desgastada y fallida para complacer a una élite poderosa y a un grupito de vividores, que nos hace daño pero sirve de coraza para comprender frente a tantos embates del imperio que no nos queda otra alternativa que acudir a aquella memorable sentencia de nuestro Apóstol José Martí: “La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

Trump cada vez más se enreda en una peligrosa beligerancia. No quiere tender puentes de convivencia y cree que con presiones y chantajes va a doblegar la resistencia de quienes no aceptan la subordinación. En el informe del Estado de la Unión a fines de enero se vanaglorió de que su gobierno ha impuesto duras sanciones a Cuba y Venezuela, al tiempo que solicitó al Congreso mayores medidas unilaterales contra ambas naciones latinoamericanas, expresión de que abandona raudo y veloz la zanahoria “de tender puentes” para obrar con el garrote al estilo de los mejores tiempos de la guerra fría.

Las autoridades cubanas “no hacen lo correcto; y cuando ellos no hacen lo debido, nosotros tampoco”, había dicho unas semanas antes en respuesta a una pregunta de un siniestro personaje llamado Tomás Regalado, de la mal llamada Radio Martí, quien en Cuba fue abogado, periodista y joyero, y tras asentarse en Estados Unidos fue reclutado como agente de la CIA y formó parte del entramado terrorista contra nuestro pueblo. Individuo bien conocido en Miami por la frenética intolerancia que ha desarrollado en los medios de comunicación y sus lucrativos ingresos a costa de la lucha contra el “castrismo”. “Hay que ser fuertes con Cuba. El pueblo cubano son personas increíbles, ellos me apoyan fuertemente, y vamos a encaminar a Cuba”, agregó Trump en la Casa Blanca como si estuviera en un reality show.

Los tambores de guerra de Tillerson

Todo el odio imperial se desata contra la Revolución bolivariana y el presidente Nicolás Maduro. (Telesur).

Todo el odio imperial se desata contra la Revolución bolivariana y el presidente Nicolás Maduro. (Telesur).

El secretario de Estado Tillerson, no se ha quedado atrás. En una comparecencia, realizó declaraciones muy beligerantes e injerencistas, al instigar abiertamente al derrocamiento, por cualquier vía, incluido el golpe de Estado por los militares, del Gobierno legítimo de Venezuela, ofendiendo la dignidad del presidente constitucional, democráticamente electo, Nicolás Maduro. También fue ofensivo con Cuba, mientras recurrió a los fracasados condicionamientos en procura de cambios que sean del agrado de Estados Unidos.

Ese discurso en Texas fue concebido como una fijación de las prioridades de la política de la administración de Donald Trump en el Hemisferio Occidental antes del viaje que lo llevó a México, Argentina, Perú y Colombia para vincular a naciones latinoamericanas en el cerco opositor contra la Revolución Bolivariana, tal como hicieron con Cuba en la década de los 60.

Otra prueba de que están construyendo más planes contra Venezuela, la denunció el jefe de la delegación del Gobierno para el diálogo con la oposición en República Dominicana, Jorge Rodríguez, sobre las presiones ejercidas desde Colombia por Tillerson, quien comunicó vía telefónica a Julio Borges, presidente de la comisión opositora, que no firmara el texto final del Acuerdo de Convivencia Democrática. Al cierre de esta edición los representantes de la derecha todavía estaban dilatando su ratificación con justificaciones insustanciales.

Los tiempos que se avecinan también indican que habrá recrudecimiento de las medidas económicas. Una muestra es el anunciado intento de boicotear a Venezuela en la explotación y exportación de su petróleo, apreciado en la visita relámpago de tres horas que realizó el secretario de Estado a Jamaica para explorar las reacciones de la comunidad caribeña ante el impacto que tendría esa medida en esos países, de acuerdo con sus actuales relaciones mediante PetroCaribe. No tardó en llegar la engatusada promesa yanqui de ayudar a las pequeñas islas.

La mafia de Miami en frenesí

Mientras tanto, la mafia de Miami vive en un frenesí desmedido desde la llegada de Trump al poder. El panorama exhibe competencia por el liderazgo en pos de sus jugosos beneficios. En los titulares de los medios locales pregonan que “representantes y organizaciones del exilio cubano unen fuerzas para establecer una democracia en Cuba”. Otro anuncia que “el exilio cubano presenta plan para el renacimiento y liberación de la isla”. Y otro más dice que “líderes políticos se reúnen en Miami-Dade para debatir las relaciones de EE.UU. con Cuba y Venezuela”, etc, etc, etc.

Once administraciones estadounidenses no han doblegado la voluntad del pueblo cubano de seguir firme en la defensa de su soberanía e independencia. (Foto: GILBERTO RABASSA)

Once administraciones estadounidenses no han doblegado la voluntad del pueblo cubano de seguir firme en la defensa de su soberanía e independencia. (Foto: GILBERTO RABASSA)

Nada de esto es nuevo. Lo de ahora ya es bien conocido porque fue profusamente desarrollado durante once administraciones anteriores. Desde solicitar la intensificación del bloqueo, suspender los intercambios, presionar a la comunidad internacional, hasta poner en marcha programas para subvertir el orden interno en la Isla, aunque en las cuentas a veces apareció desviado el dinero en la compra de cualquier cosa, desde chocolates, hasta abrigos de piel.

En estos días aflora la puja por participar con mayor protagonismo en las decisiones y retoman la vieja práctica que combina el cabildeo con la intimidación, buscando dinero para programas contra Cuba que no se vinculan con los intereses nacionales de Estados Unidos ni tampoco con sus prioridades domésticas. Lo nuevo, sin embargo, es que persiguen mayores tajadas, y piden no solo para uno, sino para dos, al agregar en su agenda particular el tema de Venezuela y, como son más “pícaros” de lo que creen, lo hacen tumbándole plata a la escuálida oposición.

Cuando se habla de la industria anticubana –vale la pena recordarlo–, utilizan frases de su propaganda política contra la Isla, con una efectiva combinación de búsqueda de dinero, que es dinero al “cash” constante y sonante del contribuyente norteamericano, que el Gobierno estadounidense proporciona a estos extorsionadores para impulsar la desestabilización de la Isla, pero que luego se constata que usaron una buena parte en su beneficio económico propio.

De ahí la reacción de Alan Gross, contratista estadounidense que intentó crear redes ilegales de conexión a internet en Cuba para enmascarar programas de subversión contra La Habana. Cuando le preguntaron su impresión sobre la nueva “fuerza de tarea” para el establecimiento de Intenet en la Isla, con sorpresa dijo: ¿Acaso están bromeando?

Lo cierto es que la nueva tareíta la encabeza el subsecretario adjunto para el Hemisferio Occidental, John S. Creamer, y la integran entidades, entre las que se cuentan la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la organización Freedom House y el Buró de Transmisiones hacia Cuba, todas con un historial en los planes subversivos contra la nación caribeña.

Volvieron atrás. La Casa Blanca de Trump reedita con papel carbón una vieja política…y no quiere ni ponerle coloretes.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina